Mientras los historiadores transmiten grandes hechos, la vida cotidiana, los susedidos y peripecias anónimas, pasan desapercibidas. Más aún si se trata de mujeres. “Yo he querido acercarme a la historia de las mujeres olvidadas, las que no han destacado políticamente, ni en el ámbito de la ciencia, del arte, de la literatura…, y que forman parte de la inmensa multitud, cuya riqueza está en su resistencia al desaliento, en su bondad y cordialidad, en su valoración de la vida y de la solidaridad”, ilustra esta plentziarra afincada en Bilbao para poner en valor esas intrahistorias que moldean sus relatos. Su último libro lleva por título Zarzas, raíces y frutos de la memoria.

Zarzas, raíces y frutos. ¿Qué simbolismo quiere transmitir con esas tres palabras?

Las zarzas simbolizan el dolor y las heridas de la vida. La inmensa mayoría de la gente sencilla ha tenido que hacer frente a esas situaciones improvisando respuestas nada fáciles y alejadas de la desesperación. Las raíces hacen referencia a tradiciones que permanecen vivas, aunque frecuentemente la gente no valora, ni conoce su significado. Son las que dan color y sabor a la vida de una comunidad humana. Nuestro desarrollo son las ramas que van surgiendo a lo largo de nuestro caminar. Y los frutos son la cosecha formada por el acierto de las decisiones tomadas, es decir, nuestra aportación a la vida personal y social. Toda esa intrahistoria queda guardada en nuestra memoria y configura nuestro modo de ser. A veces, sufrimos y hacemos sufrir con las espinas, pero también gozamos y hacemos gozar con los frutos de nuestras vidas.

En sus libros las mujeres tienen un protagonismo especial. ¿Alguna razón?

Quizá, la primera respuesta sería “porque soy mujer” y me sitúo en la vida en esta perspectiva. Pero, además, considero que están menos representadas en la sociedad que los varones, a pesar de todo el cambio que viene sucediendo desde hace tiempo. Yo he querido acercarme a la historia de las mujeres olvidadas: las que no han destacado políticamente, ni en el ámbito de la ciencia, del arte, de la literatura…, y que forman parte de la inmensa multitud cuya riqueza está en sus resistencia al desaliento, en su bondad y cordialidad, en su valoración de la vida y de la solidaridad. 

Y la imprenta...

Han sido invisibilizadas o poco atendidas en relatos sociales e históricos.

Los hechos son innegables y rotundos. Christine de Pizan, en plena Edad Media, se dirigía a Dios con la interrogante de por qué, el Señor, le había dado ese cuerpo de mujer. Se refería a que por ser mujer no podía publicar ningún libro, porque nadie iba a hacer una copia del mismo. Con la imprenta, los impresores se negaron durante años a imprimir un libro de una mujer, aunque esta se llamara Teresa de Ávila. Solo la presión e insistencia de Fray Luis de León a su favor consiguió una primera edición de sus obras, que se agotó en pocos meses. Pero la imprenta había trabajado más de 100 años antes de atreverse a publicar una obra escrita por una mujer. Las novelas, los relatos son cauces muy adecuados para mostrar esa vida vivida y que no se pierda, esa experiencia desatendida por la Historia a la que no le interesan las vidas particulares.

"Ojalá hoy día se supere esta migración a la ciudad y se den las condiciones para vivir en el campo"

Alazne Díez Muñiz - Antropóloga, socióloga y escritora

En sus relatos se suceden pasajes ambientados en lo rural y en lo urbano. ¿Desde cuál de ambas esferas se construye la memoria colectiva?

Una gran parte de los relatos que yo presento son protagonizados por mujeres que han llegado del campo a la ciudad. Estos procesos no han sido fáciles y han dado lugar a situaciones críticas de adaptación como las que recojo en el libro sobre los migrantes que han llegado de fuera. Ojalá hoy día se supere esta migración a la ciudad y se den las condiciones para vivir en el campo.

¿Cree que la memoria de las mujeres mayores se valora lo suficiente en nuestra sociedad actual?

No tengo la impresión de que hayan sido valoradas las mujeres mayores. Nos ha faltado una Historia oral. En Euskadi hemos puesto toda la atención en las personas mayores cuando se trataba de estudiar el euskera. Ha sido una tarea que ha logrado un alto nivel de especialización. Es un hermoso trabajo el que se ha realizado. Pero hay otras dimensiones que no se han trabajado con la misma precisión y conciencia. La mujer es mucho más que lenguaje y hay que arriesgarse a penetrar en su mundo vivido, sufrido y manifestado de forma ejemplar. Es lo que he intentado rescatar en varias de mis obras.

Costumbres y tradiciones

Incorpora abundantes datos, hechos históricos, costumbres, leyendas… ¿cuál es el objetivo de aportar todo ese conocimiento?

Al aportar el conocimiento de costumbres, leyendas, datos históricos, he pretendido explicar la historia en la que viven y han vivido las generaciones anteriores. Me interesan las raíces, el magma donde se sitúan los personajes, todo lo que ayuda a entender su vida. Y me encanta que el lector conozca la ciudad, sus grandes monumentos, su vida, sus tradiciones…

"Me interesan las raíces, el magma donde se sitúan los personajes, todo lo que ayuda a entender su vida"

Alazne Díez Muñiz - Antropóloga, socióloga y escritora

La transformación social también se adivina en las páginas de su libro…

Cuando se da una transformación social en las formas de vida y este proceso se realiza sin memoria, falta algo esencial. La memoria es la que da sentido a la transformación social. ¿Cómo se puede entender que la sociedad vasca ha cambiado en sus formas de vida cuando se desconocen las formas de vida pasadas y el mismo proceso que nos ha llevado a la actualidad? Es vivir una historia sin tener en cuenta el sentido de la historia. Esta sería una pobreza cultural lacerante.

Un mensaje o una idea que le gustaría que la persona lectora se llevara tras terminar el libro.

Las protagonistas de mis obras podrían gritar: “No os deis por vencidas”. “El fracaso más hiriente es no intentar resolver un problema”. “Todo tiene una solución y hay que tener el coraje suficiente para buscarla”. “Hay más fuerza en vosotras, mucha más que la falsa conciencia de que nada puede cambiar”. Me gustaría que mis libros contribuyeran a una mejor valoración de las mujeres, de su papel en la sociedad y su forma de ver el mundo.