Se cumple un año del gran apagón que sorprendió al Estado y dejó una huella imborrable en lugares como Bizkaia y, especialmente, Bilbao. El reloj marcaba las 12.30 del mediodía cuando, de forma repentina, la electricidad desapareció. Lo que en un primer momento muchos interpretaron como una avería puntual pronto se confirmó como un corte generalizado, extendido y de consecuencias inmediatas.
En Bilbao, la escena cambió en cuestión de segundos. “Estaba cruzando la Gran Vía y, de repente, todos los semáforos se apagaron. Nadie sabía muy bien qué hacer”, recuerda un vecino del centro de la capital vizcaina. El desconcierto se hizo visible en calles, comercios y oficinas, donde la actividad quedó paralizada sin previo aviso.
En distintos puntos de Bizkaia, las historias se repitieron con matices. Una trabajadora de una tienda en Santurtzi cuenta cómo tuvieron que cerrar a oscuras: “Al principio pensamos que volvería enseguida, pero pasaban los minutos y no podíamos ni cobrar ni bajar la persiana automática”. Mientras tanto, en el bilbaino barrio de Deusto, un estudiante recuerda cómo la caída de las comunicaciones aumentó la incertidumbre: “El móvil dejó de funcionar bien y no podíamos informarnos. Era como quedarse aislado de repente”.
Los servicios de emergencia vivieron momentos de especial intensidad. “Recibimos avisos constantes de personas atrapadas en ascensores”, explica un profesional que participó en el operativo. Con recursos limitados y la necesidad de priorizar, las intervenciones se centraron en las situaciones más urgentes.
A pesar de que muchas infraestructuras contaban con sistemas de respaldo, la vida cotidiana quedó completamente alterada durante horas. Sin luz, sin conexión y sin certezas, Bilbao y el conjunto de Bizkaia experimentaron una pausa forzada que hoy, un año después, sigue muy presente en la memoria colectiva.
Un año después, sin embargo, persiste una sensación compartida de incertidumbre. A día de hoy, no se ha esclarecido con total claridad qué originó aquel apagón. Las investigaciones no han ofrecido una explicación concluyente, lo que mantiene abiertas las preguntas sobre cómo pudo producirse un fallo de tal magnitud y qué medidas se han adoptado desde entonces para evitar que vuelva a repetirse.
Miedo a dejar de respirar
Idoia, vecina de Basauri y dependiente de respiración asistida, vivió el apagón lejos de casa, en plena carretera rumbo a Málaga. Lo que comenzó como un viaje cotidiano se convirtió en una experiencia de gran angustia: "Nos avisaron de que se había ido la luz en todas partes cuando estábamos de camino. No podíamos ni repostar en las gasolineras", recuerda. Aunque llevaba una máquina portátil, su autonomía era de apenas dos horas, lo que incrementó su preocupación.
Al llegar a Málaga, su equipo principal no había llegado debido al apagón. Ante esa situación, decidió acudir a un hospital junto a una amiga: “Habían habilitado una sala desde las 21.30 horas para personas que necesitábamos respiración asistida. Estábamos muchas personas allí, todas conectadas a bombonas de oxígeno”, comenta.
La incertidumbre fue constante durante horas: "Tenía miedo de que no hubiera máquina para mí. En casa tengo otra bombona, pero allí no tenía nada seguro". Finalmente, la luz regresó sobre las 00.30, lo que permitió que pudiera volver a casa. “Fue una experiencia muy dura, sobre todo por estar fuera de casa. Pasé mucho miedo”, concluye Idoia.
Tráfico, rescates y transporte público en una ciudad sin semáforos
El apagón dejó a ciudades como Bilbao sin semáforos ni transporte ferroviario, obligando a reorganizar la movilidad en plena ciudad. Entre incidencias y rescates, la coordinación y el civismo ciudadano evitaron consecuencias mayores. Lo recuerda Ion Garnika, subcomisario responsable de tráfico de la Policía Municipal de Bilbao que se encontraba trabajando en aquel momento. "Todos pasaron a ámbar intermitente, lo que obliga a aplicar las normas generales de circulación", detalla. Desde la unidad, se movilizaron recursos hacia los puntos más conflictivos, como Zabálburu, Moyúa, Sabino Arana o el Sagrado Corazón.
Además del tráfico, uno de los mayores problemas fueron los ascensores: "Recibimos 29 avisos de incidencias con personas atrapadas, que se convirtieron en una de las principales prioridades junto con la regulación del tráfico", explica Ion a DEIA.
A este escenario se sumó el colapso del transporte público ferroviario. Sin trenes ni metro operativos, el peso de la movilidad recayó en el servicio de autobuses.
Desde Bizkaibus, su responsable operativo, Antonio Jaraices, recuerda que se tomó una decisión excepcional: "Hablamos con todas las empresas concesionarias para sacar todos los autobuses disponibles y movilizar a todo el personal, incluidos conductores que estaban de libranza o vacaciones". La prioridad era clara, lo importante era mover a la gente y ayudarles a llegar a sus casas. Durante horas, Bizkaibus se convirtió en el único medio de transporte operativo en el territorio, desempeñando un papel clave para evitar un mayor colapso.
Comercio paralizado en el Casco Viejo
Susana Alaguero, comerciante y presidenta de la asociación del Casco Viejo de Bilbao, vivió el apagón en pleno acto público, así lo recuerda: "Estábamos terminando una rueda de prensa de la Zazpi Kaleak Fashion Week cuando se fue la luz", explica. En ese momento, algunas personas quedaron atrapadas en ascensores del edificio, generando los primeros momentos de tensión.
Al desplazarse a su tienda, se encontró con un escenario de incertidumbre. "Tuvimos que cerrar porque no podíamos trabajar ni cobrar. No podíamos dar nuestro servicio", señala. Sobre las 13.30, justo cuando estaban a punto de cerrar definitivamente, volvió la luz. Aunque reabrieron y retomaron la actividad por la tarde, la experiencia dejó una reflexión clara: "Te das cuenta de que dependemos totalmente de la electricidad. Desde entonces, siempre recomiendo tener velas o linternas en casa”.
Un año después, lecciones y situación actual
Doce meses después, el gran apagón sigue siendo un recordatorio de la dependencia energética de la sociedad actual. Aunque el sistema eléctrico ha reforzado protocolos y capacidad de respuesta, el incidente evidenció la necesidad de mejorar la prevención y la gestión de crisis. En Bizkaia, la coordinación de los servicios de emergencia y el comportamiento responsable de la ciudadanía fueron claves para minimizar las consecuencias. El recuerdo de aquel día sigue presente, una jornada en la que todo se detuvo, pero en la que Bizkaia demostró su capacidad de adaptación y respuesta colectiva.