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"Para mí era súper necesario tener una tienda en Mallabia"

Idoia Allende abre un ultramarinos en Mallabia con productos de primera necesidad y de KM 0

"Para mí era súper necesario tener una tienda en Mallabia"Idoia Allende

Mallabia estrena una nueva etapa para su comercio con la apertura de una tienda de proximidad en pleno casco urbano. El local, situado en la calle Arteiz número 8, ha reabierto sus puertas de la mano de Idoia Allende Urizar, que se ha puesto al frente del negocio tras responder a una iniciativa impulsada por el Ayuntamiento de Mallabia para reactivar el comercio minorista. El establecimiento abre de lunes a viernes de 9.00 a 13.00 y de 17.00 a 20.00, y los sábados de 9.30 a 13.30.

Allende no es vecina empadronada en Mallabia, pero su vínculo con el municipio es estrecho. Su madre es natural del pueblo y ella misma trabajaba en Correos en la localidad cuando vio el anuncio municipal. El Consistorio ofrecía un local para que quien lo deseara pusiera en marcha el proyecto que considerara oportuno. "El Ayuntamiento ponía el local y tú montabas lo que quisieras, presentando un proyecto", explica. En su caso, la idea surgió con rapidez: “Para mí era súper necesario tener una tienda en Mallabia”.

No era la primera experiencia. Allende ya llevaba cinco años al frente de un pequeño comercio en el municipio, abierto en abril de 2020, en plena pandemia. Aquel establecimiento, sin embargo, se había quedado pequeño y no cumplía con los requisitos sanitarios actuales. “Sanidad nos exigía cosas que allí no se podían hacer: un almacén, un lavabo fuera…”, señala. Con la salida a concurso del nuevo local municipal, volvió a presentarse y ahora atiende una tienda tres veces más grande, sin haber cerrado ni un solo día durante el cambio.

El nuevo comercio es, hoy por hoy, el único del municipio. “No hay más, solo estoy yo”, resume con naturalidad. Desde su vivienda en Ermua, a apenas tres kilómetros, se desplaza cada día para abrir un establecimiento que recupera la esencia del ultramarinos tradicional, pensado para cubrir las necesidades básicas del vecindario. La oferta se centra en alimentación y productos de primera necesidad, con especial atención al producto cercano. El pan, la fruta y la verdura son pilares fundamentales, junto a artículos de limpieza y consumo diario.

El kilómetro cero ocupa un lugar destacado en las estanterías. Allende apuesta por el producto local y de proximidad, con ejemplos concretos: carne ecológica de Eibar, yogures ecológicos de Elorrio o verdura local. Su rutina empieza temprano. “A las seis y media de la mañana me levanto y voy a por la fruta a Durango, la elijo y la llevo a la tienda”, explica. El panadero, por su parte, entra directamente al local de madrugada y deja el género preparado antes de la apertura.

Servicio esencial

La apertura de la tienda ha tenido un impacto inmediato, sobre todo entre la población de mayor edad. Mallabia cuenta con un número significativo de personas mayores que, durante años, se han visto obligadas a desplazarse a Ermua para cualquier compra. “Hay gente que no tiene posibilidad de moverse todos los días”, señala Allende, que percibe el agradecimiento diario de su clientela. Aunque las compras grandes siguen haciéndose fuera, la tienda se ha convertido en un punto de referencia para el día a día.

El trato cercano es una de las claves del negocio. “Como siempre es la misma clientela, les conozco de sobra”, comenta. Asegura mantener una relación “muy buena” con los vecinos y reconoce que ese vínculo es uno de los principales motores para seguir adelante. También los más pequeños han hecho suyo el espacio: por las tardes, la tienda se transforma en una improvisada ‘txutxe denda’, ante la falta de otros puntos de encuentro para la infancia.

El modelo se apoya en una colaboración público-privada: el Ayuntamiento aporta el local y establece una renta baja, mientras que la inversión y la gestión corren a cargo de la comerciante. El establecimiento abrió oficialmente el 13 de enero tras un fin de semana de reorganización y traslado. “Va bien”, dice con prudencia.

“Solo puedo dar las gracias a toda la gente que viene”, concluye, consciente de que, en un pueblo pequeño, una tienda es algo más que un lugar donde comprar.