Tuve la suerte de que la profesora de etología de la Complutense, Joséfina Avila, había escrito la única tesis sobre una raza de pastoreo, la del Gos d’Atura catalán, y me animó”, recuerda Mariano Gómez (Bilbao, 1963). Logró becas del Gobierno vasco y de las diputaciones y se puso a recorrer todas las zonas pastoriles de Euskal Herria. Pateó trashumancias y trasterminancias desde el Gorbeia a Bardenas y desde Enkarterri a Pirineos en pos del Euskal Artzain Txakurra. Y no le falló el olfato.

Su tesis doctoral, recogida en el libro que acaba de publicar, trata sobre el Euskal Artzain Txakurra.

—Sí. Llevamos a cabo hasta estudios genéticos, tan de moda actualmente, pero por aquel entonces fueron de los primeros en Euskadi en los que se aplicó la reacción en cadena de la polimerasa. Así determinamos que realmente había una cantidad de perros suficientes con unas características morfológicas que se repetían de generación en generación.

“El Euskal Artzain Txakurra ha superado la fase crítica pero continuamos con las luces naranjas encendidas”

Recurrió usted, además, a otras fuentes. 

—Había datos desde principios del siglo pasado de perros que morfológicamente se parecían. Y fotos y pinturas anteriores. Se trataba de perros que anatómicamente se parecían al Euskal Artzain Txakurra. Así como ofrendas de pastores en algunas ermitas. Tuvimos la suerte de poder desenterrar algunos restos de perros con los que realizamos un trabajo de zoometrías, es decir, de medir esos huesos para ver si coincidían. 

Una raza con sus variedades.

—Existen dos grupos morfológicamente diferenciados. Por una parte el Gorbeiakoa, o Rojillo. Se trata de una raza diferente a cualquier otro perro de pastoreo europeo. Muestra muchas similitudes con razas muy antiguas que se remontan a la domesticación del perro. Los pastores de las estribaciones del Gorbea trabajan de forma mayoritaria con él.

¿Y la otra variedad?

—Se encuentra mucho más próxima a la familia de los perros de pastoreo europeos: es el Iletsua. Cercano al tronco que integran el Gos D’Atura, el Petit Berrier, el Labrit o el Bergamasco italiano. El Iletsua sí que tiene primos entre las razas de pastoreo europeas. 

¿De qué manera surgió el Euskal Artzain Txakurra?

—El concepto de raza es algo convencional. No han pasado suficientes años de evolución para que esos genes queden fijados. A nivel genético se pueden percibir muy bien las diferencias entre un perro y un lobo: son especies distintas. Pero claro, el chihuahua, minúsculo, y lobero irlandés, enorme, son perros, la misma especie.

El de raza es un concepto generado por el ser humano. 

—Efectivamente, el ser humano, al margen de las modas o la belleza, ha seleccionado animales en función de su utilidad. El pastor quería un perro que le quitara el trabajo sin dar importancia a la raza. Pero sucede que han ido predominando características que forman un patrón. La raza es resultado de un trabajo de selección y de una tradición.

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¿Existen más razas autóctonas de perros?

—Tenemos el Villano de las Encartaciones, otra joya de la ganadería vasca. Una raza que se creó porque era la herramienta imprescindible de los ganaderos de Enkarterri cuando subían al monte en otoño a recoger una de las razas bovinas autóctonas típicas de la zona, la vaca Monchina. Por instinto, el Vilano captura al ternero o la vaca. Es un perro de una morfología impresionante, de algo menos de cuarenta kilos. En Nafarroa y Araba un perro de caza sensacional que medio se perdió, el Pachón. Y un ratonero, también de Enkarterri, el Villanuco. O el mítico Urtxakurra que, de momento, no hemos podido recuperar aquí pero sí en otras zonas.

El que está de moda es el Border Collie.

—Es una raza estrella a nivel mundial. Al único perro que no ha conseguido anular del todo aún es al Euskal Artzain Txakurra. Si vas a Francia, en todos los campeonatos de perros de pastoreo solo ves Border Collie; en Italia, Border Collie; incluso en Catalunya. Aquí, gracias a ese hábito que tenemos de mantener nuestras cosas, y más cuando son buenas, los pastores siguen con el Euskal Artzain Txakurra. Es muy efectivo en su trabajo. 

¿Cuál es la situación actual del Euskal Artzain Txakurra?

—Ha superado lo que se conoce como fase crítica, que se produce cuando quedan menos de cien hembras en pureza. Pero seguimos con las luces naranjas encendidas. Técnicamente todavía se encuentra en peligro de extinción, porque aún se contabilizadan menos de mil hembras. No se trata de un proceso sencillo. Debe haber generaciones registradas de padres, abuelos y nietos en el libro oficial de la raza. Poquito a poco. En cualquier caso, la persona que quiera tener un perro en casa debe ser consciente de la responsabilidad que supone y estar dispuesta a cuidarlo con todas las consecuencias. Lo primero siempre, independientemente de la raza, es el cariño a los animales. l