Un salto accesible de diez centímetros al metro

El espacio entre el andén y el vagón imposibilita a los usuarios de sillas de ruedas el acceso a muchas estaciones

22.07.2021 | 00:23
Carlos Loizaga y Aitor Esturo sortean el espacio entre el andén y el vagón del metro en la estación de Deusto.

Carlos Loizaga se asoma al precipicio. "¡Cuidado, cuidado!", grita. Pone la marcha más alta, coge carrerilla y acelera todo lo que puede la silla. Consigue salvar el espacio pero, como es de esperar, no lo hace de la manera más grácil. Al aterrizar, se oye un kataplom que sacude el cuerpo de este experimentado piloto y su vehículo. Hoy ha tenido suerte. El vagón del metro estaba vacío, aunque asegura que "siempre hay que tener cuidado porque, como haya mucha gente al entrar, puedes atropellar a alguien y romperle la pierna".

Metro Bilbao iniciará un programa de prueba para reducir la distancia entre el vagón y el andén entre algunas estaciones antes de que concluya el año. Tras este primer proyecto piloto y tras evaluar los resultados, se podría actuar también en otros puntos de la red del suburbano. Así lo anunció hace unas semanas, tras reunirse con la Federación Coordinadora de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Fekoor). "Llevamos casi desde que abrieron el metro pidiendo que solucionen este problema", recuerda Aitor Esturo, responsable de Accesibilidad de Fekoor. Para ver de primera mano las dificultades a las que se enfrentan estas personas cuando quieren realizar un trayecto a través de la red de metro, DEIA acompañó a Loizaga, usuario de silla de ruedas y miembro de la organización, en un viaje desde Deusto hasta Algorta.

Carlos Loizaga. Foto: Oskar González

Está en la estación de Algorta, que a pesar de calificar como "difícil", no la incluye en su lista de las peores, en las que figuran Leioa y la temible Neguri, que tiene una diferencia de altura tan grande entre el convoy y el suelo que hace "imposible" el descenso. El filo no es una ciencia exacta. En algunas estaciones no supone demasiada complicación, pero en otras no hay manera de sortearlo. Loizaga tiene estudiada toda la línea de metro para saber qué destinos son accesibles, tarea que no ha sido nada fácil. La distancia no depende solo de la estación, ya que también cambia según la dirección. "No hay dos iguales", afirma.

Averías inesperadas

Para Loizaga, apretar los pulsadores de gel hidroalcohólico supone una auténtica pelea y para llegar hasta el botón del ascensor necesita los dos brazos. Sin embargo, apunta que este es uno de los problemas menores de los elevadores. "Yo entiendo que se averían como el que tienes en casa, lo grave es que no lo notifican bien. En la página web tienen un apartado que informa de la situación de todos los ascensores de línea de metro, pero se actualizan muy tarde. Muchas veces llegas y lleva un rato averiado y no han publicado nada en Internet, así que o vas a otra estación o vuelves a casa", explica.

"Ya conseguimos que las personas que van en silla de ruedas tengan prioridad absoluta en los ascensores, pero queda mucho trabajo por delante. Las personas con discapacidades físicas solamente tienen zonas capacitadas en el primer y último vagón, y hay veces que están ocupadas por gente con bicis o tablas de surf", denuncia el responsable de Fekoor.

Esturo también señala que otra de las desventajas que sufren estas personas son que las máquinas para cargar la tarjeta Barik y sacar billetes habilitadas para ellos, que son más bajas y cuentan con asistencia auditiva para quienes lo necesitan, solamente aceptan pagos con tarjeta de crédito y en metálico, pero sin la posibilidad de dar cambio. "No te impide ir en metro, pero es una complicación añadida que hace más desagradable la experiencia porque es otra cosa que tienes que llevar pensada de antemano. Una persona con discapacidad física que quiere coger el transporte público tiene que salir con una previsión de tiempo tremenda porque tiene que prever todos los contratiempos, como que el ascensor no funcione o haya cola para sacar billete en la única máquina de la estación que pueden utilizar. Al final salen como si fuesen a coger un avión", apunta Esturo.

Para facilitar sus trayectos en transporte público, Loizaga tuvo durante muchos años un trastero en el que guardaba una segunda silla de ruedas más compacta. "Salía de mi casa, iba en la silla grande hasta la lonja, que estaba al lado de la estación y me cambiaba de silla. Era muy peligroso porque cuando cambias de una silla a otra es cuando más riesgos hay de sufrir una caída, y como tenía que volver a casa para comer, hacía eso cuatro veces al día", explica.

"Al final todo esto te debilita a nivel emocional. Yo no quiero tener que avisar de que voy a entrar y que todo el mundo se gire a mirarme ni tener que pedir ayuda para subir al metro. Quiero poder entrar como los demás, sin llamar la atención", comparte. "Nosotros no luchamos solo por las personas de la asociación. Es para todos, es para ti mañana por si te rompes una pierna o por si tienes hijos. Además, la sociedad está cada vez más envejecida y estos cambios son necesarios también para facilitar la movilidad a las personas mayores", concluye Esturo.

"Las personas con discapacidad física salen de casa como si tuviesen que coger un avión"

Aitor Esturo

Responsable de accesibilidad de Fekoor


noticias de deia