La noche más mágica del año se quedará este martes sin fuego en buena parte de Bizkaia. Las tradicionales hogueras de San Juan, que cada 23 de junio iluminan plazas, barrios y pueblos del territorio, han comenzado a apagarse incluso antes de prender. Municipios de todas las comarcas han optado por suspender las sanjuanadas ante una situación meteorológica excepcional: temperaturas que rozan o superan los 40 grados, riesgo extremo de incendios forestales y una alerta roja que se prolongará, al menos, hasta este miércoles.

La decisión de cancelar algunas de las celebraciones más arraigadas del calendario festivo vizcaino refleja hasta qué punto la ola de calor ha alterado la vida cotidiana en el territorio. La Dirección de Atención de Emergencias y Meteorología del Gobierno Vasco recomienda evitar el encendido de fuegos en las proximidades de masas forestales, mientras el Departamento de Seguridad ha activado la Situación 0 del LABI ante un episodio que está obligando a administraciones, empresas y ciudadanos a adoptar medidas excepcionales.

Refugio, frente al calor

La imagen de este inicio de verano es la de una Bizkaia que busca refugio frente al calor. Ayuntamientos de distintos municipios han habilitado espacios climatizados, ampliado horarios de piscinas o instalado puntos de agua para aliviar unas temperaturas poco habituales en el territorio.

En Ezkerraldea, localidades como Santurtzi o Portugalete han colocado mangueras y chorros de agua en plazas y espacios públicos, mientras que otros municipios han suspendido actividades al aire libre o han restringido el uso de instalaciones deportivas durante las horas centrales del día. Municipios como Barakaldo han lanzado a sus vecinos y vecinas la recomendaciones de no salir a la calle.

También se están produciendo cambios en ámbitos menos visibles, pero igualmente significativos. Algunos consistorios, como el de Basauri, han optado por cancelar temporalmente actividades dirigidas a personas mayores al considerar que los espacios donde se desarrollaban no reúnen las condiciones adecuadas para afrontar temperaturas tan elevadas. Empresas de distintos sectores han adelantado horarios para evitar que sus trabajadores desarrollen la actividad durante las horas de mayor riesgo y numerosos comercios han comenzado a reducir su actividad vespertina o incluso a cerrar por las tardes ante la caída de la afluencia de clientes.

"Por la tarde no se ve ni un alma por la calle y no se vende nada. Lo mejor es cerrar para no morirte de calor. Los locales no tienen aire acondicionado", resume Amagoia Ruiz, dependienta de una tienda de moda femenina en la capital vizcaina. Una percepción que comparten muchos pequeños comerciantes y hosteleros que observan cómo las calles se vacían cuando el mercurio alcanza sus máximas.

Cierre de bares y tiendas en horas punta

En Igorre, por ejemplo, el bar Gau Lora ha decidido modificar el horario y cerrar esta semana de 16.00 y las 18.00 horas, para evitar las horas más sofocantes del día. "De lunes a jueves que son los días más fuertes cerramos esas dos horas, para que las personas que trabajan con nosotras vayan a hidratarse y descansar ese tiempo", aclaran Viki y María, socias del establecimiento hostelero.

También hay pequeñas aventuras cotidianas que estos días adquieren categoría de prueba de resistencia. Coger el autobús en hora punta es una de ellas. A diferencia de otras ciudades donde algunas marquesinas cuentan con sistemas de climatización o zonas de sombra más generosas, en Bizkaia muchos usuarios buscan refugio donde pueden: bajo el tejado de un portal cercano, junto a un árbol o pegados a la estrecha franja de sombra que proyecta un edificio.

Imagen de archivo del episodio de calor anómalo del pasado mayo Pankra Nieto

La imagen resume bastante bien lo que está ocurriendo estos días. Bizkaia siempre se preparó para la lluvia. Ahora empieza a descubrir que también necesita prepararse para el calor. María Luisa Goikoetxea ha optado por una solución tan sencilla como efectiva. Mientras espera el autobús, se protege con un enorme paraguas abierto bajo un sol de justicia. "No he tenido más remedio que coger el autobús para ir a Bilbao y este calor no lo puede aguantar. Se caen hasta las moscas", comenta entre resignada y divertida.

Infraestructuras a prueba de calor

Las consecuencias de este episodio también comienzan a percibirse en las infraestructuras. La avería registrada este lunes en Metro Bilbao puso de manifiesto la presión a la que se enfrentan servicios esenciales durante jornadas de calor extremo. Aunque las causas concretas de la incidencia deberán analizarse por separado, el episodio ha vuelto a abrir el debate sobre la adaptación de infraestructuras y equipamientos a un escenario climático cada vez más exigente.

Porque más allá de los registros que alcancen los termómetros, esta ola de calor está dejando una imagen poco habitual en Bizkaia: calles semivacías durante las horas centrales del día, actividades suspendidas, horarios modificados y tradiciones centenarias obligadas a reinventarse. De hecho el fin de semana fueron numerosas las actividades deportivas y culturales que tuvieron que anularse ante las altas temperaturas. En Bilbao, el propio ayuntamiento decidió suspender todos los actos previsto por el aniversario de la villa.

Calor en Bilbao. Oskar Gonzalez

Noches tropicales

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La última alerta roja por calor extremo en Euskadi se remonta a agosto de 2023, pero la actual presenta un elemento diferencial que preocupa a las instituciones: la persistencia. No se trata únicamente de temperaturas excepcionales, sino de varios días consecutivos de calor intenso, con noches tropicales que dificultan el descanso y elevan los riesgos para la salud.

A la espera de que los termómetros comiencen a dar una tregua, Bizkaia afronta una semana que puede convertirse en una de las más calurosas que se recuerdan. Una semana que está sirviendo para medir la capacidad de respuesta de municipios, servicios públicos y ciudadanos ante una realidad climática que ya no parece una excepción puntual, sino un fenómeno cada vez más frecuente. Porque si algo está demostrando este episodio es que el calor extremo ha dejado de ser una rareza en el territorio para convertirse en un desafío con el que habrá que convivir cada vez más a menudo.