No todos los días se soplan 107 velas. Mucho menos rodeada del cariño de amigos y cuatro generaciones de una misma familia. Así celebró el pasado 30 de enero su cumpleaños Adela Sadia, en la residencia IMQ Igurco Zorrozgoiti, en Bilbao.

La jornada fue una auténtica fiesta. Dantzaris del grupo Ibai-Arte Dantza Taldea de Zorroza pusieron ritmo a la celebración; los magos Óliver y Liuba arrancaron aplausos y carcajadas; y el músico vasco Kepa Junkera, siempre vinculado a iniciativas solidarias, quiso acompañar personalmente a la homenajeada. No faltaron las canciones, los regalos, las palabras bonitas… ni, por supuesto, el inevitable Cumpleaños Feliz coreado por familiares y amigos.

"La mejor abuelas que se puede tener"

Entre los asistentes estaban sus hijas Marisa e Inés, sus nietos Rubén y Daniel, y sus bisnietos Iraide, Markel y Nahia. "Mi abuela ha sido una mujer luchadora. Nunca ha querido dar trabajo a nadie, aunque luego nosotros le dábamos mucho pidiéndole que nos cosiera dobladillos o pusiera cremalleras. Le encanta coser y leer; puede pasarse horas haciéndolo. Nunca se queja, nunca critica a nadie y todo el mundo le vale. Para mí, es la mejor abuela que un nieto podría tener", señaló su nieta Olaya Dotor López

"Mi abuela ha sido una mujer luchadora. Nunca ha querido dar trabajo a nadie, aunque luego nosotros le dábamos mucho pidiéndole que nos cosiera dobladillos o pusiera cremalleras"

De Zamora a Bilbao

La historia de Adela comienza lejos de Bilbao, en Moraleja del Vino, Zamora, donde nació el 30 de enero de 1919 en una familia humilde de ocho hermanos. Allí conoció a Atanasio, su futuro marido. Se casaron cuando ella tenía 24 años y comenzaron juntos una vida de mudanzas, impulsadas por el trabajo. Primero León, después de nuevo Zamora para el nacimiento de sus dos primeros hijos, más tarde Sevilla donde llegarían los otros dos.

En 1949, con la pequeña Marisa aún bebé, la familia puso rumbo a Bilbao. El empleo llevó a Atanasio a varias canteras de la zona minera, mientras Adela se convertía en una vecina querida en Altamira. Cuenta su sobrina Inés que Adela era un poco tímida y reservada pero que "lo daba todo por lo demás; lo suyo, para todos". Son frases que repite toda su familia.

Cuidó de nietos, acompañó a sus hijos cuando formaron sus propias familias y, durante años, se volcó en atender a su marido cuando enfermó de cáncer de laringe. Atanasio falleció en 2014, con 96 años. Adela siguió viviendo sola hasta que varias caídas la llevaron finalmente a trasladarse a una residencia cercana a su hija, y después a IMQ Igurco Zorrozgoiti, donde vive desde hace años.

Un homenaje "más que merecido"

Para el equipo del centro, la celebración fue mucho más que una fecha en el calendario. Su directora, Sonia Fernández, lo expresaba así: "Adela es una persona muy especial y cariñosa, profundamente querida por todos los que la rodean: profesionales, familiares y residentes. En la residencia llevábamos días esperando este momento con mucha ilusión, porque este cumpleaños es un homenaje más que merecido. A nivel personal, es muy emocionante poder acompañar celebraciones así, que dan verdadero sentido a nuestro trabajo, y compartir la alegría de quienes hoy se han reunido para celebrar la vida de Adelita, como todo el mundo la llamamos cariñosamente".

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Sin embargo, Adela no ha sido la única residente que ha superado la barrera de los 100 años. A su lado, compartiendo tarta, estuvieron Cecilia Jiménez, Carmen Cornide y Eloísa Pérez. Cuatro centenarias celebrando la vida juntas, un acontecimiento tan poco común como conmovedor.