Bilbao. Es la obra más grande a la que se ha enfrentado.
Sí, todo un reto, porque no son unos simples murales, es un proyecto integral que está generando una forma de arte totalmente nueva.
Explíquese.
Es una obra de diseño, paisajismo, muralismo, de street-art o arte urbano, todo lo que significa el grafiti mezclado con el mundo del arte, e incluso de land-art, el arte conceptual de los años sesenta que consistía en una intervención en la naturaleza; lo que pasa que entonces se trabajaba en espacios abiertos y aquí lo hago en espacios urbanos.
Toda una mezcla muy ecléctica.
Sí, es curioso, porque después de veinte años en el mundo artístico, todas las pequeñas cosas, que más o menos sé hacer, las he puesto juntas de una forma diferente y ha surgido este proyecto.
Trabajar con ingenieros, pragmáticos ellos, será duro para su sensibilidad de artística y creador.
Todo lo contrario, me estoy divirtiendo mucho porque fusionamos dos disciplinas diferentes y ellos lo entienden. Mi trabajo es un gran paisaje, al que se le da forma partiendo de unas estructuras que están ahí. Lo increíble es cómo haces que algo, terriblemente agresivo para la gente, sea más amable.
¿Es una obra compleja? Está literalmente metida en la ciudad.
Tenemos por encima el barrio de Altamira, a la misma altura Santa Ana y por debajo Olabeaga. Los muros se ven desde toda la zona oeste, incluso se observan desde el puente de Rontegi o desde Begoña.
No puede evitar que todos la vean.
Tengo la galería más grande del mundo a mi disposición, no hay que meter a la gente a una galería para que vean mis obras.
¿Tiene opiniones del primer mural?
Sí, desde Olabeaga hay una perspectiva única y la respuesta recogida por mis colaboradores es brutal. A la gente le encanta. Es una reacción más positiva de lo que esperaba.
¿No choca esa mezcla entre abstracción y partes de rostros?
En mi mundo artístico no es políticamente correcto decir que hago cosas para que a la gente le guste, pero yo quiero eso, que sea una obra bonita, que los ciudadanos las aprecien. Aunque la palabra bonito parece que está prohibida en el mundo del arte hoy en día.
Va contracorriente en formas, estilos y tamaños.
Los que proponemos esta nueva forma de arte, de diseño que mezcla todo, no somos pensadores, somos artistas que trabajamos la estética. Intento darle forma para que sean algo diferente a estas cosas grises y horrorosas, que hay que hacer por que no queda otro remedio.