Nación en 1944 en Sant Joan Les Fonds (Gerona), pequeña población muy cercana Olot y no fue hasta 1970 que llegase a Bilbao, aunque ha de considerársele más un hombre metálico y fabril que mediterráneo. No por nada al acabar su carrera en Barcelona le llegó una encomienda: ya con el premio extraordinario en sus manos le pidieron que pusiera en marcha, junto al historiador José Milicua, la Escuela Superior de Bellas Artes de Bilbao, luego convertida en facultad de la Universidad del País Vasco. Era 1970 y por fin la creación vasca, tan importante en la segunda mitad del siglo XX, tenía enseñanza universitaria para que se pudieran formar los futuros artistas.

Decía que, cuando se instaló en Bilbao (en una casa del barrio de San Francisco que nunca abandonaría, por cierto...), tuvo la sensación de entrar a vivir dentro de una fábrica. Ese paisaje fabril influyó en su pintura (en la década de los 70, las estructuras y macroestructuras industriales aparecieron con especial relevancia en sus composiciones, de fuertes y expresivos colores), pero también en su tesis doctoral, que analizaba la influencia de las formas industriales en el arte de la primera mitad del siglo XX. Pese al acento catalán que gastaba y las corbatas coloridas y estridentes (fue pasión ese asunto...) ya ven lo que le dije: más cantábrico que mediterráneo. El paisaje industrial fue uno de los motores esenciales de su mirada.

Cuenta su currículum académico que ocupó los cargos de decano de la Facultad de Bellas Artes de la UPV/EHU y que fue director del Departamento de Pintura. También ha de considerársele el alma mater de la revista Fabrikart, publicación que estrecha los lazos del arte con la tecnología y la industria, y de la que se sentía especialmente orgulloso.

Impartió, de manera ininterrumpida, la asignatura de Pintura desde 1970 a 2014 en la Facultad donde fue decano

En el ya muy lejano 1982 se la cruzó en el camino otra de sus pasiones más exacerbadas: los toros. Preparó el cartel de la Feria del Toro de Pamplona, incorporando desde entonces el mítico animal en obras de la denominada serie táurica, donde desarrolló subconjuntos dedicados a Ritos, Mitos, Eros y Thanatos, así como a la iconografía religiosa: toros con estructuras hirientes, cabezas con penetrantes miradas, retratos de toreros que reflejan las diferentes psicologías de los personajes captados por el pintor. “El arte, a todos los niveles, va dirigido al subconsciente. Para mí, el arte es llegar al corazón”, explicaba en una entrevista en Campusa, en el año 2000. Y no, no crean que era uno de esos hombres que dicen con mucha barba, serio, en fin. No por nada, en las noches de San Juan solía organizar “cenas afrodisíacas erótico-táuricas-ígneas”, también según sus propias palabras.

Era un hombre de alegre talante y de media sonrisa. Dirigió numerosas tesis doctorales y formó parte de tribunales, tanto de tesis como de titularidades y cátedras, pero si algo caracterizó su larga trayectoria como profesor de la Facultad de Bellas Artes es la impartición ininterrumpida de la asignatura de Pintura I desde 1970 hasta 2014, cuando se jubiló, a la edad de 70 años. “Dar clases me ha permitido estar en contacto con una juventud que siempre aporta algo, y que te obliga a poner en solfa muchos conceptos. Si no los hubiera tenido que enseñar no los hubiera puesto en claro”, decía, con el fuerte acento catalán que nunca perdió.

En 2006 fue el artista seleccionado este año para elaborar el cartel de las Corridas Generales de Aste Nagusia. El trabajo llevó por título Los toros entrando por la Ría de Bilbao. Nueve años después, en 2015. Luis Badosa fallecía, apenas un año después de haberse jubilado. Su paso por la Facultad, por el mundo fabril y por la plaza de toros de Vista Alegre dejó una huella indeleble, acorde al rastro de buen hombre que dejó a su paso.