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La ciudad de los colores

La joya del sur de Sudáfrica cierra las heridas del 'apartheid' y la desigualdad de la mano del diseño

La ciudad de los coloresFoto: Julia Badenes

Nelson Mandela fue el mayor diseñador de Ciudad del Cabo. El primer presidente negro de Sudáfrica no tenía ni idea, pero con él empezó todo. "El rediseño de la ciudad se inicia en 1994, con la herencia de una ciudad que había sido separada por el color de la piel. Ese año llega la democracia y todo se transforma; el objetivo es cambiar la visión de la ciudad y la vida de sus habitantes", explica Bulelwa Ngewana, portavoz de la candidatura sudafricana en la carrera con Dublín y Bilbao por ser Capital Mundial del Diseño en 2014. El matiz que subraya Ngewana no es trivial. En la documentación que la ciudad entregó para respaldar su candidatura, una frase preside una de las primeras páginas: "separados por el apartheid, reconectados por el diseño". Durante el gobierno racista blanco, el diseño de miles de carteles era tan básico como cruel: negros no. En playas, autobuses, restaurantes y barrios enteros las señales indicaban el espacio reservado para los blancos y limitaban los lugares permitidos a los no blancos. Ciudad del Cabo, conocida como la joya de Sudáfrica, quiere echar mano del diseño para cerrar las heridas del apartheid. La efeméride les va de perlas para apuntalar sus opciones: "El año 2014 marca el 20 aniversario de la democracia en nuestro país y ganar el título de Capital del Diseño Mundial sería especialmente significativo para nosotros", desliza Ngewana a este diario.

En realidad, el rediseño de la ciudad es hoy más necesario que nunca. En la capital legislativa de Sudáfrica, un 28% de sus casi cuatro millones de habitantes vive en asentamientos informales. En chabolas. En Ciudad del Cabo hay más de mil compañías creativas y a su escuela de diseñadores llegan alumnos de todo el continente, pero no solo se trata de diseño sin más. Se busca un arma que reduzca la tremenda desigualdad económica. Ngewana da ejemplos: "Aprovechamos el legado del Mundial para crear una red de transporte que conecte a barrios aislados e impulsamos proyectos de diseño dirigidos a los más pobres". En uno de ellos se diseñaron camas especiales para el reducido espacio de las chabolas que se reconvertían en muebles verticales durante el día.

Luego está la diversidad. En el centro de Ciudad del Cabo, a resguardo del mito de Robben Island, isla en la que estuvo preso Mandela 18 años, el barrio de Bo-Kaap es la esencia del cruce de culturas en el sur de África. En el barrio musulmán, las fachadas de colores chillones contrastan con el horizonte de rascacielos del centro. Incluso la mezquita se ha dado un baño de color verde mar. A un paseo, Long Street hierve de pubs de diseño y tiendas que rivalizan por lo más chic en sus estantes.

Para Mugendi M'Rithaa, profesor en la Universidad de Cape Peninsula y fundador de Design with Africa, la ciudad es la punta de lanza del diseño porque cualquier acción requiere de una utilidad. Nada de diseño decorativo. "Aquí se palpa el poder del diseño como herramienta de lucha contra el crimen, por la democracia o para mejorar las comunidades", dice. En Khayelitsha, el barrio pobre más grande de Sudáfrica, se construyeron unas "cajas activas" o edificios base en los puntos con mayor criminalidad que servían a la vez como refugio temporal si alguien se veía amenazado. "En esa zona del barrio se redujo el crimen en un 90%", asegura M'Rithaa.

Los impulsores de Ciudad del Cabo guardan, además, un as bajo la manga de corte sensible. "Dos de las tres últimas capitales del diseño han sido europeas, esperamos que el jurado ponga su atención hacia un país en desarrollo para 2014", reclaman.