La revista Viajar ha puesto el foco en uno de los edificios más singulares del norte de la Península, situado en un enclave. Se trata del Palacio de Sobrellano, en Comillas, una villa costera de Cantabria que se encuentra a poco más de hora y media de Bilbao y que destaca por conservar uno de los conjuntos arquitectónicos más llamativos del siglo XIX.
El palacio es una auténtica joya del neogótico y fue diseñado por el arquitecto catalán Joan Martorell por encargo de Antonio López y López, primer marqués de Comillas. El objetivo era levantar una residencia de verano que sirviera tanto para el marqués como para la Familia Real, y que estuviera a la altura de la nobleza europea de la época. Las obras se desarrollaron entre 1881 y 1888, en un momento de gran esplendor económico e industrial.
Un palacio pionero
El artículo destaca un dato singular que ayuda a explicar el aura de modernidad que rodeó al palacio desde su nacimiento: “fue el primer edificio con electricidad en todo el Estado”. La descripción se detiene en su imagen exterior, poniendo el foco en “su espectacular fachada, realizada con piedra de Carrejo” y en las “galerías abiertas en el segundo piso”, decoradas con columnas rematadas “en forma de flor de lis, coronas o caballos alados”, una ornamentación que refuerza esa voluntad de sorprender. Dentro, el texto resalta “la solemne escalera de alabastro”, iluminada por “una claraboya de vidrieras policromas”, además de “las espléndidas chimeneas”. A esa riqueza interior se suma una referencia que enlaza Comillas con uno de los nombres más universales de la arquitectura. Según el artículo, parte del mobiliario “fue diseñado por Antoni Gaudí”.
Una catedral en miniatura
El conjunto no se entiende sin el edificio que se alza junto al palacio. “A un lado del palacio se erige la Capilla-Panteón”, señala el texto, explicando que fue concebida “como una catedral en miniatura” y que cumple “a la vez las funciones de mausoleo y templo”. Además, precisa un momento histórico que refuerza el peso simbólico del lugar: la capilla fue “consagrada en 1881 durante la visita del rey Alfonso XII y la reina María Cristina a la villa”.
Hoy, este rincón puede ser visitado por el público: “Ambos edificios están abiertos al público de martes a domingo” y permiten conocer su interior mediante “una visita guiada de una duración aproximada de 45 minutos”, lo que convierte la escapada en una opción redonda para cualquier persona.
Comillas
El atractivo, en cualquier caso, no termina en el Palacio de Sobrellano. Viajar recuerda que Comillas cuenta con “un rico patrimonio arquitectónico de herencia indiana” y apunta otro reclamo clave para completar la jornada: la Villa Quijano, proyectada por Gaudí y “popularmente llamada El Capricho”, “una de las pocas obras del arquitecto catalán que se encuentran fuera de Catalunya”. Con esa combinación, Comillas se consolida como un destino cercano a Bilbao que debería ser tenida en cuenta para cualquier plan familiar o de visita.