Bilbao. El televisivo cocinero guipuzcoano David de Jorge logró preparar ayer en El Arenal de Bilbao el filete ruso más grande del mundo. El Robin Food de Hondarribia, se puso el delantal y, emulando al barón inglés de Loxsley que se escondía en el bosque de Sherwood, preparó al lado del Casco Viejo, apoyado por un equipo de chefs muy profesionales, un "filetaco" ruso de más de 400 kilos de peso. Las raciones, vendidas al precio de un euro, sirvieron para donar el dinero recaudado a los más necesitados a través de Cáritas Bizkaia.
La jornada se convirtió en una fiesta y, desde primeras horas de la mañana, el trasiego de personas fue constante en El Arenal bilbaino hasta el mediodía, con el estómago pidiendo a gritos un poco de sustento alimenticio. El aroma a carne a la brasa conquistó definitivamente la atención de miles de curiosos que aguardaron pacientemente las colas para comprar tickets y tener derecho a una ración de exquisito filete ruso. "Ha merecido la pena tanta espera, está muy rico", exclamaba Maite, una señora que, junto a su marido, siguió todo el proceso de elaboración de la descomunal hamburguesa y aguantó estoicamente bajo un sol de justicia. "Estoy encantado porque habéis puesto buen día y todo", exclamó al público De Jorge nada más llegar, al tiempo que saludó a sus numerosos fans con los populares gritos de "¡Viva Rusia!", "¡Aúpa Athletic!" y "Aupa Bilbo!".
aparición estelar Presentado por el speaker como "el cocinero más grande del mundo", De Jorge agradeció al público su presencia y ante semejante mole de carne -el filete ruso ocupó una superficie de 15 m2, pesó 400 kilos y tuvo un grosor de 2,5 centímetros- confió en las ganas de comer del respetable. "Espero que hayáis traído apetito", espetó el hondarribitarra.
Como la mayoría de récords, completarlos conlleva una gran dificultad. En este caso, el momento de mayor tensión se produjo al enganchar el eje de la grúa encargada de dar la vuelta al filete con los dos lados de la parrilla. Éste se dobló por el peso y, después de unos minutos, el equipo de ayudantes de David de Jorge consiguió repararlo, reforzándolo con un listón de madera para que aguantase y se pudiese completar la otra cara del filete.
Durante el momento de confusión, varios miembros del bloque antiespecista de Euskadi aparecieron en la improvisada cocina montada en El Arenal mostrando una serie de pancartas en las que se podía leer Los animales no son recursos, Hazte Vegano; ¡Liberación animal! y La carne es asesinato. Aunque desde la organización se intentó restar importancia al suceso, David de Jorge reaccionó con su habitual naturalidad y saludó con dos besos a cada uno de los integrantes de la protesta.
"Nosotros lo que pedimos es que se trate con respeto a todos los animales con capacidad de sentir", explicó Carlos García, portavoz del bloque antiespecista de Euskadi, que señaló que la protesta se debió a la "ostentosidad del acto" y, sobre todo, explicó que se podía haber optado por hacerlo de otra manera. "Podían haber optado por otra opción sin tener que matar animales, como por ejemplo, una parrillada de verduras", concluyó García.
Finalmente, el momento más esperado llegó a la 13.30 horas cuando los cocineros, después de ultimar todos los detalles, procedieron al reparto de las diversas raciones ante los aplausos de un público ya impaciente por probar el desenlace de la bilbainada.
Porrones y pan La tarea de repartir la comida no fue fácil debido al intenso calor que produjeron las gigantescas brasas y la dificultad para maniobrar una parrilla de semejantes dimensiones. Pero, al final, y tras la estoica espera, el numeroso público pudo degustar el sabroso pintxo, acompañado de un trozo de pan que unido a los porrones de cerveza, sidra y vino -diseñados expresamente para la ocasión- formaron una combinación perfecta.
En definitiva, pocos se fueron a casa con hambre con la cantidad de productos gastronómicos de primer nivel que se ofrecieron ayer en Bilbao. Entre tanta carne y los distintos puestos de la feria, en la que se pudieron degustar raciones de queso Idiazabal, patés, dulces, panes y vinos, la jornada resultó un culto al paladar con alimentos made in Euskadi.