CERCA del Parque de Bomberos de Miribilla resonó durante toda la mañana de ayer la sirena de algunos de sus camiones. Lo que en otras circunstancias hubiera supuesto un signo de emergencia, ayer solo lo era de celebración. En la jornada anual de puertas abiertas que el Cuerpo de Bomberos de Bilbao efectúa en torno a la celebración de la festividad de su patrono, San Juan de Dios, resultaba casi imposible distinguir entre profesionales y niños. Ayer todos eran bomberos.

Algunos se dejaron caer por el Parque por casualidad, aunque las prisas no les impidieron engalanarse para la ocasión. “Lo oímos en la radio y como justo este año nos habíamos disfrazado de bombero pues hemos venido”, contaba Alicia. Unos centímetros a la derecha, y bien agarrado a su ama se encontraba su hijo, que tras rescatar el traje de bombero que había utilizado en los últimos Carnavales, no era capaz de apartar la vista del camión que se encontraba aparcado en la entrada de las instalaciones. La lluvia no impidió que numerosos bilbainos, en su mayoría niños, aprovecharan la oportunidad de conocer esta profesión de cerca.

Algunos más madrugadores tuvieron la suerte de no encontrarse la larga cola que comenzó a formarse pasadas las 11.00 horas para poder subirse al camión de bomberos. Aunque, como la experiencia es una virtud, muchos padres decidieron dividirse para poder realizar todas las actividades. “Nosotros iremos a los hinchables y mi marido será el que se ponga a la cola para montarnos en el camión para no tener al niño esperando”, explicaba Alicia. Pero el sacrificio merecía la pena. Por unos minutos los más pequeños de la familia tenían la oportunidad de recorrer los alrededores del parque mientras los profesionales que les acompañaban hacían sonar la sirena. “Otra vez, otra vez”, pedían animados.

Dentro del Parque de Bomberos los grandes camiones dieron paso a los laberintos, los patinetes y los juegos. En la parte exterior todos querían subirse a la escalera y saludar desde lo alto a sus padres, que cámara en mano, no perdían la oportunidad de inmortalizar el momento. Aunque más de uno no podía evitar admitir que sentía un poco de miedo por la elevación que alcanzaba el artilugio. “Agárrate bien”, le advertía una madre a su hijo. Pero ayer no había miedo que valiera. Ni Ainhoa, ni Unai, dos de los muchos niños que se animaron a observar las instalaciones desde las alturas, admitieron sentir ningún tipo de temor. El de ayer se trataba del segundo año consecutivo en el que se atrevían a conocer los entresijos de esta profesión.

Otros, por el contrario, aprovechaban el día para probarse un verdadero traje de bombero. Mikel, de 6 años, posaba frente a su ama totalmente metido el papel con la chaqueta ignífuga y el casco, aunque este le tapaba continuamente la cara y no le permitía ver casi nada. “El traje me queda aún muy grande pero cuando sea mayor volveré aquí para trabajar como bombero”, explicaba convencido Mikel. En el exterior otros niños tenían la oportunidad de sujetar una de las mangueras, completando el look de bombero oficial.

Entre los encargados de facilitar esta experiencia, la mayor parte de ellos voluntarios, aunque mostrando la misma sonrisa que los niños durante toda la jornada, se encontraba Chus Romero. “Se te llena la cara de alegría al ver tanto niño aquí”, admitía este bombero.

Nuevos profesionales La jornada de puertas abiertas, que comenzó a organizarse a principios de los 80 en el Parque de Garellano, ha conseguido reunir cada vez más gente a medida que han pasado los años. El propio Chus dudaba ayer de que quedara algún bilbaino que no estuviera en ese momento en las instalaciones: “Cada año se apunta alguno más. Han faltado unos cuatro o cinco de venir, los demás están todos aquí”. Romero también plantea esta jornada como un beneficio para la plantilla de cara al futuro: “Quieras o no esto también sirve para reclutar nuevos bomberos, porque si se enamoran de la profesión desde tan pequeños, quién sabe, igual los tenemos aquí dentro de unos cuantos años”, argumentaba este bombero bilbaino entre risas.

Una vez la jornada hubo terminado a las 13.30 horas, padres, hijos y bomberos volvieron a sus puestos habituales. Aunque si hay algo que todos consiguieron sacar en claro del día de ayer es que “por un día todos quieren ser bomberos”.