Bilbao. Fue bautizada, en el cristiano de los conquistadores, como Ciudad de los Reyes, pero el pueblo llano mantuvo el nombre quechúa: Lymac o, como hoy se la conoce, Lima, la capital del Perú. Allí vela armas estos días Iván Fandiño (Orduña 1980), un hombre que también se rebeló a las imposiciones. O que, mejor dicho, se sobrepuso a ellas por el camino recto de un toreo clásico y poderoso que no siempre encontró el camino. Una y otra vez, Fandiño y su toreo se daban de bruces contra los molinos. Hasta que se hicieron gigantes...
Iván -Iván, El terrible como le han catalogado este año en el escalafón sus compañeros de viaje, testigos de la ascensión- ha actuado en 58 corridas a lo largo de la presente temporada, repartidas en España, Francia y Portugal, a lo que hay que añadirle otros cinco paseíllos en América, lo que significa un total de 63 actuaciones. Es, de largo, el año de su consagración. El año en que el hombre ha tenido que dejar más tiempo abandonado el campo charro donde le late la vida que le gusta: sobria, rodeado de animales bravos y nobles, junto a un puñado de amigos que le han acompañado en tan larga travesía al centro del corazón del toro, que hoy le adora y le admira.
Enhorabuena, Iván. ¡Insuperable!
Ha sido un año bueno pero que espero superar la próxima temporada.
¿Tiene la sensación de que este año ha sido el de la cosecha de tantos sacrificios sembrados?
No, tengo la sensación que he empezado a recoger, pero soy ambicioso y quiero mucho más, esto no es lo que soñé y no parare hasta conseguirlo. Además, no son sacrificios; es entrega a mi pasión, a mi ilusión.
¿En algún momento sintió que el camino emprendido -un corte de toreo clásico que no terminaba de romper...- era el camino equivocado? ¿Tuvo la sensación de que el santo le daba la espalda mientras a otros compañeros les iba de cara?
Siempre creí en mí, siempre tuve claro cuál era mi camino. Sabía que había atajos, pero también sabía que no iba a renunciar a mi ideal por llegar antes.
¿Qué le mide más como torero: el toro que rompe o el toro que exige? Este año ha demostrado poder con ambos...
El toro que rompe, el toro que te lo da más fácil, lo paladeas más, disfrutas de otra manera, pero cuando eres capaz de poder dominar y torear al que te exige, la paz interior que te da es muy satisfactoria... Digamos que uno de cada en cada corrida.
Bilbao le abrió algunas de las primeras puertas pero siempre con recelo, ofreciéndole corridas duras y en los carteles de cola. ¿Qué siente hacia aquella actitud: cierto resquemor, gratitud a cuentagotas...? ¡Cuesta ser profeta en su tierra!
Resquemor nunca, no soy rencoroso. Prefiero sentir gratitud; sobre si fueron justos o no conmigo, prefiero que lo juzguéis vosotros. En cualquier caso prefiero ser hombre agradecido. Sobre lo de ser profeta... En Bilbao me está costando mucho, pero llegará... ¡No lo dudes!
Ha colocado el listón en las nubes. ¿Teme más la exigencia de la afición la próxima temporada, el cuerpo a cuerpo en los grandes carteles...?
No quiero parecer inmodesto, pero no temo a la afición ni a los compañeros; temo al toro, que es el que me va a medir. Temo no ser capaz de pasar esa raya donde llega el triunfo o el dolor de la cornada, de defraudar a la gente que cree en mí y lo que es peor, de defraudarme a mí mismo.
¿Qué opinión les merece el G10, con la reivindicación de los derechos de imagen y la intervención de manera más directa en la gestión? Mi opinión importa poco. Un grupo de compañeros se unieron, ellos sabrán para qué, y ellos sabrán lo que consiguieron. Me enseñaron de pequeño a no meterme donde no me llaman.
Fue testigo, en Zaragoza, del duro percance de Padilla. ¿Duelen y marcan las tragedias de los compañeros tanto como las propias?
Duelen y engrandecen. Juan hizo más grande a la fiesta con su hombría; me siento orgulloso de ser torero, con compañeros como él.
¿Cómo y de dónde nace la vocación del toro en un niño de Orduña?
Me fui apasionando poco a poco. Si tengo que buscar un momento concreto puede ser en los encierros de Laudio, donde me puse delante de un toro por primera vez.
¿Cuánta fatiga produce tener que ganarse los contratos casi a diario, consciente de que un par de traspiés encadenados impedían que se abriesen otras puertas?
Es duro, pero gratificante, y hace que sientas lo que te ganas. Nadie me regaló nada. Lo poco que tengo es mío: se lo debo a mi espada y mi muleta. El camino así lo ha querido y yo me siento orgulloso de que así haya sido.
¿Qué porcentaje del torero que es hoy se ha fraguado en las duras corridas del inicio?
Tampoco fue así del todo, siempre maté de todas; la diferencia es que ahora las mato cuando quiero y antes me las imponían.
¿Qué ve cuando mira al horizonte? ¿Cuál es la frontera que se ha marcado para 2013? ¿Tiene algún sueño por cumplir en este campo? Como hombre libre que soy, no me gusta ver fronteras. ¿Sueños? Todos. Estoy empezando.
¿Qué le dice al miedo cuando se lo encuentra cara a cara?
Que me embista, que aquí le espero. Como decía Celaya, si me embiste la muerte, yo la toreo...
¿Por qué se distingue entre el toreo de poder y el artístico? ¿No son dos cualidades del toreo único?
Así lo veo yo. ¿Cuál es uno y cual otro? ¿No es poderoso José Tomás? ¿No es artista Ojeda? ¿Quién lo dice?
¿Teme por el porvenir de los toros en Euskadi, habida cuenta determinadas corrientes abolicionistas? ¿Qué resulta más peligroso, los 'talibanes' del toro o la crisis que planea sobre todos los espectáculos?
No temo porque la sociedad vasca es, somos, plurales, libres, no prohibicionistas y el toreo está muy arraigado en nuestras costumbres. La crisis no es del toro, es del país.
¿Qué le diría a un joven que empieza y ha visto sus fatigas para hacerse un hueco?
Que es posible, que cuando sale el toro, eres tú el que decide y que donde llega un hombre, puede llegar otro.