En la galería de ilustres
Tras una final durísima que se resolvió en los últimos veinte minutos, el Surne Bilbao logra su segundo título en una competición europea, algo que no ha logrado nadie en Bizkaia y solo el Bidasoa en el deporte vasco
El Surne Bilbao entró ayer en una galería con pocos ocupantes en la historia del baloncesto europeo y en la del deporte vasco. Nadie en la FIBA Europe Cup había repetido título y solo el Bidasoa poseía dos coronas continentales. Ahora los hombres de negro se han ganado por derecho propio ser inolvidables, eternos. El segundo triunfo europeo abre las puertas a un nuevo futuro, a tratar de aprovechar el tirón de las 10.000 personas que llenaron el Bilbao Arena, que animaron, gritaron, celebraron y lloraron, para que sean el caldo de cultivo para convertir al baloncesto en una referencia deportiva en Bilbao y Bizkaia con personalidad propia.
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El título de hace un año dejó sin palabras a los más viejos del lugar, que lo veían imposible después de haber vivido unas cuantas travesías por el desierto, y conquistó a los más jóvenes. Ahora todos juntos vieron a su equipo ser campeón de nuevo en una final durísima ante el PAOK Salónica, dignísimo finalista los dos años y que también a partir de este verano reemprende el camino hacia el grupo de los grandes de Europa, donde estuvo al final del siglo pasado. La afición del Surne Bilbao reconoció el valor del equipo heleno con una larga ovación mientras recogían las medallas de subcampeones.
Antes de todo eso, de que Hlinason alzara al cielo de Miribilla la segunda Orejona, hubo que masticar la final ante un rival aguerrido, con mucha calidad y oficio en algunos de sus jugadores que durante toda la primera parte amenazó con llevarse la final para Salónica y anular ese +7 que había sido la consigna de los bilbainos desde el regreso de la ciudad que mira al Olimpo. Los griegos, con un juego atípico abrazado constantemente al uno contra uno, encontraron las debilidades en la defensa local, sobre todo en el rebote, lo que dio al PAOK doce puntos en segunda oportunidad para mantener la igualdad en el marcador antes del descanso. Además, el Surne Bilbao no terminaba de asentar su ataque, con algunos fallos en lanzamientos cómodos y en tiros libres que alargaban el sufrimiento, algo con lo que ya se contaba.
La paciencia tenía que ser una virtud ayer, no querer resolver demasiado pronto, pero a la vez hacía falta una chispa que encendieran la caldera. Cuatro puntos de Hilliard al inicio del tercer cuarto igualaron la final, aunque el PAOK se resistió a caer y recuperó la distancia para empatar el partido gracias al acierto desde la larga distancia de Dimsa, jugador por el que se ha interesado el club bilbaino en varias ocasiones. Tocaba mantener la calma, pero elevar la determinación y un triple de Normantas puso los ansiados siete puntos de margen en el marcador y lanzó un parcial de 10-0 que tuvo el efecto que se buscaba desde las ocho de la tarde o mucho antes.
Los hombres de negro y su público ya sentían el olor de la gloria que no se podía escapar. La defensa del Surne Bilbao puso el listón muy alto, como correspondía a una final que se jugaba con el factor cancha a favor. Con Hlinason de cerrojo, a los helenos se les hizo casi imposible anotar y el cansancio les fue haciendo mella también. Solo después de que Normantas pusiera la máxima diferencia del partido con 22 puntos, le entraron algunas dudas a los locales por no saber si seguir corriendo y tirando o alargar los ataques. El tiempo pasaba muy lentamente, pero la final solo la podía perder el Surne Bilbao, que no lo hizo. Hubo tiempo, incluso, para saborear la gloria y para pensar en la celebración del segundo título europeo seguido, algo que habrá que repetirlo una y mil veces.