Bilbao Basket, el sueño dura diez años
Patrik Sáenz de Ugarte repasa la historia reciente del Bilbao Basket en el aniversario del ascenso
bilbao - Tal día como ayer de 2004, el Bilbao Basket festejaba en el Palacio de Deportes de León y después en las calles del Barrio Húmedo su ascenso a la Liga ACB. Diez años antes, por las mismas fechas, el Caja Bilbao también subió a la máxima categoría, pero no pudo concretarlo y desapareció. Y ahora, otra década después de alcanzar la élite, el club fundado en 2000 vive sus horas más críticas, como si el baloncesto vizcaino estuviera condenado a estos ciclos que ponen a prueba la fidelidad y capacidad de aguante de sus seguidores. Patrik Sáenz de Ugarte estaba en el equipo que ascendió en 1994, también en el Bidegintza que ganó la Liga EBA en 1998 y tampoco pudo subir a la Liga LEB y en el de 2004 como capitán del Bilbao Basket, que sí culminó el proceso, pero él se quedó por el camino por culpa de las lesiones y de sus deberes laborales.
El pelirrojo alero se quedó sin cumplir tres ascensos, aunque no guarda malos recuerdos. Al contrario, "me quedo con que en lo deportivo fueron grandes temporadas en grandes equipos en los que pudimos disfrutar". Con el Caja Bilbao, fue partícipe del ascenso ante el Juventud Alcalá "con La Casilla repleta de gente. Fue espectacular porque, además, Txus (Vidorreta) me sacó a jugar unos minutos al final siendo yo aún junior". Y con el Bilbao Basket se produjo el reencuentro definitivo con la afición en aquellas eliminatorias de ascenso que elevaron la emoción al máximo.
"Recuerdo que lo pasamos peor contra el Huelva en cuartos que contra el León en las semifinales", recuerda Patrik. La serie llegó al tercer partido en la ciudad castellana después de haber sufrido para ganar los dos partidos en La Casilla, "pero sabíamos que en León tocaba. Afrontamos el partido convencidos de que íbamos a ganar, como algo natural". Fue la culminación esperada a una temporada en la que el Bilbao Basket siempre fue uno de los favoritos al ascenso. "Teníamos una plantilla muy sólida. Creo que marcábamos la diferencia por el físico ya que sacamos muchos partidos por aplastamiento, a diferencia del año anterior en que jugábamos más alegre", añade.
El Bilbao Basket solo perdió un partido en casa, ante el Cáceres, en toda la temporada, pero tuvo que pelear hasta el final por el liderato de la Liga regular por culpa de ocho derrotas consecutivas fuera de casa que se cortaron en la visita, precisamente, a la cancha extremeña gracias a un ritual novedoso: "Pensamos que teníamos que cambiar alguna rutina y decidimos salir todos con las medias altas hasta la rodilla. Txus se quedó extrañado, pero funcionó. Luego, se abrió el debate y la cosa no duró mucho más porque a algunos les era incómodo, aunque al menos cortamos la mala racha".
La temporada "fue complicada porque el nivel de la Liga era muy alto", pero acabó de la mejor manera, aunque en la parte final Vidorreta tuvo que poner firme a una plantilla porque "éramos bastante quejicaes, siempre estábamos tocados y había que ir una hora antes al entrenamiento para que te trataran y no perder turno". En un momento dado, el técnico pidió que ya no se lesionara nadie más para elevar la calidad de los entrenamientos. "Nadie se volvió a lesionar. Sobre todo, Venson (Hamilton) estuvo todo el año con quejas porque el parqué era duro y le fastidiaba la rodilla. Se perdió muchos entrenamientos hasta que Txus dijo basta. La verdad es que era el que marcaba las diferencias en la Liga. Howard era muy callado, pero también era muy bueno".
Sin espinas clavadas
Patrik Sáenz de Ugarte no pudo dar el salto y se quedó sin poder debutar en la Liga ACB. "Yo llevaba cinco años tomando un antiinflamatorio al día. Y en ocasiones tres. Vi que entre eso y el trabajo no iba a poder cumplir el ritmo de entrenamientos. Me habría gustado estar en la ACB, pero no lo siento como una espina clavada porque tampoco me habría gustado jugar las migajas", confiesa.
El trabajo alejó a Patrik definitivamente del baloncesto pero siguió desde la distancia, convertido en ingeniero, el paulatino crecimiento del Bilbao Basket. Hasta que Gorka Arrinda, que había sido su agente, le llamó para entrar en el consejo de administración. Era finales de 2010, "se habían ido Txus y Javi y entendí que buscaban alguien reconocible y que estuviera bien visto". Pero justo entonces Sáenz de Ugarte tuvo que desplazarse a Estados Unidos por motivos laborales y apenas puso asistir a un par de reuniones. "Quería ayudar y miramos la posibilidad de hacer algo desde allí, pero era imposible. Con la familia desplazada a un país extraño, había que estar atento a todo. En Virginia, donde yo residía, está la sede del FBI y si la cagabas...", explica con humor.
Entonces, se empezaron a manifestar los primeros desajustes presupuestarios del Bilbao Basket. Según el excapitán, "el baloncesto de la ACB está muy mal montado" y el club fue una de las víctimas de "querer jugar en eso que durante muchos años pareció una Liga de a ver qué Diputación ponía más dinero en su equipo". Al final de esa temporada, el Bilbao Basket logró el subcampeonato, algo que cogió a Patrik en Estados Unidos. "Todos nos vanagloriamos de ser del Bilbao Basket. Llegamos altísimo, ganamos un partido al CSKA en la Euroliga y no seré yo ahora de los que diga que esto se veía venir", señala. Ahora bien, eso no le impide ver que "si hay una deuda tan importante es porque se ha gastado más de lo que se tenía". Sáenz de Ugarte entiende que el club bilbaino es uno "de los que tiene más capacidad de generar recursos por seguimiento, por nivel de ciudad y por el tejido industrial que la rodea" y que el baloncesto "tiene hueco en Bilbao. Entre el Athletic y la nada, tiene que haberlo. Con un presupuesto ajustado, eso sí".
Diez años después, la preocupación y algo más ha vuelto a cundir tras una temporada complicadísima, salvada por la implicación de la plantilla y el apoyo de la afición. "Para no caer bien en Bilbao tienes que ser muy paquete en lo personal porque a poco que des, la gente te coge cariño. Y eso suele ser recíproco", comenta. Patrik Sáenz de Ugarte, que se enfrentó al ahora capitán Álex Mumbrú en aquellos tiempos de la EBA, valora el compromiso de los jugadores que "han llegado al límite porque no puedes no jugar por tu propio prestigio y por el club, porque lo hundes y te hundes tú. En realidad, creo que han estado entre la espada y la pared. Entiendo que ha tenido que ser muy frustrante para ellos y todos los trabajadores del club".
La incertidumbre de Patrik es la de todos porque "hace un mes parecía que Gorka era el problema y ahora que ya no está, tengo ganas de ver qué pasa, porque no veo una solución clara ni de dónde va a salir el dinero". Él se ha vuelto a enganchar al Bilbao Basket "de la mano de la ilusión de mis hijas, que se quedan a esperar a los jugadores, por eso sería duro empezar otra travesía del desierto" y por eso desea una solución: "Al fin y al cabo, la plaza en ACB sigue siendo un activo de la ciudad y no creo que lo dejen morir. Pero como ciudadano tampoco quiero un club que no sea sostenible". Esta vez, la solución no va a ser jugar con las medias hasta las rodillas.