Vamos a enseñar a los niños que las vainas no crecen en el supermercado”, explicó Iván Diego mientras ayudaba a un grupo de chavales a fabricar tiestos con materiales reciclados en la Herriko Plaza del núcleo urbano de Sodupe, en Güeñes. La feria Ekokultura puso ayer en valor los productos autóctonos inculcando al mismo tiempo la costumbre de reciclar a asistentes de todas las edades, fomentando, así el respeto por el medio ambiente. Productos y alimentos ecológicos, ropa, coches y plantas llenaron el recinto de una feria solidaria por partida doble. Y es que, por una parte, se recaudaron fondos para la iniciativa liderada por la cooperante Ana Zamorano con el objetivo de colaborar con un orfanato de Uganda. Y por otro, estuvo presente Elikagure, el proyecto municipal que reúne dinero destinado a comprar comida y objetos de primera necesidad a las familias de la localidad a quienes la crisis ha afectado en mayor medida.

Aunque la esencia rural pervive en Enkarterri “en la comarca también vive gente más urbanita que no cuenta con una huerta”, analizó Richard Diego, que ultima un museo del bonsái en Güeñes y fue uno de los participantes en Ekokultura. No obstante, casi cualquier lugar puede albergar una pequeña huerta, hasta los balcones. Para demostrarlo estuvieron presentes tomates, pimientos, guindillas, perejil o lechuga para que los niños plantaran en tiestos reciclados y se lo llevaran a casa. No muy lejos de allí, vestida con el tradicional kimono japonés, Mio Abiyosi realizó la ceremonia del té, que “transmite tranquilidad y belleza e invita a la meditación, además de los beneficios que ofrece el té verde para la salud: tiene vitamina C y viene genial para la piel”. Aunque a los más pequeños les costó acostumbrarse a un sabor diferente a los más predominantes en su entorno.

En la explotación de Emeteri Berasategi en el barrio de Samundi, en Alonsotegi, desde hace casi tres años cultivan en una superficie de 2.000 metros cuadrados al aire libre y otros tantos en invernadero alimentos ecológicos que están cosechando una buena aceptación. “Acudimos a alguna feria, pero nos manejamos sobre todo por el correo electrónico. Suministramos a grupos de consumo de Enkarterri y también a clientes de Bilbao y los alrededores”, narran sus responsables. A priori el calificativo ecológico acarrea un aumento del precio, sin embargo “hay que tener en cuenta que todo cuesta más y el desarrollo de la planta no es igual”.

Tampoco la lana artesana que Aitor Baztarrika llevó desde Zarautz se parece al resto. “Teñimos con tintes naturales sacados de vegetales y no solo calcetines y gorros para invierno: en verano tejemos turbantes, cintas para el pelo y faldas”, describió. Las hermanas Cirarruista también han viajado de alguna forma al pasado para ofrecer a los niños “juguetes que despierten su imaginación y creatividad”. Son artículos “confeccionados en madera para todas las edades”. Los chavales pudieron también deslizarse en tirolina o crear sus propios complementos con retales de tela.