“Nada. Esa fue la primera vez que sentí ese vacío en mi interior, sin saber que me acompañaría para siempre. Tenía 8 años y estaba en clase de matemáticas. Miré a mi alrededor, asustada. ¿Por qué no siento nada. Entré en pánico. Pensé que había algo roto en mí, un agujero por donde se escabullían mis sentimientos o un corazón enfermo. Desde pequeña supe que jamás debí haber nacido y que no había sitio para mí en el mundo. Así que siempre lo tuve muy claro: me tengo que ir, pensaba continuamente, me hacía sentir más tranquila, como si aún existiese la posibilidad de encontrar un pequeño hueco para mí”.
Al terminar los estudios de Bachillerato, Raquel decide romper con todo y mudarse a Barcelona, pero no será fácil sanar las cicatrices del pasado. A sus 19 años, Uxue Garai de la Vía compone un retrato desgarrador de la protagonista de su primera novela ya desde el prólogo. La escritora de Zalla compartió su amor por la música y la literatura, así como los desafíos de su precoz trayectoria en un encuentro organizado por la biblioteca municipal, donde avanzó que prepara nuevos trabajos. Qué mejor que pedir a los Reyes Magos literatura encartada.
¿Cómo ha resultado la experiencia de compartir las sensaciones del libro cara a cara con los lectores?
De los momentos más especiales de mi vida, no me esperaba recibir esta acogida tan enorme. Estar conectada con gente que se pudiera sentir a gusto hablando de ideas, sentimientos y pensamientos míos es una sensación increíble. Al final, no puedes evitar hablar de ti o de tus sentimientos porque cada obra siempre contiene un pedacito de ti. Lo traslado a la música, pintura o cualquier otro ámbito artístico. En este caso, de mí creo que tiene el vacío, que es el tema principal del libro. Siempre me he sentido muy identificada con él y escribir la novela me ha ayudado a saber gestionarlo y ver por dónde van los tiros.
Cenizas de amapola. ¿Por qué ha elegido ese nombre para el libro? ¿Qué representa?
“Creo que hay que dar visibilidad al suicidio trasladando la importancia de pedir ayuda psicológica”
Con la amapola me refiero en primer lugar a la resiliencia. Además, la asocio con la droga porque muchas provienen del opio. Las cenizas representan algo que ha surgido y ha acabado, porque no deja de ser el resultado de un fuego y eso se puede extrapolar a muchas cosas. Para la temática me inspiré, sobre todo, en gente de mi alrededor: amigos y vivencias propias y de otras novelas con el objetivo de dar reflejar problemas de la actualidad.
¿Cuáles?
Describo la violencia machista y, además, la llevo al otro terreno, también se produce en las parejas del mismo sexo. También describo el tabú en torno a la madre que experimenta cierto rechazo hacia su hija porque le recuerda a su maltratador. Y me da la sensación de que se habla más de otras adicciones y normalizamos que la juventud se emborrache todos los fines de semana.
La protagonista verbaliza a menudo que se siente “como si estuviera muerta”. Es terrible.
En parte porque cree que su familia no la atiende y no se acuerda de ella, excepto su abuela. Consideran que hablar de ideas o intentos de suicidio da ideas para que otras personas lo repliquen, pero creo que es todo lo contrario. Esta obra va literalmente de transmitir a las personas que están atravesando tan malos momentos y se lo hayan llegado a plantear que es una solución definitiva para problemas temporales. Me parece que hay que darle visibilidad porque es muy importante que la gente se conciencie y que se traslade la importancia de pedir ayuda psicológica.
Menciona en la novela también que las personas, los animales, incluso la música y la propia literatura pueden ser salvadoras.
“Se habla más de otras adicciones mientras normalizamos que la juventud se emborrache”
Creo desde pequeña que siempre va a haber al menos una persona que aporte algo de luz a tu vida. Los animales, lo mismo. De hecho, hace poco una persona que había leído la novela me contaba: me daban ganas de entrar y ayudar a la protagonista, pero me da la sensación de que los gatos hacen el trabajo mejor. Yo tengo dos gatos que son casi como mis hijos. Y, en cuanto a la literatura, las frases que encabezan cada parte de la novela hacen referencia a obras que he leído. Me encantan Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, Virginia Woolf, Gloria Fuertes, Idea Vilariño, Aixa de la Cruz…
Sorprende que a su edad plasme sin paños calientes cuestiones tan sensibles.
A menudo me dicen que les choca que una chica tan joven escriba sobre temas tan crudos, soy así, aunque en cada caso con situaciones y personajes diferentes. Estudio primero de lenguas modernas en la Universidad de Deusto. Después de Cenizas de amapola me puse con otra novela que no tengo pensado publicar, de momento. Estoy a poco de terminar una tercera que sí me gustaría lanzar.
Enkarterri vive un auténtico boom literario, tanto en ficción como en no ficción. ¿Cómo fue el proceso de publicación en su caso?
Es una suerte inmensa todo lo que está saliendo en estos últimos años en novelas, investigaciones, etc. Empecé a escribir Cenizas de amapola a los 17 años, con parones y sin estar segura de lo que quería después. Gente cercana inmersa en este mundo me decía que costaría que me publicaran por mi juventud y al tratarse de mi primera novela. Dije que sí a la primera que respondió ignorando que era de autoedición. Me sentí fatal, pensando que no había logrado nada, pero entonces otras convencionales se interesaron también.