Cada domingo desde hace 36 años, Federico Borràs tiene una cita con la audiencia planetaria de su programa Presencia Vasca que conduce desde Paraná (Argentina). Allí escuchaba a su abuelo materno Raúl Alcain –y a otros descendientes de vascos– hablar de identidad, honestidad, comunidad… Y hasta hoy. Contenidos variados, entrevistas y la inestimable colaboración en directo de Mikel Ezkerro (88 años), el gran historiador de la comunidad vasca de Argentina, hacen el resto. “Para nosotros es un compromiso moral, que son a veces los que más fuerza tienen”, argumenta en esta entrevista a DEIA.

¿Cómo se le ocurrió a su abuelo materno la idea del programa?

Él siempre fue un entusiasta a nivel familiar de lo vasco y de pregonar que éramos descendientes de vascos.

¿Y cuál es el secreto para mantenerse en antena 36 años?

Creo que puede tener algo que ver esta influencia vasca en el sentido de la perseverancia, del desafío, de ponerse una meta y cumplirla, y seguir adelante. Y en un punto también pasa a ser un compromiso personal con una causa, una impronta familiar. Cada domingo también es un homenaje a mi abuelo y a mis antecesores.

Entre tanto trabajo, porque usted es abogado de profesión, habrá tenido alguna satisfacción.

Claro. He entrevistado a gente muy valiosa de la historia vasca y de la historia vinculada a lo vasco en la Argentina. Son cientos las entrevistas, pero haber podido entrevistar a los lehendakaris Garaikoetxea, Ardanza, Ibarretxe y Urkullu o a gente vinculada a la música o al arte vasco como Néstor Basterrechea, Natxo de Felipe, Benito Lertxundi… Me siento un gran afortunado y un agradecido también a la gente que me ha brindado su testimonio para el programa a lo largo de tantos años.

Pues le falta el actual lehendakari.

Sí. Por supuesto que me gustaría entrevistarlo. La particularidad que tienen estas entrevistas es la mirada diferente porque podría hablar de lo que está viendo.

¿Y cómo describiría la identidad vasco-argentina?

Es una vinculación a partir del sentimiento, no de la nacionalidad, porque ya no quedan vascos nativos migrantes de los que constituían antiguamente los centros vascos. Estamos en presencia de una comunidad que quiere conservar ese vínculo que tiene, un sentimiento que hay que cultivar también con conocimiento.

Por eso el programa de radio.

Y la tarea de los centros vascos, donde se realiza una acción cultural extraordinaria. Incluso en los últimos años estamos conociendo un fenómeno que se está llamando diáspora por afinidad, que es gente que se acerca a los centros vascos sin tener un origen vasco conocido, pero interesados por el idioma, por la cultura, por el cine, por la gastronomía, por lo que fuera….

Y a partir de ahí…

A partir de ahí se vinculan, van conociendo, integran a veces los grupos de dantzaris y forjan también una identidad a partir de esa vinculación.

Pues eso es importante.

Hace en definitiva que estas entidades puedan perdurar en el tiempo. El objetivo originario de reunir a vascos que estaban viviendo en otro país hoy ya no tendría razón de ser, pero sí lo tiene la difusión de la cultura vasca en el mundo; sobre todo teniendo en cuenta que estamos en presencia de un pueblo, de una nación que no constituye un Estado.

Usted lo ha dicho.

Sí, más allá de la encomiable Acción Exterior del Gobierno Vasco no tenemos embajadas, no tenemos agregados culturales, no tenemos una acción oficial a nivel diplomático… Los centros vascos, la diáspora, los vascos del mundo, son los verdaderos embajadores de Euskal Herria.

Me hablaba de comunidad y usted conecta a miles de personas. Fortalece esa comunidad…

Sí, sí, sí, aportamos un granito de arena en la difusión cultural, en la memoria histórica, que para el programa es uno de los pilares también importantes.

Y que no puede caer en el olvido…

Hoy en día se hace imprescindible para cualquier pueblo, incluyendo al vasco, el ejercicio de la memoria histórica para que no se puedan repetir errores cometidos.

Y así lo hacen todos los domingos.

Reivindico la tarea de difundir lo vasco en el mundo. También es importante que tenga una vuelta, que es que la gente que hoy vive en Euskal Herria tenga aunque sea un mínimo conocimiento de la existencia de estas comunidades vascas por el mundo, porque eso también forma parte del mismo pueblo. Hay que pensar que lo vasco no se agota en la frontera física de siete territorios, sino que va más allá y hacia el mundo.

¿Qué se debería aprender en Euskal Herria de ustedes que mantienen la identidad vasca a distancia?

A veces con la distancia se ven las cosas de otra manera. Por ejemplo, para la gente que participamos de la diáspora vasca, los siete territorios que componen Euskal Herria son parte de un mismo pueblo y en los centros vascos no existe ninguna diferencia.

Pues aquí ha habido polémica por la inclusión del mapa de Euskal Herria en la camiseta del Athletic…

Lo sé, lo sé. Esto en los centros vascos no se logra entender. Para nosotros hay una visión integral del país y hay un concepto de nación, una identidad nacional que está por encima de cualquier bandería de tipo político. Y cuando digo identidad nacional digo que el Pueblo Vasco es, como dijo Barandiarán, una flor más en el jardín de la humanidad que no es mejor ni peor que otra pero que tiene derecho a seguir viviendo y a ser diferente también al resto de las flores.

¿Y las nuevas generaciones tienen ese interés?

Sí. La prueba es la persistencia de los centros vascos y la cantidad de gente que participa del colectivo. Esto se construye día a día, no es una batalla ganada para siempre y estará en las futuras generaciones el mantenimiento de esos valores pero yo soy absolutamente optimista porque si a ese sentimiento le sumamos conocimiento eso va a reforzar el vínculo y va a permitir que se siga transmitiendo a las futuras generaciones.

¿Alguna historia que le haya marcado?

Soy un admirador de la lucha del Pueblo Vasco por su identidad y, en ese sentido, me marca mucho todo lo relacionado con la guerra civil en Euskadi y cómo un pueblo tan pequeño pudo enfrentar durante meses el avance de los ejércitos más poderosos en ese momento de Europa. Esa actuación heroica de gente que no estaba preparada para la guerra, pero que defendió con uñas y dientes su libertad, me genera una gran admiración y me parece un faro para las nuevas generaciones.

Después de tantos años, ¿qué significa para usted pertenecer a la diáspora vasca?

Un motivo de orgullo, un vínculo que forma parte de mi propia forma de ser y que he podido construir a partir de la relación con muchísima gente que me ha demostrado tener una calidad y una calidez humana, que para mí hace que este Pueblo sea único. A pesar de todos los cambios que veo en los distintos momentos en que he venido [a Euskal Herria], esa esencia no se ha perdido. Y eso es lo que para mí hace valer la pena estar todos los domingos desde hace 36 años emitiendo ‘Presencia Vasca’. Merece la pena difundir al mundo los valores de este Pueblo maravilloso. Me siento parte de un país, aunque viva en la Argentina.