Surne Bilbao 72
El 23 de abril de 2025 aparecerá con letras doradas en la historia del Bilbao Basket. Ese día el club, cumpliendo 25 años desde su fundación, logró su primer título. Y fue a hacerlo en el concierto europeo, en una FIBA Europe Cup que comenzó entre el escepticismo de la gente con una eliminatoria previa en Lituania y dejó un reguero de partidos con emociones fuertes hasta culminar en el Palataki de Salónica en medio de un ambiente enloquecido, que la mayoría de los que representaron aquel día al Surne Bilbao no habían vivido nunca.
Una semana antes, en el primer partido, que volvió a llenar el Bilbao Arena, los hombres de negro habían conseguido siete puntos de ventaja tras un duelo de máxima tensión en el que cada error se podía pagar. Los bilbainos, sin el lesionado Hlinason, dominaron la mayor parte del partido, pero tuvieron que sobreponerse a una desventaja de cuatro puntos que el PAOK tuvo casi al final del tercer cuarto. La victoria por 72-65 pudo ser mayor, pero el Surne Bilbao viajó a Salónica con esa renta que debía dar confianza y pasar la presión a los griegos, que buscaban por su parte su primer título en treinta años.
La ciudad vigilada por el Monte Olimpo era el lugar designado para alcanzar la gloria de los campeones. Solo quedaban 40 minutos de un recorrido que había empezado en Lituania con una eliminatoria previa. Cuando el equipo llegó al Palataki, sintió lo que sintieron otros en los lejanos 90 del siglo pasado cuando visitar las canchas de Grecia resultaba intimidante y, en ocasiones, hasta peligroso. No llegó la sangre al río, pero durante más de dos horas hubo que soportar los gritos y cánticos continuos y los lanzamientos de objetos de los aficionados del PAOK que también ansiaban el triunfo. El Surne Bilbao pareció en control de la situación cuando alcanzó el descanso con diez puntos de ventaja, que eran 17 en el total de la eliminatoria.
Pero en el segundo tiempo las cosas dieron un giro, en parte por un arbitraje que sancionó con siete faltas de ataque al Surne Bilbao, que empezó a sufrir para anotar. A 3:18 de la conclusión del choque, Katsivelis, el capitán del PAOK, puso a su equipo por delante (77-67). En ese momento, la final estaba perdida porque los tesalonicenses olían la sangre. Sin embargo, cuando peor estaban las cosas, Pantzar, con cuatro tiros libres, y Frey, con un 2+1 y un triple, sumaron puntos vitales que condujeron, no sin grandes dosis de sufrimiento y tensión, a un desenlace (84-82) que rozó el drama y acabó con una felicidad indescriptible. El infierno del Palataki se había transformado en un paraíso de abrazos, lágrimas y confeti y, en medio de la cancha y ahora solo con la banda sonora de los 150 seguidores que desafaron en las gradas a más de 10.000 griegos, que habían generado un ambiente hostil y agresivo en busca de reverdecer sus viejos laureles.
Después de todo, el capitán Xavi Rabaseda levantó la Orejona del baloncesto, el mítico trofeo que premia al ganador de la FIBA Europe Cup. Con el Olimpo por testigo, el Surne Bilbao vivió el mejor día de su vida, el que dio sentido a tantos años de victorias y derrotas, de alegrías y amarguras e, incluso, de asomarse al precipicio. Un año después, llega la oportunidad de repetir, de volver a sentarse en el trono de los campeones que se instalará en Miribilla.