En el año 2000, Iñaki y Yolanda levantaron la persiana del Urdiña con la ilusión de quien empieza una nueva vida. Entonces, la Plaza Nueva de Bilbao era muy distinta a la de hoy: todavía no estaba tomada por el turismo y el ritmo lo marcaban los vecinos de siempre. Veintiséis años después, este matrimonio de hosteleros se despide del pequeño bar que ha sido mucho más que un negocio: un punto de encuentro, un refugio cotidiano y el escenario de miles de conversaciones que ya forman parte de la memoria del Casco Viejo.

"Han sido 26 años de muchísimos recuerdos, de mucha gente a la que queremos y que ahora nos va a tocar dejar atrás", cuentan emocionados. Con esa mezcla de nostalgia y emoción, Yolanda Etxebarria afronta el cierre del Bar Urdiña. Aunque para ella e Iñaki Méndez han sido 26 años detrás de la barra, la historia del Urdiña viene de mucho antes. "Abrió en 1927 de la mano del pelotari Paul Eguia y nació como un club selecto de élite", relatan la historia del bar. Tras pasar por varias manos, el local acabó llegando a ellos. "Cuando lo cogimos estábamos mi marido y yo como únicos, con una chica los fines de semana", recuerda Yolanda, sin imaginar entonces en lo que acabaría convirtiéndose aquel pequeño proyecto. "Afrontamos esta aventura con ganas de ser los mejores".

Una Bilbao diferente

Cuando Yolanda e Iñaki llegaron Bilbao era otra ciudad y también lo era la Plaza Nueva. Menos escaparate, más barrio, menos ruido, más cercanía. Yolanda lo describe con una de esas comparaciones imposibles de olvidar. "Antes la Plaza Nueva era como un 600 y, ahora, ha pasado a ser como un Ferrari", resume con esta comparación décadas de transformación. Bilbao ha crecido, ha avanzado y se ha convertido en una ciudad de referencia, arrastrando consigo a una Plaza Nueva que hoy poco se parece a la que ellos conocieron al empezar. "Nos hemos tenido que ir adaptando, no ha sido fácil, pero hemos trabajado mucho para conseguirlo", apuntan.

Pero si algo hizo diferente al Urdiña nunca fue su ubicación ni su historia, sino su esencia. "Lo que nos hace especiales de todos los otros de Plaza Nueva es el calor humano", afirma Yolanda. Durante todos estos años, este pequeño local con alma ha sido mucho más que un bar. "La gente no nos veía como un local, sino como su casa, donde venían a gusto a tomar algo". Entre esas paredes han visto casarse hijos de clientes, nacer nietos y crecer generaciones enteras. "Ha sido más un club social que un local de hostelería".

El cansancio, Bilbao y la presión económica: las razones del adiós

Cerrar no ha sido fruto de una única razón, sino de una acumulación de factores. El primero y más importante ha sido el desgaste físico. Tras más de dos décadas de trabajo intenso en hostelería, Yolanda e Iñaki reconocen que el cuerpo ya les estaba pidiendo parar. "Esto parecía un monstruo que nos estaba desgastando física y mentalmente", reconocen. Ambos residentes en la zona de Galdames, reconocen que cada vez sienten mayor distancia con el ritmo de vida urbano, por lo que prefieren un entorno más tranquilo, más cercano a la vida de pueblo, lejos de la exigencia diaria de la ciudad. "Estamos bastante cansados de Bilbao y no creemos que vayamos a echarlo de menos", explica Yolanda a DEIA.

Sus propietarios, Yolanda Etxebarria e Iñaki Méndez, han tomado una decisión tan difícil como meditada Oskar Gonzalez

También admite que la convivencia diaria en una gran ciudad ha sido un factor importante en su decisión. "Es mucho más difícil aguantar a la gente de ciudad que a la gente de nuestro pueblo".

A todo ello se suma una creciente presión económica sobre la hostelería y donde manifiesta que mantener un negocio resulta cada vez más complicado. Aunque el alquiler no ha sido un problema grave gracias a la comprensión de la propietaria del local, sí señala el aumento constante de gastos. En solo dos años, el incremento en 2.000 euros el impuesto de la terraza y a ello se añaden seguros sociales, IVA, declaraciones fiscales e impuestos... "Creo que todo esto ha sido todo un ataque contra la hostelería a nivel nacional", explica Yolanda contundente.

Una despedida con sabor a martini

Hablar del Urdiña es hablar de sus especialidades, el local se hizo especialmente famoso por sus martinis preparados, una seña de identidad que incluso les valió un reconocimiento. Uno de los recuerdos más especiales para Yolanda fue precisamente el premio recibido por sus martinis preparados, un galardón que considera un homenaje a toda su trayectoria profesional. Pero su legado gastronómico va más allá ya que durante años también han destacado por sus pintxos caseros y por sus rabas.

Yolanda reconoce que dejar atrás el bar significa despedirse de recuerdos, rutinas y personas que forman parte de su vida. "La decisión fue muy dura porque son muchos recuerdos y hay mucha gente a la que queremos y que nos va a tocar dejar atrás", explica la responsable. Sin embargo, tanto ella como Iñaki tienen claro que han priorizado lo esencial que es su bienestar.

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Mirando al futuro, todavía no tienen un plan cerrado, aunque sí contemplan proyectos más pequeños cerca de Galdames, donde viven actualmente y nada comparable al tamaño y la exigencia del Urdiña: "Esto ya se ha convertido en un monstruo para nosotros", insisten.

Este jueves el Bar Urdiña bajará su persiana para siempre, poniendo fin a una etapa de 26 años de esfuerzo, sacrificio y hospitalidad. Se apagará una barra, sí, pero quedará el recuerdo de un lugar donde generaciones enteras compartieron conversaciones y celebraciones.