“Cualquier persona con pequeñas acciones puede convertirse en un verdadero guardián de los océanos”. Este es uno de los mensajes, de las esperanzas, de los compromisos que mueven a Markel Cidon Uria, un joven derioztarra implicado desde bien txikitin en el cuidado del mar. Sus palabras, en efecto, no son literatura vacía; proceden de iniciativa, de trabajo, de reacción, de empeño en primera persona, como lo demuestra su proyecto Itsasoa bizirik, que persigue retirar los señuelos/anzuelos abandonados en el fondo del mar en todo Uribe Kosta. Markel es ejemplo, es inspiración real y así lo ha entendido la estrategia Zero Zabor Uretan, que le ha escogido para esta edición como uno de sus embajadores.
Esta campaña recorre cada año los puertos vascos para sensibilizar sobre la contaminación marina. El barco Mater es la nave nodriza y recalará en julio en ocho puertos para difundir su filosofía: Bilbao, Portugalete, Bermeo, Ondarru, Mutriku, Getaria, Hondarribia y Pasaia. Cada vez, este proyecto se nutre de las aportaciones de entidades locales participantes: colegios, comercios, asociaciones culturales, administraciones locales… Y ahí es donde entra en juego Markel, que el pasado lunes realizó una exposición en euskera de su reto para proteger la biodiversidad marina. Fue en el Itsasmuseum de Bilbao y ante distintos centros escolares. A sus 10 años es ya un gran divulgador. Se defendió de maravilla con soltura desde la palestra.
El derioztarra explicó cómo en las salidas a bucear con su aita se percató de que existen unos residuos especialmente peligrosos para el ecosistema marino: se trata de los anzuelos, señuelos, poteras... perdidos, abandonados o descartados en el mar que continúan atrapando y matando fauna marina indiscriminadamente. “Los animales los confunden con peces vivos y se lanzan a atraparlos para alimentarse y quedan atrapados en ellos”, indicó. “Son una amenaza crítica para la biodiversidad”, alertó. El joven profundizó en que la presencia de sepias, pulpos u otros animales marinos enganchados en anzuelos abandonados es un problema grave y, según él, “en nuestra costa adquiere especial impacto en cefalópodos, las txibiak por ejemplo, que se acercan a la costa de noviembre a mayo. Durante este tiempo, los anzuelos perdidos (poteras) en el fondo pueden engancharlas”.
Por todo ello, por estas consecuencias crueles, Markel pretende retirar esos aparejos perdidos en el fondo del mar mientras practica lo que tanto le gusta: bucear. Y de esta manera evitar o, al menos, reducir lo que se conoce como pesca fantasma y que continúe afectando a más animales. Además de su charla, este defensor de los mares mostró una serie de cuadros que él mismo compone para ver, palpar y sentir la necesidad de proteger los mares y promover acciones sostenibles. Todo, para inspirar a los escolares a transformar sus hábitos diarios y proteger la biodiversidad marina. Todo, contado por alguien que es igual que ellos.
Estas pequeñas acciones adquirieron una nueva dimensión a raíz de un trabajo en el cole sobre el cuidado de los océanos. Allí, Markel plasmó lo que él hacía. Esos gestos empezaron a tomar forma entonces de proyecto; ese ímpetu fue transformándose en un poder de sensibilización. Algo personal se fue engrandeciendo y podía concienciar a más gente. Crecer. Expandirse. “Ese trabajo tuvo una gran acogida entre todo el profesorado y lo expusieron por todas las aulas. Lo llevamos al Itsasmuseum y también gustó mucho”, comenta Jon, el padre de Markel. Itsasoa bizirik fue perfilándose con más aristas y tiene ya su propio documental.
“Soy Markel, aventurero y explorador”, se presenta con ternura en euskera. Y es que este jovenzuelo es el pequeño arqueólogo que encontró en Plentzia, primero, una bala de cañón del siglo XV; dos años después, en 2023, un proyectil de mosquete; y en 2025, una bola de cañón de 10 libras. Porque claro, el idilio del derioztarra con el mar siempre ha existido; la necesidad de mimarlo, también. Por eso encontró esos tesoros, porque desde crío ha sacado del agua cientos de objetos de desecho y aparejos perjudiciales para la fauna marina. Y entre toda esa basura: piezas que narran la historia. Ahora, con su iniciativa Itsasoa bizirik está escribiendo la suya. Y es de las buenas.