El ambiente que se respira en la zona de llegadas y en la de salidas de un aeropuerto nunca tiene nada que ver. En contraste con las caras de alegría y emoción de quienes inician una aventura, están las de agotamiento y resignación de quienes regresan a la realidad. Incluso la forma de arrastrar las maletas es diferente. Y eso es precisamente lo que se pudo ver ayer, lunes, en el aeropuerto de Bilbao. En plena operación retorno de Semana Santa, la gran mayoría de los vizcainos regresaba a casa tras unos días de desconexión y, aunque los abrazos de quienes esperaban en la terminal hicieron la vuelta algo más amena, la "resaca viajera" era evidente.
El Lunes de Pascua, el aeropuerto de Loiu vivió uno de sus días de mayor intensidad operativa del año, alcanzando los 175 vuelos. Esta cifra puso el broche de oro a una semana frenética en La Paloma, donde el flujo de viajeros ha sido constante. El balance total de la Semana Santa indica que se han realizado 1.674 operaciones aéreas gestionadas entre el 27 de marzo y el 6 de abril. Un volumen de tráfico que ha puesto a prueba la capacidad del aeropuerto, con días de alta demanda como el Jueves Santo con 162 vuelos y el Viernes Santo con 163.
Historias tras las maletas
Más allá de las frías estadísticas de vuelos y operaciones, el aeropuerto de Bilbao fue ayer el escenario de regresos que, para muchos, ojalá hubieran tardado más en llegar. Entre el trasiego de maletas aparecieron Jon Fernández y Mari Carmen, quienes junto a sus tres hijos, Alkain, Danel y Ekaitz, aterrizaron tras siete días recorriendo Viena y Múnich. Para esta familia, el viaje dejó imágenes que difícilmente olvidarán, destacando por encima de todo la "limpieza impecable" de la capital austríaca. Además de la obligada parada futbolística en el Allianz Arena, remarcaron con especial ilusión su paso por la Escuela Española de Equitación de Viena, un plan diferente que, según confesaron, quedará para siempre grabado en su memoria familiar.
En otro rincón de la terminal de llegadas, el sentimiento era de nostalgia compartida. Aroa Rodríguez y Ainhoa Huizi cruzaban la puerta de salida tras vivir un viaje de reencuentro en los Países Bajos. Para ellas, el destino era lo de menos; lo importante era la persona que las esperaba al otro lado. "No ha sido un viaje de turismo al uso, sino una oportunidad para pasar tiempo con nuestra amiga, que vive allí desde hace un año", confesaban. Tras cuatro días en La Haya, la sensación agridulce de la despedida se mezclaba con la satisfacción de haber mantenido vivo un vínculo que la distancia, a veces, pone a prueba.
Por su parte, la familia formada por Susana Sobrado, su marido Sergio Manzanares, su hijo Arkaitz y su cuñado Álvaro, representaba la viva imagen del "sueño cumplido" tras aterrizar procedentes de Nueva York. A pesar del evidente agotamiento tras cruzar el Atlántico, la satisfacción de haber disfrutado de unos días en la Gran Manzana compensaba cualquier rastro de sueño. "El vuelo de vuelta dura las mismas horas que el de ida, pero desde luego no se vive con la misma emoción", admitía Susana con una sonrisa de resignación, consciente de que apenas tenía tiempo para deshacer la maleta antes de incorporarse, esta misma noche, a su turno de trabajo.
Mientras la mayoría buscaba la salida, otros pocos caminaban en dirección contraria hacia los mostradores de facturación. Fue el caso de Vanessa y sus hijos, Axel y Adiya Sánchez, quienes iniciaban su particular aventura hacia Alemania. Aprovechando la semana de Pascua, pusieron rumbo a Stuttgart para reencontrarse con el padre de familia, que se encuentra allí trabajando.
Así, entre maletas que volvieron cargadas de recuerdos y otras que partieron llenas de ilusión, Loiu ha cerrado una Semana Santa que ha consolidado al aeropuerto de Bilbao como un nodo internacional de primer nivel, capaz de gestionar con éxito el tráfico aéreo intenso.
La sombra de la huelga
Sin embargo, esta Semana Santa no ha estado exenta de incertidumbre. La huelga convocada por los trabajadores de la empresa Groundforce ha mantenido en vilo a los viajeros durante toda la semana. Sin embargo, el impacto ha sido limitado; más allá de retrasos puntuales en las jornadas de paros, la operativa ha logrado mantenerse a flote, permitiendo que la inmensa mayoría de los planes vacacionales se cumplieran según lo previsto.