IA privada: el nuevo frente en la guerra por la soberanía digital
La presión regulatoria y el aumento de los riesgos en materia de seguridad y privacidad empujan a las empresas a apostar por modelos de inteligencia artificial propios
La carrera por la inteligencia artificial(IA) ya no se libra solo en términos de potencia de cálculo o de sofisticación algorítmica. Cada vez más, el verdadero campo de batalla es otro: el control de los datos. En un contexto marcado por el endurecimiento regulatorio, la preocupación por la privacidad y el aumento de incidentes de seguridad, la llamada IA privada empieza a consolidarse como una alternativa estratégica para las empresas europeas que no quieren ceder su soberanía digital.
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Los datos avalan este giro y es que, según el AI Index 2025 de la Universidad de Stanford (California), los incidentes relacionados con la privacidad y la seguridad en sistemas de inteligencia artificial crecieron un 56% solo en 2024. Este aumento significativo refleja la tensión entre la adopción acelerada de modelos generativos -muchos de ellos apoyados en servicios de nube pública- y la necesidad de proteger la información sensible en entornos cada vez más complejos.
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Entornos controlados
En este escenario, la IA privada propone un cambio de enfoque: frente a los modelos públicos, que operan en infraestructuras compartidas y dependen de proveedores externos, la inteligencia artificial privada se despliega en entornos controlados por la propia organización. Los datos no deben salir del perímetro definido por la empresa, ya sea un centro de datos propio o una nube privada con garantías técnicas y contractuales suficientes, para mantener un control directo sobre la información más crítica.
Este modelo resulta especialmente relevante en sectores donde la confidencialidad no es negociable. Sanidad, banca o administraciones públicas han sido los primeros en explorar esta IA privada, empujados tanto por la regulación como por el riesgo reputacional asociado a una brecha de datos. Mantener la propiedad de la información no solo facilita el cumplimiento de normativas como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), sino que reduce la exposición a usos indebidos o a accesos no autorizados.
Modelos más precisos
Sin embargo, la IA privada no se limita solo a una cuestión defensiva. También abre la puerta a unos modelos mucho más ajustados a la realidad de cada organización. Al trabajar con datos internos, las empresas pueden entrenar algoritmos adaptados a sus procesos, su lenguaje y sus objetivos, sin depender de soluciones generalistas. Esto se traduce en sistemas mucho más precisos, capaces de automatizar tareas repetitivas, de acelerar la toma de decisiones y de liberar recursos para iniciativas de mayor valor estratégico.
Para compañías como Cloudera, este enfoque es una extensión natural de su apuesta por plataformas de datos híbridas. "Ante la importancia de la privacidad de los datos y el fortalecimiento de las regulaciones, la IA privada ya no debe ser una opción, sino un pilar esencial en las estrategias empresariales", señala Yari Franzini, vicepresidente para el sur de Europa de la compañía. La premisa es que solo con un control integral del entorno -datos, modelos y procesos- es posible desarrollar una inteligencia artificial fiable y alineada con los objetivos del negocio.
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Desafíos de la IA privada
Ya hemos visto que la inteligencia artificial privada es posible, pero no está libre de desafíos. Instaurar una IA privada exige invertir en infraestructuras y contar con un talento especializado y con gobernanza. No basta con colocar modelos en servidores propios, sino que hay que definir políticas de acceso, trazabilidad y auditoría, además de formar a los equipos en privacidad, ética de la IA y seguridad del dato. La madurez digital de la organización se convierte, así, en un factor determinante.
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A medio plazo, sin embargo, la balanza puede inclinarse a favor de este modelo. Reducir la dependencia de servicios de la nube pública -con costes variables y reglas cambiantes- permite ganar en previsibilidad y flexibilidad. Más aún en un contexto en el que la soberanía tecnológica empieza a considerarse un activo estratégico, no solo para los Estados, sino también para las empresas.
La IA privada no es una moda pasajera, sino la respuesta a una pregunta cada vez más urgente: cómo se puede innovar sin perder el control. Y todo apunta a que, en la próxima fase de la inteligencia artificial, la respuesta que se dé a esta cuestión marcará la diferencia.
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