"Parece simple pero ha habido que resolver miles de detalles"
Durante la construcción de la torre, Axel Zemborain ha sido los ojos de César Pelli, el famoso diseñador de rascacielos que firma el edificio. Este arquitecto argentino ha controlado todo el proceso de construcción y no puede estar más satisfecho
Bilbao. ¿Torre o rascacielos? ¿Es chico o chica?
Es un rascacielos porque es un edificio que tiene una altura muy diferente de los que le rodean. Aquí, salvo los montes que circundan la ciudad, entra en esa categoría, aunque obviamente también es una torre.
¿Cómo lo ve ya reluciente?
Ha superado todas las expectativas que teníamos, estamos muy contentos de cómo está quedando.
¿Reconoce César Pelli su obra?
La había planeado hasta el último detalle, pero es muy distinto verlo en el plano y llevarlo a la realidad.
¿Ha habido muchos cambios a lo largo de cuatro años de obra?
Algunos, no muchos. Se introdujo el auditorium y hubo que rediseñar el espacio tras descartarse el hotel que iba al principio, aunque no hubo que remodelar las plantas para acomodar oficinas. Poco más.
¿Cuál fue el momento más crítico?
No ha existido, gracias a Dios. La obra ha salido espectacularmente bien. Los contratistas han hecho un trabajo magnífico ya que han sido de gran calidad. Han sido muy receptivos con las sugerencias que dábamos y han puesto lo mejor de ellos para producir un edificio único. Lo mismo que el equipo directivo de los trabajos.
¿Qué cree que significa para Bilbao la torre, teniendo en cuenta que carecía hasta ahora de rascacielos?
Es un hito para esta ciudad, porque además es la culminación del Master Plan que hemos confeccionado para la zona de Abandoibarra. Es la joya de la urbanización, la guinda del pastel.
A pesar de tener el Museo Guggenheim al lado...
Obviamente, ésa es la obra más emblemática de Bilbao.
¿Compiten ambos?
No es la idea. Nosotros queríamos complementar la obra de Gehry, e hicimos algo lo más simple posible.
Pero la presencia de la torre es brutal, sobresale en toda la zona.
Sí, pero las fotos se hacen del Museo Guggenheim y la torre de fondo, se complementan.
¿Qué le encandila más?
El lobby de acceso y todo el muro cortina que componen las fachadas. Son el símbolo de un edificio que parece muy simple pero que tiene una gran complejidad técnica.
¿En qué sentido?
Por ejemplo, cada vidrio es distinto y ha habido que resolver miles de detalles que han sido un desafío. Estamos muy contentos de haberlos podido solucionar.
¿Cuál es el secreto de las fachadas para que, según el día y la hora, parezca un edificio diferente?
Son muy transparentes y de bajo contenido de hierro por lo que no tienen tonalidad verdosa. Cuentan con una capa de baja visibilidad con altas prestaciones que le proporcionan un tono azulado que dan esos reflejos especiales. Además, la forma de la torre también ayuda a esas distintas visiones.
¿No se ha cansado César Pelli de casi 20 años de proyectos y obras?
Desde 1993, sí, pero lejos de cansarse para él es una gran satisfacción ver terminada la torre y todo el urbanismo de Abandoibarra.
Podría parecer que Bilbao ha supuesto un dolor de cabeza.
No, uno tiene siempre la aspiración de terminar los proyectos. Se ha hecho esperar pero se ha podido culminar. Eran más las ansias por finalizar que las preocupaciones.
¿Por qué no tiene un mirador?
Traía muchas complicaciones técnicas por temas de seguridad y de evacuación de la gente que obligaba a un diseño que comía mucho espacio. Además, Iberdrola quería las plantas más altas para su sede.
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