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Más de 5.500 instrumentos y cuarenta años de pasión por la música del mundo

El matrimonio formado por José Luis Loidi, ‘Kote’ y Lourdes Yarza presenta en Amorebieta-Etxano la exposición 'Aerófonos: vientos del mundo'

Más de 5.500 instrumentos y cuarenta años de pasión por la música del mundoIñaki Peñalba

Lo que empezó siendo la curiosidad de un adolescente de 16 años por coleccionar flautas se ha convertido, más de cuatro décadas después, en una pasión compartida y en una de las colecciones de instrumentos más singulares del Estado. José Luis Loidi, ‘Kote’, comenzó a reunir sus primeras piezas siendo casi un niño, movido por su fascinación por la música étnica. Años más tarde, ya junto a su mujer, Lourdes Yarza, esa afición creció hasta convertirse en un proyecto de vida que hoy suma más de 5.500 instrumentos de todo el mundo. Ahora, jubilados y con dedicación casi exclusiva a esta colección, el matrimonio residente en Irun comparte ese patrimonio cultural a través de exposiciones como la que estos días puede visitarse en Amorebieta-Etxano: 'Aerófonos: vientos del mundo', una muestra que reúne 85 piezas y que invita a descubrir cómo distintas culturas han convertido el aire en música.

Desde tiempos remotos, las culturas del mundo han transformado el aire en sonido a través de los aerófonos, una de las familias instrumentales más antiguas y diversas que existen. Flautas de caña o hueso, caracolas rituales, trompas de madera y cuerno, ocarinas precolombinas, clarinetes y oboes tradicionales o trompetas naturales forman parte de esta exposición instalada en la sala de exposiciones del Centro Zelaieta hasta el próximo 3 de julio.

Cada instrumento es mucho más que un objeto. Es una pieza de historia, de cultura y de identidad. Materiales tan sencillos como el bambú, la madera, la piedra, el metal, la arcilla o incluso las conchas marinas se convierten en herramientas para crear música, pero también para convocar a comunidades, acompañar rituales, marcar autoridad o simbolizar protección y fertilidad.

'No naces, te haces'

Detrás de todo ello están Lourdes y Kote, un matrimonio de Irún que lleva toda una vida recorriendo el mundo —física y culturalmente— a través de los instrumentos. “Siempre digo lo mismo: coleccionista no naces, te haces”, explica Kote al recordar sus primeros pasos. “De joven, con 16 años, tenía ilusión por la música étnica y empecé coleccionando unas flautas. Al principio solamente coleccionaba flautas, tendría unas 220”, recuerda con cariño.

Colección de flautas desde niño

Aquella primera colección parecía ya importante para un joven apasionado por la música, pero era solo el principio. La llegada de Lourdes supuso no solo compartir la vida, sino también multiplicar aquella inquietud. “Los dos tocábamos el txistu, yo en Hondarribia y Kote en Irun”, recuerda Lourdes. “Me casé con un irundarra”, dice entre risas.

Fue a principios de los años 80 cuando ambos comenzaron a coleccionar de manera más seria y organizada, ampliando el foco más allá de las flautas y adentrándose en todas las grandes familias instrumentales. El resultado, décadas después, impresiona: más de 5.500 instrumentos procedentes de distintas partes del planeta, de los cuales más de 1.100 son aerófonos. Y, sin embargo, para ellos el valor no está en la cantidad, sino en lo que cada pieza representa. “Nuestra ilusión es buscar instrumentos, conservarlos, cuidarlos bien, poderlos exhibir y hacer exposiciones como esta de Amorebieta, que es la número 134 de las que hemos hecho; creo que es un buen bagaje”, puntualizan orgullosos.

En Zelaieta

La exposición reúne 85 instrumentos seleccionados cuidadosamente de entre esos más de mil aerófonos. Una pequeña muestra de una colección inmensa que sigue creciendo, porque, como ellos mismos reconocen, nunca termina. “Es una colección que nunca se acaba porque nadie sabe cuántos instrumentos hay en el mundo. Siempre descubres alguno nuevo”, apuntan los coleccionistas.

Y ahí reside buena parte de la magia. No es solo acumular, sino descubrir, aprender y entender. Cada nueva pieza implica un proceso casi detectivesco: investigar su origen, su función y su contexto. “Es complicado quedarse con uno”, admite Kote. “Cuando recibes un instrumento te vuelcas con él, intentas documentarlo, investigarlo para saber para qué se utiliza, en qué ceremonias. Llega el siguiente y ese lo abandonas un poco. Entre 5.500 instrumentos es complicado decir cuál es la reina de la corona”.

Exposición disponible hasta el 3 de julio

Ese aprendizaje ha convertido la colección en algo que trasciende lo musical. Hablar de instrumentos es hablar de geografía, de etnias, de tradiciones y de formas de vida. “Hoy en día internet nos ha ayudado muchísimo”, explica Lourdes. “Antes te reducías más a Europa o países colindantes y Sudamérica. Ahora tienes acceso a todo el mundo y hay una gran representación. Se aprende de geografía, etnias, culturas del mundo, rituales…”.

El matrimonio insiste en que cada cultura ha sabido aprovechar los materiales que tenía a mano para crear música. Ahí está, para Lourdes, una de las grandes lecciones de esta colección. “Es una satisfacción interna, difícil de transmitir. Poder divulgar y enseñar a la gente que con el ingenio humano, cada uno con la materia prima que tiene, se hacen instrumentos. El que tiene conchas, bambús, pieles de animales… El ingenio humano se ha desarrollado de una forma maravillosa”. Y añade una reflexión que conecta pasado y presente. “Ahora, con la inteligencia artificial, esa parte del ingenio va a estar mucho más cortada. Por ejemplo, los instrumentos africanos parecen obras de arte. Las tallas que hacen con el cuchillo… pero ahora los móviles también han entrado y no es lo mismo. Es una cosa que está desapareciendo un poco”.

Exposiciones únicas

Quizá por eso sienten la necesidad de conservar, documentar y compartir este patrimonio. En este sentido, no es casualidad que nunca repitan una muestra. “Nunca repetimos dos exposiciones”, explica Lourdes. “Hemos hecho Pieles sonoras, con tambores de perro, elefante o camello; La vuelta al mundo en 80 instrumentos; Campanas del mundo… Intentamos que todo sea distinto porque eso también es un reto para nosotros”.

Esa filosofía hace que cada muestra tenga vida propia. Incluso aseguran que, si el año que viene volvieran a hacer una exposición de aerófonos, no utilizarían ninguno de los instrumentos que hoy se exhiben en Amorebieta.

Su trabajo les ha llevado a exponer en lugares tan destacados como el Museo Marítimo de Barcelona, el Museo Hidráulico de Murcia, además de numerosas casas de cultura y espacios expositivos en Francia y Portugal. Una trayectoria extensa que ahora suma su exposición número 134.

Pero lo que más les sigue sorprendiendo no son los kilómetros recorridos, sino la reacción de los visitantes. “La gente piensa que verá un violín, un saxofón o un clarinete… los instrumentos habituales. Pero luego se preguntan: ‘¿Pero esto es un instrumento? ¿Esto cómo puede sonar?’”, reconoce el matrimonio.

Esa capacidad de sorprender es lo que mantiene viva la pasión de Lourdes y Kote. Y ahora, ya jubilados, con más tiempo que nunca, esa pasión ocupa prácticamente toda su vida. “Es una manera de compartir un hobby”, reconocen ambos. “Antes, cuando trabajábamos, las horas se las quitábamos al sueño y al fin de semana. Ahora es casi dedicación exclusiva a la colección. La verdad es que es como una adicción”.

Una adicción que no busca poseer, sino preservar. Porque en cada flauta, en cada cuerno, en cada caracola, se guarda la memoria de un pueblo. Y en tiempos donde todo parece correr demasiado rápido, Lourdes y Kote siguen dedicando sus días a escuchar esas historias, que recogen en su página web. Aunque, como ocurre en Amorebieta-Etxano estos días, para escucharlas primero haya que aprender a mirar.