Juan Antonio Sarasketa Leguina (Eibar, 20 de octubre de 1942) falleció el 27 de mayo de 2026 a los 83 años. Figura destacada del asociacionismo cinegético en el País Vasco y en el conjunto del Estado, desarrolló durante décadas responsabilidades de representación en el sector de la caza. Presidió la Federación Vasca de Caza y la Oficina Nacional de la Caza (ONC) de la Real Federación Española de Caza, además de ejercer como presidente de honor de ADECAP, la Asociación para la Defensa del Cazador y Pescador, entidad centrada en la representación y defensa de los intereses del colectivo cinegético y piscícola. Su trayectoria estuvo ligada a la articulación del sector y a su presencia en estructuras federativas autonómicas y estatales.

Durante más de medio siglo mantuvo una presencia destacada en las principales organizaciones cinegéticas del Estado. Participó en debates sobre la regulación de la actividad, la conservación del medio natural y el papel de las entidades representativas del sector, convirtiéndose en una figura habitual en los ámbitos asociativo y federativo. Su nombre quedó vinculado a una etapa de consolidación de las estructuras de representación de la caza y a la creciente coordinación entre organizaciones territoriales y estatales.

Más allá de los cargos que ocupó, Sarasketa destacó por su capacidad para conectar entidades de distintos territorios y por su implicación en la defensa de los intereses del colectivo cinegético en periodos de importantes cambios normativos y sociales. Su actividad le llevó a participar en congresos, encuentros y foros especializados, donde mantuvo una presencia constante durante décadas.

Tras conocerse su fallecimiento, distintas entidades del ámbito cinegético han expresado sus condolencias, subrayando de forma general su papel en la organización del sector y su participación en distintas etapas de su desarrollo institucional. La Federación Vizcaina de Caza trasladó su “más sentido pésame a su familia, amigos y al colectivo de cazadores y pescadores”. En la misma línea, la Real Federación Española de Caza lamentó su fallecimiento y lo describió como una figura relevante en la caza social y federada en España, destacando su implicación en la estructura organizativa del sector. La Federación de Caza de Castilla y León expresó igualmente su pesar, recordando el reconocimiento recibido en distintos ámbitos federativos y su vinculación con la actividad cinegética.

A estas primeras reacciones se sumaron también las de otras organizaciones del sector. La Federación Andaluza de Caza trasladó su pésame y reconocimiento a su trayectoria dentro del ámbito federativo, mientras que la Federación Extremeña de expresó igualmente su condolencia. Por su parte, ADECAP lo ha definido como una figura clave en el impulso del asociacionismo cinegético moderno, destacando su participación en procesos de reorganización y vertebración del sector en el Estado, “especialmente en momentos de reconfiguración de sus estructuras representativas”. A estas reacciones se han sumado también valoraciones de distintos referentes del sector y la comunicación especializada. El presidente de APROCA, Luis Fernando Villanueva, afirmó que “ha sido el hombre más influyente en la historia moderna de la caza en España”.

El director de Jara y Sedal, Israel Hernández, lo definió como “un hombre cabal, bueno e inteligente, grande al que los cazadores debemos mucho”. Por su parte, José María Mancheño, presidente de la Federación Andaluza de Caza y de Mutuasport, subrayó que “su gran obra ha sido la construcción del armazón de lo que hoy es la representación y defensa de la caza en España”. A estas se añadió también un mensaje de un particular que resumía el sentir de parte del sector: “Con tus errores y tus aciertos siempre serás un grande”.

El expelotari profesional y cazador Abel Barriola también ha lamentado la pérdida de Sarasketa, a quien conoció en 2002. “Doy gracias porque la vida me ha dado la gran suerte de poder conocer a Sarasketa, defendiendo los valores humanos que proyecta el mundo de la caza y pesca responsable”, señaló el deportista navarro.

Nacido en Eibar en el seno de una saga vinculada al sector armero, en una vivienda situada sobre la fábrica familiar de escopetas, Juan Antonio Sarasketa Leguina solía resumir su origen con la frase “nací encima de una fábrica de escopetas”, en referencia a la calle Víctor Sarasqueta, vía dedicada a su abuelo. Su infancia transcurrió en ese entorno industrial y cinegético, con una escolaridad irregular que él mismo describía como una alternancia entre etapas de gran rendimiento académico y otras más discretas.

Infancia

De niño fue descrito como “travieso”, y con apenas 14 años protagonizó una de sus anécdotas más recordadas: la huida del colegio en Vitoria-Gasteiz y el regreso a Eibar en bicicleta tras sustraerla, recorriendo unos 65 kilómetros. Fue también uno de los fundadores de la primera tamborrada de la ciudad armera. En su juventud compaginó estudios de peritaje mercantil con su afición deportiva. Jugó como portero en el ámbito escolar y en categorías juveniles vinculadas al Athletic Club, aunque él mismo relataba que su padre habría querido verle en el primer equipo rojiblanco y que su verdadera inclinación estaba en la caza. “No me gustaba, prefería ir con mi padre a cazar”, recordaba.

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Su relación con la caza se consolidó desde muy joven, acompañando a su padre en salidas cinegéticas, especialmente en la zona de Peñacerrada. Posteriormente realizó el servicio militar como voluntario en Burgos, etapa en la que ya era reconocido por su apellido dentro del entorno cinegético. En el plano profesional, desarrolló actividad comercial en el ámbito local, con una trayectoria que fue evolucionando con el tiempo en su propuesta empresarial, hasta llegar a regentar cuatro establecimientos: tres comercios deportivos y una armería situada en Amorebieta-Etxano. También fue productor de txakoli, a través de la marca Arritxola, firma que en la actualidad continúa bajo la familia Sarasketa - Divassón.

En el ámbito personal, viudo, estuvo casado con Charo Arregui Hernández, con quien tuvo dos hijos, Juantxi e Iñigo. Entre sus publicaciones figura el libro Juan Antonio Sarasketa, la persona, el cazador (2020), cuyas memorias fueron elaboradas con la colaboración de su amigo y periodista Javier Atxa Arrizabalaga (Leioa, 1965), quien le ayudó a dar forma al relato biográfico publicado en ese volumen.