Aunque no lleva demasiado tiempo entre nosotros, para muchas personas ya resulta imposible escapar de la inteligencia artificial (IA). Es cierto que ha llegado con fuerza para mejorar nuestra vida en muchísimos ámbitos, algo que se puede apreciar claramente en la sanidad, pero su irrupción acelerada también comporta riesgos de la inteligencia artificial de los que muchas veces no somos conscientes. No sólo los derivados de un mal uso de esta tecnología, del peligro para nuestra privacidad, o de las cuestiones éticas y legales de la IA, sino también sus repercusiones en el ámbito laboral.

Un reciente estudio analiza cómo la irrupción acelerada de la IA en las empresas está generando nuevos riesgos psicosociales y recoge la necesidad urgente de reforzar la protección de la salud mental en el trabajo, según su autora, la catedrática de Derecho del Trabajo de la Universidad de León, Susana Rodríguez Escanciano.

El artículo, que ha sido galardonado con el XX Premio Derecho y Salud 2025 de la Asociación Juristas de la Salud, sostiene que, aunque las tecnologías inteligentes han demostrado reducir la siniestralidad laboral y mejorar la prevención, también introducen amenazas que el marco normativo laboral actual aún no está preparado para afrontar.

Según explica Rodríguez Escanciano, la IA en la prevención de riesgos laborales contribuye de forma objetiva a disminuir los accidentes laborales gracias a sistemas capaces de identificar peligros, predecir riesgos y monitorizar comportamientos inseguros en tiempo real.

Temor a ser sustituidos

Robots colaborativos, dispositivos biométricos, sensores ambientales, exoesqueletos, formación virtual o herramientas de análisis de datos permiten liberar a los trabajadores de tareas pesadas, peligrosas o repetitivas, a la vez que mejoran las condiciones de trabajo y la detección de posibles patologías.

Sin embargo, la autora advierte de que este avance tecnológico "no elimina de raíz las formas de nocividad" y suma riesgos emergentes en ámbitos hasta ahora poco explorados. Entre ellos, destaca los problemas derivados de la interacción humano-máquina, la fatiga digital, la intensificación del ritmo de trabajo, la supervisión continua, la pérdida de autonomía y el temor a la sustitución por algoritmos o robots.

Incremento de riesgos psicosociales

El estudio señala que el impacto más alarmante se está produciendo en la salud mental laboral, ya que los sistemas inteligentes pueden generar cargas de trabajo excesivas, una presión creciente por alcanzar objetivos y una cultura laboral basada en la inmediatez y la disponibilidad permanente.

La experta describe un amplio abanico de nuevos síndromes vinculados a la digitalización del trabajo: tecnoestrés, tecnoadicción, tecnofobia, tecnofatiga, infoxicación, multitarea compulsiva, síndrome del zoom, vibración fantasma o incluso fenómenos como el sleep-texting. A ello se suma una realidad ya detectada a escala nacional: según datos citados en la investigación, el 45% de los trabajadores en España cree que su entorno laboral puede afectar negativamente a su salud mental, una cifra que se eleva al 50% en sectores como transporte, finanzas o sanidad.

El derecho a la desconexión actual: insuficiente

El aumento del teletrabajo y de los modelos organizativos basados en algoritmos ha desdibujado las fronteras entre jornada laboral y vida privada. En este contexto, Rodríguez Escanciano considera que el derecho a la desconexión digital es insuficiente tal y como se aplica ahora, pues se limita a permitir al trabajador no responder comunicaciones fuera de horario, sin garantizar mecanismos efectivos que impidan que la empresa genere presión o expectativas de disponibilidad.

La autora apuesta por reforzar este derecho mediante medidas estructurales que aseguren el descanso real, como el bloqueo automático de servidores de correo al final de la jornada, la restricción de comunicaciones corporativas o la incorporación de cláusulas específicas en los convenios colectivos.

Reformas administrativas

La catedrática subraya además la dificultad de diagnosticar adecuadamente las enfermedades mentales de origen laboral, un problema que complica su reconocimiento como contingencia profesional y limita la eficacia de los sistemas de protección social.

Por ello, concluye que es imprescindible "diseñar reformas legislativas precisas y participadas", que adapten la normativa de prevención de riesgos laborales a los desafíos de la digitalización y que integren de forma explícita los riesgos psicosociales en el catálogo oficial de enfermedades profesionales.