La cita del Bernabéu se desarrolló más o menos como se esperaba. Al no haber nada en juego para los contendientes en el plano clasificatorio se asistió a un encuentro exento de picante y, cómo no, dominado sin alardes por el conjunto anfitrión. Los protagonistas intentaron no desentonar y no siempre lo lograron, si bien el asunto se animó ligeramente gracias a una generosa ración de goles. Fueron media docena en total y dos cayeron en la portería de Courtois. Uno con la firma de Guruzeta, algo habitual, y el segundo a cargo de Izeta. Acaso este sea el dato de mayor relieve de la noche a título individual, habida cuenta su infrautilización durante el curso. Esa pequeña consolación y el hecho de que el ariete titular superase su mejor registro rematador en la élite fue de lo poco destacable. Desde la óptica rojiblanca, el clásico únicamente sirvió para redondear una marca histórica de derrotas, pues engloba exactamente la mitad de las jornadas del campeonato liguero.

El partido solo se le pudo complicar a caballo del descanso a un Madrid más preocupado de agasajar a los futbolistas que dejaban su disciplina que de plasmar una versión acorde a su categoría: Guruzeta acortó distancias en la acción que cerraba el primer acto y en el inicio del segundo el Athletic acarició el empate con una doble oportunidad de Unai Gómez y Navarro. Luego, enseguida retomó la iniciativa el Madrid, amplió el margen para no volver a pasar apuros y todo siguió dentro del guion que cualquiera hubiera anticipado. 

Vivian, de nuevo al lateral

Para hacerse una idea del valor que se otorgaba al compromiso, señalar que Valverde, a pesar de las ausencias obligadas de gente que no suele faltar de salida, los Sancet, Nico, Berenguer y Yuri, optó por eludir situaciones indeseadas, contratiempos físicos se entiende, dejando en el banquillo e inéditos a Simón y Laporte, los mundialistas que figuraban en la lista. Además, a modo de remate de temporada, insistió en la ocurrencia de Vivian en el lateral derecho, pese a que viajaron a Madrid tres jugadores específicos de esa demarcación. Es de imaginar que buscaba más centímetros y kilos en la zaga, pues por lo demás la fórmula no parece la más idónea para sacar el balón de campo propio o el desdoblamiento del defensor por la banda mencionada. Estos detalles vinieron a reforzar la impresión de que en realidad todo daba un poco igual, siempre que el partido fuese por derroteros normalitos.

Y en efecto, al menos de entrada, todo discurrió como cabía prever. Aunque Arbeloa sí puso a varios mundialistas en el verde, incluido un Mbappé que fue la diana constante de los pitos de la grada hasta que marcó, y por supuesto a Carvajal y Alaba que se despedían, el clásico se jugó a ritmo de amistoso de pretemporada. El cuadro local tomó el control de las operaciones y con evidente parsimonia, sin apenas acelerar, tocando mucho en zonas no comprometidas, los minutos fueron consumiéndose sin lances reseñables. La excepción corrió a cargo del capitán local, quien desde su banda trazó un pase al centro del área y a la espalda de una zaga sorprendida por la irrupción de Gonzalo, hábil y certero para culminar ante un Padilla vendido.

Poco ritmo

Cierto que en el mismo arranque, Guruzeta demostró hallarse con ganas y avisó con una rosca demasiado cruzada, pero el problema fue que el Athletic contó con escasos turnos de posesión y nula chispa para romper líneas y amenazar a Courtois. El panorama invitaba a tirar de paciencia. Ante la ausencia de alicientes, era evidente que ni en un bando ni en el otro había excesivo interés por contribuir a un espectáculo vistoso o siquiera entretenido. No obstante, acaso porque la relajación iba contagiando a los protagonistas, antes del descanso hubo una serie de jugadas a reseñar.

Un chut de Thiago neutralizado por Padilla, un centro perpendicular de Galarreta que no alcanzó Iñaki Williams y confirmó la eficiencia de Courtois en el blocaje y, para cerrar este período, un par de goles más en un periquete. Una combinación preciosista de Thiago que clavó de volea Bellingham y otro remate contundente rubricado por Guruzeta, a servicio de su capitán. Con ese regusto más alegre se asistió al susto ya comentado en la reanudación y luego Mbappé logró redimirse y Padilla estuvo firme ante sendos intentos del inglés y del galo.

Homenajes

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La cosa adquirió un tono más pachanguero aún a raíz de la sustitución de Alaba y qué decir cuando el relevado fue Carvajal, a quien hasta se le hizo un pasillo en el que colaboraron los rojiblancos. En medio, también Valverde aprovechó para refrescar filas y de paso otorgar unos minutillos a gente que dejará en breve la entidad: Lekue, Izeta y no extrañaría que Vesga, pese a que aún tiene un año de contrato. Que conste que el primero que intervino en un cambio fue Gorosabel, en el intermedio, por un Yeray con un tobillo maltrecho, cortesía de Bellingham que no midió una entrada sin sentido alguno por la que fue amonestado.

El juego no experimentó variaciones significativas, el Madrid trató de evitar hacer kilómetros quedándose con la pelota más tiempo, lo cual se tradujo en minutos sin profundidad y pases constantes hacia atrás. Y cuando la cosa apuntaba a quedar como estaba, con un 3-1 que reflejaba con notable fidelidad lo acontecido, cayó una ración extra de gol. Brahim culminó a bocajarro una de las mejores combinaciones de los merengues y enseguida, la réplica. De nuevo, Iñaki Williams tuvo el temple y el tacto suficientes para servir al segundo palo, donde Izeta saltó y cabeceó picado con el alma, imposible para Courtois. Esto sucedió en el tiempo añadido en un evento que bien podría afirmarse que se celebró de principio a fin en tiempo añadido.