Durangaldea, un refugio de verano para la infancia saharaui
19 niños y niñas de los campos de refugiados de Tinduf llegarán el 1 de julio
Durangaldea volverá a abrir sus puertas este verano a la infancia saharaui. El próximo 1 de julio, un total de 19 niños y niñas procedentes de los campamentos de refugiados de Tinduf llegarán a la comarca gracias al trabajo de la ONG Río de Oro, en una nueva edición de un programa que combina acogida, asistencia sanitaria, ocio y convivencia.
De ellos, nueve menores permanecerán en el albergue de Izurtza, epicentro del proyecto impulsado por la asociación durangarra, mientras que otros diez serán acogidos por familias de Durangaldea dentro del programa Oporrak Bakean. Algunos de los menores repetirán experiencia, mientras que otros vivirán por primera vez un verano lejos del desierto. En concreto, dos de ellos se estrenan este año.
Su llegada supondrá, un año más, una oportunidad única para alejarse durante varias semanas de unas condiciones de vida extremas. En los campamentos saharauis del sur de Argelia, donde residen desde hace décadas miles de refugiados, el verano se vive bajo temperaturas que alcanzan con facilidad los 45 y hasta 55 grados, con recursos limitados y acceso restringido a servicios básicos.
Frente a esa realidad, la comarca se convierte durante dos meses en un espacio de respiro. Un lugar donde estos menores pueden mejorar su estado de salud, acceder a revisiones médicas, seguir tratamientos pendientes, disfrutar de una alimentación equilibrada y vivir experiencias que, en su entorno habitual, son prácticamente imposibles.
La llegada de los niños estará acompañada por tres monitoras saharauis, encargadas de apoyar la convivencia y el día a día del programa. Según explica el responsable de Río de Oro, Mikel del Arco, todos los trámites administrativos avanzan con normalidad. “El tema burocrático y de visados va con buen rumbo. Esperemos que puedan venir en fecha y disfrutar de estos dos meses”, señala.
La historia de Río de Oro en comenzó hace ya más de diez años, cuando Mikel del Arco, junto a Claudia Odriozola y Maider Caballero, decidió convertir en proyecto una experiencia que había conocido en Italia: la posibilidad de organizar estancias de verano para menores saharauis, especialmente para niños y niñas con diversidad funcional. Los inicios no fueron sencillos. La asociación arrancó sin infraestructura propia, sin financiación estable y prácticamente sin red de apoyo. Sin embargo, el respaldo del entorno y la implicación de entidades locales e instituciones permitieron consolidar lo que hoy es uno de los proyectos solidarios más arraigados de la comarca.
Con el paso del tiempo, aquella iniciativa inicial fue creciendo hasta convertirse en una estructura sólida y estable que hoy atraviesa, según sus responsables, uno de sus mejores momentos. “Río de Oro está en uno de sus mejores momentos, con bastantes proyectos en marcha y saliendo adelante sin ningún problema”, explica Del Arco.
Actualmente, además del programa de acogida estival, Río de Oro impulsa otras iniciativas como la Caravana Solidaria, Oporrak Bakean, la casa de acogida para tratamientos médicos de Ermua, el proyecto Fokuan y Nasma, una iniciativa centrada en formación, asistencia con audífonos y logopedia en los campamentos saharauis, desarrollada junto a la Fundación Calima de Valencia y la compañía GAES.
Voluntariado
El albergue de Izurtza volverá a ser el gran centro de operaciones del verano. Allí se alojarán nueve menores con necesidades específicas de atención y seguimiento, acompañados por un amplio equipo de voluntariado. La organización asegura tener cubierto ya el 90% del voluntariado necesario, una cifra que refleja el fuerte compromiso social que sigue despertando el proyecto. “A nivel personal estamos contentos con la respuesta del voluntariado, ya que pasan casi 100 personas durante el verano”, destaca del Arco.
El programa moviliza cada año a decenas de personas entre monitores, profesionales sanitarios, colaboradores y familias, generando una red que va mucho más allá del verano. Durante estas semanas, los menores participarán en un completo calendario de actividades diseñado para combinar ocio, aprendizaje y experiencias nuevas. Entre ellas figuran jornadas de playa, piscina, surf, paseos a caballo, talleres, excursiones al monte y visitas a espacios como la granja escuela Alluitz Natura, el Museo de la Ciencia de San Sebastián o diferentes entornos naturales. Además, este año incorporarán una novedad especial con la visita por primera vez a unas cuevas, ampliando así un programa que busca ofrecerles vivencias difíciles de imaginar en los campamentos. Paralelamente, la ONG trabaja ya en la planificación de todas las revisiones médicas y de las intervenciones pendientes que no pudieron completarse el verano pasado, uno de los pilares fundamentales del proyecto.
Decepción
Aunque la dimensión humanitaria ocupa gran parte del foco, Río de Oro insiste en que el trabajo no puede desligarse del conflicto político que sigue sin resolverse. Más de cuatro décadas después del inicio del exilio saharaui, miles de familias continúan viviendo en Tinduf a la espera de una solución definitiva para el Sáhara Occidental. En este sentido, del Arco lamenta el estancamiento de la situación internacional. “A nivel de implicación de la sociedad, sí que es verdad que el conflicto político sigue sin solucionarse y está estancadísimo, dando pasos hacia atrás cuando España, Estados Unidos y Francia se posicionan cada vez más con Marruecos y dejan de lado al pueblo saharaui. Por esa parte seguimos decepcionados”, lamenta.
Pese a ello, desde Río de Oro mantienen intacto el compromiso de seguir acompañando a estos menores. Porque, aunque el verano termine cada año con despedidas cargadas de emoción, abrazos y lágrimas, en Durangaldea saben que el vínculo que se crea va mucho más allá de dos meses. A partir del 1 de julio, una vez más, la comarca volverá a convertirse en un pequeño oasis lejos del desierto. Un lugar donde la solidaridad se traduce en algo tangible: salud, descanso, cuidados y la posibilidad de niños y niñas saharauis vivan, aunque solo sea por unas semanas, una infancia diferente.