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Herencia de Mencía de Salcedo

Integrantes de la asociación Eguen de Zalla viajaron a Jaén para celebrar el quinto centenario de Noalejo, el municipio que fundó una encartada adelantada a su tiempo

En imágenes: herencia de Mencía de Salcedo en ZallaMontserrat Rayo Olmo

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"Brava. Se hizo Señora porque pudo y porque quiso. Como tiene que ser”. La frase destila determinación y carácter, cualidades no tan apreciadas en una mujer todavía a día de hoy, cuando no la penalizan según dónde. Ya si las trasladamos al siglo XVI... Y, sin embargo, en esa época vivió la destinataria de estas palabras de Montserrat Rayo Olmo, la investigadora artífice de que Noalejo y Enkarterri hayan forjado una relación fraternal a través de una figura imprescindible en el círculo de la emperatriz Isabel de Portugal, consorte de Carlos V: Mencía de Salcedo, que fundó este municipio de Jaén allá por 1526.

Cuando Montserrat descubrió las raíces encartadas de Mencía de Salcedo –madre de Artzentales y padre de Zalla– no dudó en desplazarse a la comarca para ampliar sus pesquisas. Varios viajes lleva ya en los que ha entablado muchas amistades, además de acompañar a la delegación de Noalejo en su participación en la feria de mujeres rurales que acogió Turtzioz en 2024 y la de Sierra Mágina, territorio invitado en Enkarterri Fest en 2025. Ahora representantes de la asociación Eguen de Zalla han devuelto la visita para conocer la localidad y sumarse a las actividades, desde un mercado medieval hasta una recreación teatralizada de la vida de la fundadora con participación de vecinas bajo la dirección de María León Bolívar en escenarios distribuidos por calles y monumentos.

Las celebraciones del quinto centenario llegan poco después de conocerse que el Ayuntamiento había adquirido el que fuera palacio de Mencía de Salcedo para transformarlo en equipamiento cultural, museo y alojamiento con una de sus dependencias bautizada con el nombre de Zalla.

Presentación del libro sobre la historia local en la casa palacio de Mencía de Salcedo

Este edificio acogió la presentación del libro El señorío de Noalejo. Siglos XVI-XIX, que recoge el trabajo de especialistas de distintas universidades de Andalucía y Madrid y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, coordinados por los profesores Francisco Javier Illana y José Miguel Delgado.

La autoría de uno de los capítulos corresponde a Montserrat Rayo Olmo y su semblanza de Mencía de Salcedo, que comienza con un cónclave familiar “en la gran sala de la casa-torre de Mendieta en Zalla para decidir si tomar el camino de la ley o el de la venganza tras dar sepultura a un pariente abatido de saetada en una refriega banderiza”. “Con derechos de hijosdalgo resolvieron poner la afrenta sufrida en conocimiento de la reina Isabel de Castilla”, que recompensó a Juan, mensajero de la tragedia, con “un alto puesto en las caballerizas de Su Majestad, así como su casamiento con Juana de Santacruz, una moza de Artzentales, que también entraría al servicio de la reina como lavandera”.

El joven matrimonio acompañó a Portugal a María, hija de la reina, que iba a casarse con el rey Manuel I, viudo de su hermana. Años después, Isabel, hija de María y Manuel, pondría rumbo a Sevilla para su boda con Carlos V, con la luna de miel prevista en Granada. “A pocas leguas de su destino habrían de cruzar unas arduas montañas que en tiempos pretéritos, y por su gran elevación, las habían nombrado como la Sierra Mágina” y entre la comitiva se hallaba la hija de la pareja encartada: “ doña Mencía de Salcedo, mujer emprendedora que por su condición y trabajo se venía configurando como una de las más fieles y diestras manos de la emperatriz” que aspiraba a “ser señora de vasallos; ella, a solas, sin un varón a su lado”. Una dama “ciertamente incómoda para un buen número de varones, pues sus hechos la revelaban como una mujer resuelta, muy cercana a la corona, bien formada e informada”.

Así, “adiestrada y curtida por los recovecos de la corte e inversionista con criterio y acierto” supo cómo “solicitar a su señora la merced del lugar elegido, los Entredichos de Nohelexo”, en un momento en el que la emperatriz Isabel asumía el rol de “solvente gobernadora, pues, como bien es sabido, la cabeza del rey Carlos estaba más atenta a la corona quinta heredada de Alemania”.

La “sororidad” entraba en juego para ayudar a materializar “un proyecto global tintado de un humanismo procedente del influjo del lado femenino de la corona imperial que podríamos catalogar de protofeminista”, consolidado “al obtener la jurisdicción de manos de Juana de Austria, otra mujer con poder a la que sirvió y regentó España en el tiempo en que se ausentó su hermano Felipe II”.

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Leyenda

De aquel episodio ha perdurado una leyenda. Montserrat Rayo Olmo la reproduce metiéndose en la piel de la fundadora: “El destino me trajo hasta esta tierra de nadie, un lugar batallado por los moros de Granada y los cristianos de Jaén. En la penúltima jornada, a lomos de una mula torda, atravesaba la Sierra Mágina hasta que en un alto de la senda percibí un horizonte cuajado de resplandeciente nieve. Pregunté al que hacía de cabeza de la comitiva y me nombró a la Sierra Nevada, aquella que a sus pies cobijaba a la sin par Granada. Mi corazón volcó con tal emoción que hasta el de mi emperatriz sintió el reclamo. Al poco, noté que el desasosiego descendía hacia mi tripa. Pararon las reatas y me dieron de beber el agua de un venero que hacia su camino cayendo hacia un chisporroteante pilarillo. De inmediato sentí la mejoría de todos mis achaques. En aquel instante, mi señora y yo cruzamos las miradas y ambas sonreímos, pues al preguntar por la seña del lugar nos dijeron que lo nombraban como el Nohelexo, a lo que echando a rodar tal palabra, respondí que ‘sea pues que de aquí no alejo”. No se alejan Noalejo y Zalla, unidos por Mencía de Salcedo.