Bilbao - El conflicto de Rodríguez Arias continúa enquistado. Los vecinos que denuncian sufrir todos los fines de semana las consecuencias provocadas por el ruido y los altercados en la calle desde que se abriera en enero la discoteca Moma aseguran sentirse “cansados” y “ninguneados” por el Ayuntamiento de Bilbao. “No podemos más. Tenemos miedo de que llegue el jueves porque a partir de ese día ya se nos acaba el descanso. Así no podemos vivir. No podemos creer que permitan esto”, se lamenta Javier. Ante lo que consideran “inacción” del Ayuntamiento, la mayoría de los vecinos de Rodríguez Arias decidieron el pasado miércoles apartarse del proceso de mediación planteado por el Consistorio para intentar hallar una solución entre las partes.

Precisamente, la tarde-noche del miércoles, una treintena de residentes de la céntrica calle bilbaina acudió a un encuentro organizado por el Consistorio en la casa de cultura de Barrainkua. El objetivo de la reunión era dar conocer a los vecinos las claves del proceso de mediación puesto en marcha por el Área de Medio Ambiente. Jone, una de las mediadoras, intentó explicar en un clima hostil -los vecinos han llegado a su tope de paciencia- las posibles opciones que se desprenden de esta herramienta paralela al proceso legal que “continúa su curso y que resolverá los diferentes expedientes abiertos al local”. “De lo que se trata es de buscar las soluciones para que este problema acabe”, apuntó Jone. Pero, los vecinos no mostraron interés en escuchar más propuestas. “Lo que queremos es que se cumpla la ley y que la Policía Municipal actúe poniendo las multas y atendiendo las llamadas que los vecinos realizamos todos los fines de semana”, cortaban insistentemente.

Los datos proporcionados en una comparecencia por el concejal de Seguridad Ciudadana, Tomás del Hierro, que cifran en 137 las quejas vecinales en cuatro meses crisparon sobremanera a los presentes. “Nos toman por tontos”, dijeron. “Podrían ser cientos, miles las quejas. Pero solo registran algunas para intentar quitarle importancia a un problema muy grave”, aseguraron.

La historia se repite Vómitos, orines, botellón, peleas... Gente y más gente y mucho ruido. Según relatan los vecinos, la historia se repite todos los fines de semana y por eso el enfado, lejos de calmarse crece a medida que pasan los días. “Estamos hartos. No se puede permitir el ruido que se monta todos los fines de semana en esta calle”. La mayoría de los asistentes lamentó que el problema perdure en el tiempo y que el Consistorio bilbaino pretenda dilatar el conflicto a costa de la salud de los residentes. “¿Qué más tenemos que hacer para que nos hagan caso?”, lanzaron.

Los afectados decidieron dejar de participar en el proceso de mediación porque no entienden para que sirve aplicarlo en un conflicto de estas características. “¿En qué podemos ceder los vecinos. ¿Tomándonos un valium para dormir?”, plantea Javier. Por su parte, Alberto, otro de los afectados, dejó claro que no tiene intenciones de sentarse con los propietarios de la sala de fiestas. “No tenemos nada que tratar con ellos”. Mientras, una de las vecinas afectadas que vive en el número 68 de Rodríguez Arias dijo no confiar en la vía judicial, pero en cambio considera que la mediación puede resultar “positiva para lograr algo que les beneficie”.

Lo que sí están detectados son los focos del problema. Por un lado, el ruido interior que afecta al hotel Ilunion, y por otro, el exterior. El director de Ilunion, Álvaro Díaz Munio, preguntó por qué la discoteca solo cuenta con cinco expedientes cuando todos los fines de semana la sala supera los decibelios permitidos. “Que hagan cumplir la ley. Si la incumplen que se les sancione. ¿Por qué no se hace?”, repitió.

En lo que al problema en la calle se refiere, los vecinos afectados aseguraban que no se trata de aumentar los agentes en la zona sino de que los que están “sancionen”.