Sestao. El sky line de Sestao cambiará profundamente en los próximos meses cuando se consume la demolición de las instalaciones y edificios de la empresa cementera Atlántica de Moliendas y Graneles que desde 1915 se ubicaban en el barrio de Galindo, a caballo entre la localidad y la vecina Trapagaran.
La empresa ha solicitado ya en ambos consistorios la licencia de demolición, cuyo plazo de ejecución durará apenas cuatro meses y cuenta con un presupuesto de ejecución material de 354.210 euros. Del ICIO (Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras) del proyecto, el 72% se liquidará en Trapagaran y el resto en Sestao.
Atrás quedarán entonces cerca de 100 años de historia de esta planta surgida al calor del crecimiento experimentado por las poblaciones del Bilbao metropolitano, y de las necesidades edificatorias y estructurales de grandes empresas de la comarca como Altos Hornos de Vizcaya. Con su derribo se perderá para siempre la apabullante presencia de los enormes silos cementeros -hoy día sustituidos por las modernas instalaciones que la empresa posee en Punta Sollana (Zierbena)- , así como otros siete edificios, un depósito de aguas y una caseta de báscula, lo que permitirá liberar cerca de 7.050 metros cuadrados de terreno.
Construcción Obra del ingeniero industrial José Cadet, que diseñó dos hornos y un depósito para la caliza cocida o clinker, su propuesta "destacó en su momento por la utilización estructural del hormigón armado, una de las primeras de la arquitectura vizcaina", tal como se reseña en la guía de arquitectura urbana del municipio elaborada por el arquitecto y urbanista Gorka Pérez de la Peña. La empresa sufrió una primera ampliación en 1919, con la construcción de otros dos hornos, a la que siguió en 1961 la obra desarrollada por Enrique Riera para adaptar la planta a los nuevos procesos de fabricación. Ya en 1967, se llevó a cabo la última adaptación bajo la denominación Industrias del Cemento-Viguetas de Castilla.
Un portavoz de la empresa destacó que las ruinas industriales carecen de valor histórico o arquitectónico, y situó el derribo de estas instalaciones en "la necesidad de evitar riesgos innecesarios, dado su actual estado de abandono". En los últimos años, la cementera ha visto cómo los amigos de lo ajeno han campado a sus anchas por sus instalaciones e incluso se han llegado a producir ocupaciones temporales por parte de personas sin techo y transeúntes.
Incluso, a finales de 2011, una de las naves sirvió para que agentes de varias policías locales de la comarca y de Protección Civil participaran en un simulacro de extinción de un vehículo en llamas.
Renfe Los edificios de Atlántica-Galindo se ubican en una parcela con una superficie cercana a las 1,6 hectáreas que linda con el eje del Ballonti (BI-646) y el arroyo Galindo, con el trapagarandarra barrio de Galindo y con la línea de ferrocarril y la estación de Renfe de la línea Abando-Muskiz.
Precisamente, la cercanía del edificio de oficinas de la fábrica -un rectángulo de 58 metros de largo por 10 de ancho y 8,7 metros de altura- que discurre en paralelo a la vía e incluso forma el cierre norte del andén, es la mayor dificultad de la obra ya que exigirá que el derribo se realice en horario nocturno con el corte del servicio.
La obra se verá afectada también por la cercanía de la nave de carbones a la zona de servidumbre el eje del Ballonti, lo que obligará a ocupar el arcén exterior de la carretera en la zona a demoler. La demolición de esta fábrica, por la que han pasado varias generaciones de trabajadores, dejará tras de sí 10.450 toneladas de residuos -sobre todo escombro- y un vacío en la arquitectura industrial de Sestao y Trapagaran.