LA final de la Liga ACB gana temperatura a medida que consume los partidos. La tensión explotó ayer al final de la contienda en el túnel de vestuarios después de que se consumara la segunda derrota del Bizkaia Bilbao Basket. Durante el encuentro había habido algunos piques entre jugadores, de esos que en apariencia no pasan a mayores, pero cuando los dos equipos se juntaron en las piñas respectivas, se volvieron a cruzar miradas y gestos desafiantes.

Camino de vestuarios estalló la tensión y se produjo un incidente en el que se vieron involucrados jugadores de los dos equipos. Anderson citó a sus rivales dentro y, con la compañía de Morris, se pusieron en modo macarrilla para provocar primero a Banic y luego a Hervelle y Mumbrú, que tampoco se suelen cortar, con lo que, al final, se produjo un barullo de brazos, empujones y amenazas que dejó una mala imagen de una eliminatoria que el Barcelona y el Bizkaia BB están disputando a cara de perro.

Asistentes, con más o menos cuidado, y otros jugadores tuvieron que intervenir para poner calma y orden y la cosa no pasó a mayores. Desde luego, ninguno de los dos clubes quiere darle más recorrido a un asunto que atribuyen a las circunstancias de la final, a eso de lo que pasa en el campo se queda en el campo. Pero bien harían algunos en dejar algunas actitudes al margen ya que a la salida del pabellón, Morris también se encaró con la afición bilbaina y tuvo que ser conducido y reconvenido por los Mossos d'Esquadra.

Son los daños colaterales de una final que, de momento, sigue el ritmo de la lógica y el factor cancha se impone, de momento. Gana el de casa, que a la vez es el favorito y el mejor equipo de los dos. El Bizkaia Bilbao Basket intentó cambiar el curso de los acontecimientos, pero fue imposible. El Barcelona no está tan lejos de lo que parece por el 2-0, pero los hombres de negro tampoco están consiguiendo dar ese paso necesario para dejar de sentirse inferiores. El problema es que faltan hombres, que algunos no han aparecido aún en la final.

la longitud de la manta De víspera se habló de lo de la manta corta y es lo que ocurrió ayer. El Bizkaia BB trabajó mucho mejor en defensa, dominó el rebote, pero le faltó la esencia de este juego: meterlas. Todo el buen trabajo cayó por tierra por culpa de unos porcentajes de tiro horribles. O quizás ese desacierto vino provocado por ese esfuerzo al que el equipo bilbaino se ve obligado para tratar de disimular su inferioridad física. Las fuerzas ya escasean y todo gasto añadido acaba por notarse a la hora de hacer pasar la pelota por el aro.

El Bizkaia BB tiene que encontrar a Jackson y a Banic, sobre todo, porque si no va a ser imposible robarle siquiera un partido al Barcelona. Ellos dos fueron claves en la semifinal ante el Real Madrid, pero en la final no han logrado encontrar su juego. El base de Hartford se ve impotente para superar a Sada y cuando lo hace, se encuentra con una muralla que le cierra el camino que conduce hacia el aro. Ayer tuvo que jugar Fisher todo el último cuarto porque llegó un momento en que Jackson no sabía lo que hacer. El croata, por su parte, lleva un tute considerable ante pívots mucho más poderosos que él y ese falta de frescura le impide llegar un poco antes a todo, que es su principal virtud.

Así, la rotación habitual del Bizkaia BB se está resintiendo. No es momento de buscar otras alternativas, que tampoco abundan, y el equipo rema y rema sin terminar de avanzar demasiado. Enfrente, siempre hay alguien listo para resolver. Los diez puntos de Ingles y los ocho de Vázquez cambiaron el guión, mientras Vasileiadis solo encontró el tino al final y la buena labor de Fisher no pudo compensar la oscuridad en la que está sumido Jackson en la eliminatoria ante el conjunto azulgrana.

Con todo lo dicho y sin jugar bien, el Bizkaia BB obligó a que Navarro metiera canastones y a que Lorbek tuviera que surgir muy al final para apuntarse el segundo triunfo. Por más que se repita no deja de ser verdad: todos los hombres de negro tienen que aparecer en esta final para prolongarla todo lo posible. El objetivo no puede ser otro que ganar el martes para quitarse de encima los complejos.