"Ahora el tiempo es mío": la sorprendente segunda vida de Cristina que está inspirando a toda Bizkaia
Un descanso lleno de vida en el caso de esta vecina de Mungia que es todo un referente entre las mujeres
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Cuando Cristina se jubiló, tras muchos años trabajando como funcionaria de aduanas, fueron pocos los que pensaron que por fin descansaría y se tomaría una jubilación más relajada.
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Quien conoce a esta mujer sabe que no puede estarse quieta y que para ella la jubilación solo significaba tener más tiempo para lo que quería realmente hacer. Un tiempo que décadas atrás estaba lleno sobre todo por sus obligaciones familiares con cuatro hijos y un trabajo rutinario.
Pero no es que la vida de Cristina Mayor no estuviese entonces llena. Todo lo contrario: cuatro hijos, una casa siempre llena de ruido y olor a comida recién hecha, el día a día en su trabajo como funcionaria… “De los tacones al delantal”, como ella suele decir.
Pero nuestra protagonista, al mirar hacia adelante, sentía que su historia no había terminado. Que aún tenía mucho que dar. Solo hay que ver su vitalidad y su fuerza para saber que lo iba a lograr y que iba a vivir una jubilación activa.
“Ahora tengo tiempo y ese tiempo es mío”
Porque Cristina nunca entendió la vida como un tiempo de esperar. Para ella, vivir siempre fue moverse, hacer, acompañar, escuchar. Cuando sus hijos crecieron y tomaron su camino, ella no sintió ese vacío silencioso y ese hueco que dejan los años dedicados a los demás.
En su caso tenía muy claro que ahora llegaba su momento; el momento de llenar sus días de propósito y nada mejor que hacerlo al frente de una lucha que para ella siempre había tenido sentido: los derechos de las mujeres. “Yo siempre he sido muy peleona desde que era niña y nunca me he podido quedar quieta o callada ante las injusticias que veía a mi alrededor, sobre todo si tenían nombre de mujer”, nos cuenta.
No de extrañar, por tanto, que Cristina sea una de las protagonistas de Erreferenteak, el proyecto colaborativo puesto en marcha por BBK Fundazioa con el fin de impulsar una nueva longevidad en Bizkaia y que será dado a conocer en una gala, abierta a todos, el día 29 de este mes en Mungia. Una nueva etapa en la vida donde la clave está en esas historias inspiradoras para la comunidad y donde se abre todo un abanico de oportunidad para todas las generaciones, no solo para las personas que comienzan este momento de descanso laboral.
Nuevos pasos buscando a los referentes
“Un espacio nuestro”
A lo que ahora dedica casi todo su tiempo Cristina (si es que tiene un hueco libre…) es a defender una fuerza imparable: la asociación de mujeres de Mungia DIZ DIZ que comenzó en el año 1996. “Es nuestro espacio propio, abierto a todos eso sí, donde podemos aprender, compartir y, sobre todo, apoyarnos”.
Lo que comenzó como una pequeña reunión se han convertido, con el tiempo, en un proyecto que cambiaría la vida de muchas mujeres del municipio. “Sobre todo aquellas que son inmigrantes o que por cuestiones de la vida se han quedado solas. Aquí tienen su hueco y a su familia”, comenta una orgullosa Cristina de la labor que hace el medio millar de mujeres que forman parte de esta asociación.
Empoderamiento femenino con nombre propio en Mungia
Hoy, Cristina es la presidenta de esta asociación. “Muchas de nosotras venimos de raíces fuertes, de mujeres que lucharon en silencio, y ahora nos toca volar y reivindicar nuestro espacio y enseñar a las nuevas generaciones qué implica todo esto”, recuerda.
Eso sí, como ella misma quiere dejar claro, no lo hacen en un sentido de lucha hacia la sociedad o hacia los hombres, sino como una manera de reivindicar el empoderamiento de la mujer. “Pese a que hemos logrado mucho, todavía quedan muchas parcelas por conquistar”, nos cuenta. “Tenemos que creer en nosotras —dice—. Ya hemos cuidado bastante de los demás, ahora toca cuidarnos a nosotras”.
Cada semana organizan talleres de lectura, teatro, yoga, música, baile, costura, pintura y también charlas sobre derechos, igualdad y hasta de redes sociales o de Inteligencia Artificial.
En su pueblo, todos la conocen. Cristina no pasa desapercibida: camina ligera sin detenerse, con el pelo canoso con estilo y una mirada viva; la de quien no puede estarse quieta, ni siquiera ahora que está jubilada.
Sin duda, todo un referente que siempre que puede echa una mano a quien lo necesita. Para esto, Cristina siempre tiene tiempo y lo hace sin dudar no por un reconocimiento social, sino por una fuerte convicción en lo que piensa, siente y hace.
“He aprendido que no hay edad para empezar algo nuevo”, repite a menudo durante nuestra charla ante la atenta mirada de su marido Koldo, ahora apoyando de forma leal e incansable a esta gran mujer. “Mientras tengas ilusión, la vida siempre tiene proyectos para ti. La edad no se mide en años, sino en ganas”, remarca al tiempo que ofrece un consejo a todos aquellos que estén cerca de la jubilación. "Si se goza de buena salud, mi recomendación es que piensen en aquella actividad que siempre les ha gustado o les motiva para empezar desde ese punto a construir su nueva etapa vital", defiende Cristina, que también apuesta por el voluntario como una bonita de manera de emprender esta nueva longevidad.
Llega el momento de despedirse y de que Cristina retome todo lo que tiene entre manos… que no es poco. “Yo no sé estar quieta y tampoco quiero. Cada día aprendo algo nuevo, conozco a alguien que me enseña, y me doy cuenta de que nunca dejamos de crecer”.
Y así sigue, día tras día, haciendo de su jubilación no un final, sino un inicio y todo un ejemplo para la comunidad con la unión de mujeres como fuerza inspiradora.