La identificación de 25 vehículos que se encontraban en La Arboleda pone sobre la mesa una práctica que pone en peligro la salud. Sin embargo, desde la propia Ertzaintza insisten en que hay que analizar estos episodios con matices y, sobre todo, evitar generalizaciones que puedan estigmatizar a todo un colectivo. “Es importante no criminalizar a los aficionados del mundo del motor”, subraya Marcos, ertzaina. Según explica, este tipo de concentraciones se producen principalmente los “viernes por la noche y sábados por la noche”, generalmente a partir de las diez y hasta las dos o tres de la madrugada. También se registran picos en verano, durante las vacaciones de Navidad y en días festivos.
Habitualmente se celebran en polígonos industriales o zonas apartadas donde, en general, no se molesta a terceros. No obstante, recalca que la mayor parte de estos encuentros no derivan en conductas ilegales. En este sentido, Marcos insiste en la necesidad de “diferenciar mucho” entre las quedadas de coches y las carreras ilegales. “Las quedadas son legales. Son aficionados del mundo del motor que se juntan con sus coches porque les gusta: coches tuneados... pero no hay ningún tipo de problema por hacer eso”, explica. El problema es que en alguna ocasión esas quedadas pueden degenerar en carreras, que sí son ilegales. “La gran mayoría no acaba en ningún tipo de conducta ilícita”, expone Marcos. De hecho, señala que aunque las concentraciones de vehículos son recurrentes, desde la Ertzaintza no han detectado un incremento paralelo de carreras ilegales. “Se está generando un runrún social de que está habiendo muchas carreras de coches, que están aumentando y no es algo que nosotros tengamos detectado”, apunta.
Respecto a las concentraciones de La Arboleda, la Ertzaintza realizó un control en el que se identificaron 25 vehículos. Según señala Marcos a este periódico, solo se tramitaron cinco infracciones que estaban relacionadas con condiciones técnicas de los coches, similares a las que podrían detectarse en cualquier control rutinario. “No se detiene a nadie ni se investiga a nadie por delitos contra la Seguridad Vial porque no se detectan esas conductas”, precisa Marcos. Sí reconoce que hubo quejas vecinales relacionadas con el ruido de los coches, pero eso no equivale a que ya sea una carrera ilegal. “No estamos llegando a ese problema”, puntualiza.
Fans de las Harley-Davidson
Para ilustrarlo, Marcos compara las concentraciones con las de motoristas fans de las Harley-Davidson, que en ocasiones circulan en grupo por la carretera. “Ellos no están corriendo, no están haciendo nada ilegal, pero alguien que no esté acostumbrado a verlo se pregunta a ver qué pasa ahí”, ejemplifica este ertzaina, quien no niega que esas quedadas de amantes del motor puedan llegar a convertirse en carreras, pero insiste en que es un comportamiento individual o derivado, no la esencia de la concentración: “Nos juntamos cien personas en la plaza del pueblo y no va a pasar nada. Si después se genera una pelea, eso es lo que no se puede hacer; lo otro es perfectamente legal”.
El perfil de los asistentes es amplio y heterogéneo. Aunque muchos son jóvenes de 18 años que acaban de sacarse el carné de conducir, también hay personas de cuarenta años o más que comparten la misma afición. “Es muy difícil hacer un perfil concreto porque abarca un abanico grande”, afirma.
La colaboración entre la Ertzaintza y las distintas policías locales es la habitual en cualquier ámbito de actuación. Es decir, este fenómeno no tiene un tratamiento específico. Cuando se detectan conductas ilegales se actúa y cuando no, no hay motivo para intervenir más allá de labores preventivas. El mensaje, concluye Marcos, es claro: no se debe criminalizar a los aficionados al mundo del motor. Lo que está permitido es legal y forma parte del derecho de reunión y de ocio. Las carreras ilegales, como cualquier conducta que ponga en riesgo la seguridad vial, están perseguidas y se sancionan.