Las neurotecnologías y su relación con la IA, un desafío normativo europeo
La suma de ambas ciencias puede poner en riesgo aspectos básicos del ser humano, como la privacidad, al poder inferir en el pensamiento de las personas y en la libertad para decidir
La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en un factor decisivo que impulsa numerosos campos, pero también en una nueva frontera para el desarrollo de las neurotecnologías. Su aplicación al estudio y la intervención sobre el cerebro humano plantea importantes debates éticos y morales sobre el potencial de estas herramientas y su relación con los derechos y las libertades fundamentales.
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Un estudio reciente elaborado por Miguel Ángel Elizalde, coordinador del Grupo de Estudios en Relaciones Internacionales y Derecho Internacional (GERD) y profesor de los Estudios de Derecho y Ciencia Política en la UOC, analiza este cruce entre innovación y ética en el marco de la regulación europea y su impacto en el desarrollo de las neurotecnologías.
Innovación en las neurotecnologías
Se entiende por neurotecnologías aquellos instrumentos y aplicaciones que sirven para medir y registrar señales cerebrales de distintos tipos, como eléctricas, magnéticas, ópticas, acústicas o mecánicas, y también las tecnologías que permiten intervenir en los procesos neuronales.
Estas tecnologías han tenido un desarrollo principalmente clínico y experimental, centrado en el diagnóstico y la investigación de enfermedades neurológicas. Sin embargo, la incorporación de la IA permite explorar los límites para ir más allá y transformar este campo.
Ahora, la IA permite detectar patrones, correlaciones y significados en la ingente información que produce el cerebro humano, lo que convierte señales aparentemente caóticas en información útil y accionable. Gracias a esta capacidad, las neurotecnologías han pasado a convertirse en sistemas capaces de interactuar con la mente, especialmente cuando se apoyan en otros avances, orientándose al estudio de la estructura y el funcionamiento del cerebro.
Por su parte, las tecnologías de neurointervención están diseñadas para actuar directamente sobre los procesos neuronales mediante la estimulación o la modulación de la actividad cerebral, como hacen ciertos dispositivos neuroestimuladores cerebro-ordenador y otros aparatos.
Estos dispositivos pueden funcionar tanto en un bucle abierto como en un bucle cerrado, ya que traducen las señales cerebrales recibidas y también las envían, lo que permite modificar o ajustar las acciones.
Aplicación arriesgada
Dada esta capacidad, existen numerosos riesgos derivados de su posible uso para interferir en los pensamientos y los estados mentales de las personas, lo que despierta preocupaciones éticas y morales. Existe la idea de que, sin una regulación adecuada, estas herramientas puedan utilizarse para extraer información confidencial del cerebro o influir en la conducta de las personas sin su pleno conocimiento.
“Las neurotecnologías, combinadas con la IA, podrían llegar a hacer inferencias del contenido subjetivo de la mente y, al mismo tiempo, intervenir en los procesos mentales”, advierte Elizalde.
Esta capacidad potencial de identificar emociones, creencias o preferencias íntimas tendría enormes implicaciones y consecuencias en todos los contextos sociales y laborales.
Por otro lado, también pueden aportar beneficios extraordinarios en campos como la medicina, la salud mental o la rehabilitación neurológica. Sus aplicaciones potenciales, desde terapias para enfermedades degenerativas a tratamientos para lesiones medulares, podrían transformar las vidas de millones de personas.
Marco normativo
El reglamento europeo de la inteligencia artificial contempla algunos de estos escenarios, ya que prohíbe los sistemas diseñados para manipular el comportamiento de manera subliminal o engañosa. Sin embargo, esta regulación podría dificultar la investigación y el desarrollo en Europa, lo que desplazaría la innovación hacia otras regiones del mundo con marcos legales más permisivos.
Hasta ahora, en la etapa de desarrollo, las limitaciones son parte de las excepciones del reglamento, pero, dado su progreso, “existe el riesgo de que sea más difícil innovar en Europa que en otras partes del mundo”, señala Elizalde, que destaca que el uso potencial de la IA y las neurotecnologías para “escribir la mente” estaría prohibido por el reglamento europeo.
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“La lógica de esta prohibición es proteger el derecho de las personas a decidir libremente frente a cualquier sistema de IA con capacidad de alterar el comportamiento de formas que eludan el control racional, lo que se considera un sistema de IA de riesgo inaceptable”, recalca Elizalde.
¿Neuroderechos?
Debido a los posibles conflictos y riesgos derivados de su aplicación, los expertos han planteado la necesidad de diseñar nuevos derechos destinados a proteger la privacidad mental, la identidad personal y el libre albedrío frente a posibles abusos tecnológicos. Son los conocidos como neuroderechos.
“Es evidente que el reglamento se aplica a la IA y no está pensado específicamente para las neurotecnologías”, explica Miguel Elizalde.
A juicio del investigador, los derechos humanos existentes y el marco normativo europeo podrían ser suficientes si se interpretan adaptados al contexto tecnológico, de modo que pudieran proteger contra la invasión de la privacidad o ataques contra la libre decisión de una persona.
“Sobre todo, protegen el derecho a la libertad de pensamiento, el derecho a la privacidad y el derecho a la integridad en sus diferentes manifestaciones. Por lo tanto, el diseño de los neuroderechos no sería indispensable”, explica Elizalde.