Juegos de mar en asfalto
La primera feria marítima Itsasaldia se cierra con pruebas deportivas vascas El espíritu del mundo marino inundó ayer el muelle del Marítimo
bilbao
El espíritu del mundo marino inundó ayer el muelle del Museo Marítimo de Bilbao que se engalanó con nudos marineros, barcos, buzos y viejos lobos de mar que hicieron las delicias entre los amantes de todo lo relacionado con el mundo acuático.
La tradición y la cultura de un sector pesquero que busca reinventarse, además de una plácida mañana dominical, animaron a la gente a acercarse hasta los stands de la feria Itsasaldia que cerró su primera edición con un espectáculo de juegos marítimos vascos. "Nuestro objetivo es renovar la cultura marítima vasca y aunar diferentes empresas del sector para seguir creciendo", resumió Iñigo Doria, presidente de Itsasplanet, una de las asociaciones organizadoras que, ataviado con un gorro y un megáfono, de estilo marinero, hizo de maestro de ceremonias.
El plato fuerte de la jornada se celebró al mediodía con la exhibición de los nuevos deportes vascos, unas pruebas muy singulares con el mar como telón de fondo. "Estos juegos no podían celebrarse en ningún otro sitio que no fuera Euskadi, porque los vascos estamos muy locos", declaró Doria.
La primera prueba y más dura, fue la del bolardojaso que realizó el marino vasco-británico Simón Callahan que consistió en el levantamiento de un bolardo de 110 kilos y 50 toneladas de resistencia. La complejidad de dicha prueba, además del propio peso del noray, es que se trata de una pieza no uniforme, con un bordes que dificultaron enormemente la labor del "borladojaso-tzaile" Callahan que al final consiguió batir el récord mundial con cuatro alzadas en cuatro minutos y veinte segundos.
El éxito de Callahan tiene más mérito si cabe puesto que solo había entrenado una vez la prueba y se lesionó en el intento. "El viernes lo probé por primera vez y he estado todo el fin de semana con antiinflamatorios", indicó. Asimismo, los más pequeños también participaron con un bolardo a su medida mientras los padres y madres presumían de hijo harrijasotzaile cámara en mano.
A continuación llegó la gurdiproba consistente en una carrera de carros portuarios cargados de cajas que ganó Ramón Urkiola. "Muchos comemos pescado pero pocos saben lo que cuesta transportarlo", bromeó Doria en plena carrera.
Poco después, le tocó el turno de la urpeka lasterketa o carrera de buzos con su ancestral ritual para ponerse el traje -de 100 kilos de peso-, sin aberturas ni cremalleras, con cuatro personas implicadas en la faena que tuvieron que ceder al máximo el cuello para que entrasen. Al final, el resultado fue lo de menos tras semejante esfuerzo previo y el jurado dictaminó empate técnico entre Simón Callahan y Ramón Urkiola.
Finalmente, el arpoijoku o lanzamiento de arpón ballenero, que estaba amarrado con una cuerda al muelle, puso el punto y final a estas pruebas de mar celebradas en tierra.
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