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Crecer en otro huso horario

Kobi Naseck, Juan Pablo Fernández y Loor Mohammad, tres de los 300 alumnos y profesores internacionales que el campus bilbaino de la Universidad de Deusto recibe este semestre, emprenden esta nueva experiencia ilusionados

Crecer en otro huso horario

Cuando peinen canas y echen la vista atrás, recordarán su estancia en Bilbao como una experiencia vital extremadamente enriquecedora. Y no porque sea la capital vizcaina -que también- sino porque toda estancia en el extranjero ayuda a ampliar horizontes y ver el mundo de forma distinta. Ensanchar el alma sumergiéndose en los hábitos de un país de otro huso horario permite entender lo poliédrica que puede ser la existencia humana. Por eso, cuando un estudiante de intercambio realiza un trayecto en metro escudriña cada detalle de un modo de vida que le es ajeno, sin saber quizás que en unos meses formará parte de esa estampa cotidiana que deberá abandonar no sin pesar.

Kobi Naseck es un estudiante estadounidense de 20 años que ayer mencionaba la importancia de “tener una perspectiva diferente”. Él es uno de los 300 alumnos y profesores internacionales que el campus bilbaino de la Universidad de Deusto acogerá este semestre. Hasta 56 nacionalidades diferentes se congregaron ayer en el paraninfo de la institución académica, donde José María Guibert, rector; Álvaro de la Rica, vicerrector de Relaciones Internacionales, y Asier Abaunza, concejal de Planificación Urbana del Ayuntamiento de Bilbao, recibieron a los jóvenes de diferentes programas de intercambio, a los que después se ofreció un tour.

Lleva en Bilbao unos pocos días pero ya está desechando algunas creencias populares. “En Sudamérica existe la percepción de que los europeos son más fríos, pero me he llevado una impresión contraria, la gente es muy amable”, comentaba Juan Pablo Fernández, estudiante procedente de Santiago de Chile, que había oído hablar de Bilbao por “sus puentes y su arquitectura”. Una idea similar exteriorizó Kobi: “Conocía el Guggenheim y sabía que era una ciudad moderna. De los vascos existe un mito que dice que son muy fuertes”.

Aunque no haya ganado la resonancia de Madrid o Barcelona, Bilbao se gana a los estudiantes con la gastronomía y la cultura vasca. “Sabía que el euskera era muy difícil pero voy a intentar aprender algo”, afirmó con certeza Juan Pablo. “Calle es kalea, ¿no?”, preguntó por su parte Loor Mohammad, una estudiante de 22 años procedente de Amán en Jordania, haciendo gala de su poder de observación. La inmersión de costumbres que en principio están en las antípodas se garantiza con pintxos de por medio.

Mejor en pisos Los tres jóvenes tienen claro que para sacarle jugo a los próximos meses es mejor un piso que una residencia de estudiantes. “Estoy viviendo con una familia en Indautxu porque quería estar en contacto con gente local”, reveló el alumno tejano. También compartirá apartamento con un autóctono Juan Pablo, que a pesar de ser ingeniero cursará Turismo en Deusto, tal era su interés por venir a Bilbao: “He venido con mi novia, que es estudiante de Psicología, nos postulamos juntos. Hemos alquilado una habitación en un piso compartido con una pareja: ella es peruana y él es de aquí, así que nos cuenta cómo son las tradiciones”.

Muy cerca del campus, Loor comparte piso con otra amiga de Jordania. “Pero quiero hacer amigos de aquí”, puntualizó. No en vano, para esta estudiante de idiomas lo más importante es mejorar su castellano. “Lo entiendo mucho pero para mí hablar es complicado todavía”, exponía la joven que tiene interés en conocer cada recoveco de la ciudad. Con más soltura se expresa Kobi, que lleva diez años estudiando castellano y hace dos pasó un verano en Buenos Aires. “Es importante no solo viajar y visitar, sino vivir en un país extranjero para conocer bien la cultura y la gente”, revelaba con madurez este joven que seguirá las noticias que protagoniza el presidente de su país desde otro continente. Mientras tanto, vivirá al máximo esta experiencia, que seguro que también implica alguna salida nocturna.