¿Es mejor ducharse por la mañana o por la noche? El cardiólogo Aurelio Rojas ha analizado una reciente "revisión de 17 estudios publicada en Sleep Medicine Review" para dar respuesta a una de las preguntas más comunes sobre higiene y descanso. Según el experto, la clave para un "mejor rendimiento cerebral" y un "envejecimiento de nuestras células más lento" podría estar en algo tan sencillo como el momento en el que nos duchamos.
Los investigadores descubrieron que "ducharse o bañarse con agua caliente entre una y dos horas antes de dormir" produce efectos asombrosos en el organismo. De hecho, este hábito "reduce el tiempo para conciliar el sueño en un sorprendente 36 por ciento", una cifra que, según Rojas, "es muchísimo más que hacer ejercicio o comer bien".
La ciencia tras el agua caliente
Para el cardiólogo, es fundamental que el paciente logre "entender por qué" ocurre este fenómeno. El proceso es el siguiente: "tras una ducha caliente, los vasos sanguíneos de nuestra piel se dilatan, nuestro cuerpo libera calor y la temperatura central desciende".
Esta bajada de temperatura es "la señal biológica que activa la liberación de melatonina", la hormona que "regula el ritmo circadiano" y que nos ayuda a "iniciar el descanso y contrarrestar el cortisol, la hormona del estrés". Este mecanismo facilita que el cuerpo se recupere "como debe", potenciando la fase de sueño profundo, la cual es "clave para la memoria y la regeneración celular".
Un escudo para el corazón
Más allá de "sentirte mejor al día siguiente", el doctor Rojas vincula directamente la calidad del sueño con la prevención de enfermedades. "Dormir mal se asocia con más inflamación, peor control del estrés y mayor riesgo cardiovascular".
Por ello, una ducha nocturna se convierte en "mucho más que higiene", transformándose en un "sencillo hábito para vivir más y mejor". Aunque el doctor aclara que "no tienes por qué quedarte solo con una de las dos" (mañana o noche), subraya que este pequeño gesto "puede marcar la diferencia" en la longevidad y la salud del corazón, logrando que "duermas más tiempo" y tengas "menos despertares".
Agua fría o caliente
Ducharse con agua fría o caliente depende mucho de las necesidades de cada persona y del momento del día, ya que ambas opciones tienen beneficios distintos: el agua caliente suele ser más relajante, ayuda a aliviar la tensión muscular, favorece la circulación y resulta ideal después de un día largo o antes de dormir, aunque un uso excesivo puede resecar la piel y el cabello; en cambio, el agua fría es más estimulante, contribuye a activar el sistema nervioso, mejora la circulación sanguínea, puede fortalecer el sistema inmunológico y es especialmente recomendable por la mañana para empezar el día con energía, aunque al principio puede resultar incómoda. Por eso, muchos expertos recomiendan combinar ambas, terminando la ducha con un breve chorro de agua fría para aprovechar sus efectos revitalizantes sin renunciar al confort del agua caliente.