Vecinos de La Arboleda: “No aguantamos más, esto se ha convertido en un rally continuo”
Residentes del barrio vizcaino denuncian carreras y actividades ilegales casi todos los fines de semana y alertan del peligro y el deterioro del entorno
El barrio de La Arboleda, situado en la zona alta del Valle de Trápaga, es conocido por su pasado minero y por un entorno natural que cada fin de semana atrae a senderistas, familias y visitantes. Sin embargo, desde hace meses, parte de sus residentes conviven con una realidad muy distinta a la postal paisajística: el ruido de motores forzados, ruedas chirriando y maniobras temerarias que, según denuncian, se repiten con demasiada frecuencia desde el pasado verano.
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“Esto se ha convertido en un rally contínuo. No son momentos puntuales, son muchas noches seguidas”, asegura una vecina del municipio.Según relatan varios residentes, las carreras ilegales y exhibiciones de conducción agresiva se producen casi todos los fines de semana y, en ocasiones, también entre semana.
El parking, epicentro del conflicto
El punto más conflictivo es el aparcamiento situado a la entrada del barrio, donde es habitual ver marcas negras en el asfalto que evidencian trompos y acelerones bruscos. “Suelen salir del aparcamiento varios coches a la vez y se ve claramente que son carreras”, explica una de las vecinas. “Algunas veces hacen trompos; otras bajan y suben cronometrándose para ver quién tarda menos... Están así todo el tiempo”. Pero, según denuncian, no siempre se limitan a la zona del parking. “Hay veces que solo están aquí abajo, pero otras suben por el pueblo, dan la vuelta entera y vuelven otra vez”, cuenta una mujer que vive en una de las calles próximas al recorrido habitual de los vehículos.
El ruido es uno de los principales motivos de queja. Los motores revolucionados, las maniobras temerarias y los frenazos alteran la tranquilidad de un barrio en el que predominan las personas mayores. “A los vecinos nos molesta muchísimo. Somos señoras mayores, no estamos ya para estos trotes”, lamenta una de las residentes. Más allá de las molestias acústicas, lo que más preocupa es el riesgo para la seguridad. “Yo suelo ir con las amigas a pasear pronto y nos da mucho respeto, porque nos pueden pillar”, explica la vecina. “Lo mismo se suben a la acera que a cualquier otro sitio”.
Inquietud constante
Algunos residentes aseguran que viven con inquietud constante. “Me parece fatal, encima vivo muy cerca de donde suelen hacerlo”, afirma una de ellas.La sensación general, explican, es que cualquier despiste o pérdida de control podría tener consecuencias graves, especialmente en un entorno con calles estrechas y presencia habitual de peatones. Además, denuncian que no es raro encontrar daños materiales tras algunas noches: farolas torcidas, bordillos deteriorados o papeleras arrancadas. “Son cosas que vamos viendo con el tiempo y que alguien tiene que arreglar”, apuntan.
Hace algo más de un mes, la Ertzaintza identificó a 25 vehículos en el aparcamiento de La Arboleda en el marco de un operativo relacionado con estas concentraciones nocturnas. Aquel episodio marcó un punto de inflexión para algunos vecinos. “Ese día yo no estaba aquí, pero salieron vecinos y todo del escándalo que debía de haber”, relata una residente. Media docena de personas del barrio recriminaron a los conductores su comportamiento, cansadas de una situación que consideran insostenible. Algunos vecinos reconocen que, desde entonces, la actividad parece haberse reducido ligeramente. “A raíz del último incidente últimamente no se les ve ni se les oye tanto”, admiten. No obstante, temen que se trate solo de algo puntual y que, con el paso de las semanas, la situación vuelva a intensificarse.
La Ertzaintza identifica 25 vehículos en el parking de La Arboleda para prevenir una posible carrera ilegal
Los residentes reclaman medidas que disuadan de forma efectiva estas conductas. “La única solución que veo es poner más vigilancia y que permanezcan aquí más rato, no que den una vuelta y se marchen”, sostiene una vecina, pidiendo mayor presencia policial en la zona por las noches. Mientras tanto, en este enclave histórico que forma parte de la memoria industrial de Bizkaia, la tranquilidad que buscan sus vecinos sigue dependiendo, en gran medida, de que el rugido de los motores no vuelva a adueñarse de las noches del fin de semana.