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Una dermatóloga aclara la razón por las que salen manchitas blancas en la piel: "Es misión casi imposible"

La experta explica por qué el láser no los borra y qué puede hacer quien ya los tiene

Una dermatóloga aclara la razón por las que salen manchitas blancas en la piel: "Es misión casi imposible"Youtube: Alberto Chao

@dr.anamolina, dermatóloga con mucha presencia en redes sociales, dedicó un vídeo a explicar una consulta que se repite en las clínicas cada primavera: pequeñas manchas blancas, irregulares, que aparecen en piernas y brazos de personas adultas sin ninguna infección ni carencia nutricional. "No son hongos ni falta de vitaminas", aclara la especialista desde el primer momento. "Es tu piel pasándote la factura de todos los veranos de tu vida".

Qué es la hipomelanosis y por qué aparece

El nombre técnico del proceso es hipomelanosis, y su mecanismo es más parecido a las canas que a una enfermedad. "Son como las canas pero en la piel", explica la dermatóloga: el sol ha agredido de forma acumulada al melanocito, la célula responsable de fabricar el pigmento que da color a la piel, hasta dejarlo sin capacidad de producción. El resultado son esas manchas que algunos describen como "confeti blanco" sobre las piernas o los antebrazos. No duelen, no pican y no son contagiosas, sólo indican que la piel ha llegado a un nivel de daño solar que ya no se puede revertir.

"A diferencia de las manchas oscuras, aquí el láser no tiene mucho que rascar", resume la dermatóloga. "Una vez que el color se va, recuperarlo es misión casi imposible." El melanocito dañado de forma acumulada no se reactiva con ningún tratamiento. "Tómatelo como un aviso de tu cuerpo", indica la especialista. La respuesta tiene dos lecturas. La primera es detener el daño solar cuanto antes: "Saca el protector solar del cajón", insiste la dermatóloga, y añade el uso de "ropa que cubra si vas a estar horas al sol". La segunda es que "no te obsesiones, pero cuida lo que queda de tinta en tu piel." La piel que aún mantiene su pigmentación sigue siendo susceptible de sufrir el mismo proceso si la exposición solar continúa sin protección. El fotoprotector recomendado para este tipo de piel es de factor 50 o superior. Además, la ropa de protección solar, con certificación UPF, ofrece una barrera física que complementa al fotoprotector en exposiciones prolongadas.

La prevención es la clave

Evitar el llamado “daño solar permanente” requiere adoptar hábitos de protección constantes y conscientes frente a la exposición al sol, ya que sus efectos se acumulan con el tiempo y pueden afectar tanto a la salud de la piel como al envejecimiento prematuro. Es fundamental utilizar protección solar a diario, incluso en días nublados, aplicando un fotoprotector adecuado al tipo de piel y reaplicándolo cada pocas horas si la exposición es prolongada. Además, conviene evitar las horas de mayor radiación, especialmente entre el mediodía y la tarde, cuando los rayos ultravioleta son más intensos.

Una niña pequeña con crema en la cara frente al espejo.

Otro aspecto clave es complementar la protección con medidas físicas, como el uso de gorra, gafas de sol homologadas y ropa que cubra la piel en situaciones de alta exposición. También es importante prestar atención a zonas especialmente sensibles, como el rostro, el cuello o las manos, donde el daño solar suele ser más visible con el paso del tiempo. Mantener la piel bien hidratada y revisar periódicamente posibles cambios en lunares o manchas forma parte de una rutina preventiva básica. En definitiva, se trata de integrar la protección solar como un hábito diario, no solo en verano o en la playa, sino durante todo el año. Esta constancia es la mejor forma de reducir el impacto acumulativo del sol, prevenir problemas dermatológicos y mantener una piel más sana y protegida a largo plazo.