ATHLETIC 0-1 REAL SOCIEDAD

Siniestro total del Athletic en La Cartuja

El equipo de Marcelino decepciona de principio a fin y cae derrotado por la mínima, de penalti, ante una Real Sociedad a la que le bastó con saber estar sobre el césped para alzarse con el título

04.04.2021 | 06:55
Iñaki Williams, cariacontecido sobre el césped de La Cartuja, al final del histórico derbi que se llevó la Real.

Catalogada como una final muy abierta, cualquier desenlace se antojaba posible, pero siempre dentro de un orden. Desde luego, en absoluto entraba en los vaticinios la noche aciaga que brindó el Athletic, una sombra del conjunto valiente que había devuelto la ilusión a su gente, una copia emborronada del grupo que compite con el corazón cuando no le alcanza con otros argumentos, en definitiva una fea caricatura de sí mismo que cayó con estrépito frente a una Real a la que le bastó con saber estar y exprimir a fondo su única oportunidad de marcar. La propia génesis de gol de Oyarzabal desde los once metros resume el formidable desbarajuste rojiblanco. Nació de una pérdida estúpida a cargo de Yeray que dejó a la zaga desguarnecida y terminó en un derribo al límite de Iñigo a Portu. Un simple servicio al espacio de Merino rompió por el eje una estructura que hasta ese instante había actuado con cierto criterio y rubricó la sentencia del Athletic, que ya no levantó cabeza y deambuló por el césped como alma en pena. Endika continuará ofreciendo entrevistas y Clemente lamentando la falta de sucesor, así será al menos hasta dentro de quince días, si bien visto el desastre perpetrado por el equipo ante un rival de su nivel, no cabe augurar que el duelo con el Barcelona sirva para que los héroes del último título de Copa pasen por fin a un segundo plano.

Defraudó el partido en líneas generales. Midieron fuerzas dos bloques muy contenidos, mentalizados para no hacer concesión alguna, sin prisas, como si el partido fuese infinito, en sintonía con la larga espera del mismo. Así saltaron a la Cartuja, impertérritos ante el aguacero que en el inicio lanzaba un guiño, cada cual fiel a su ideario aunque en sendas versiones descafeinadas que entrelazadas construyeron un espectáculo insulso, huérfano de profundidad. Tanto tiempo ansiando la celebración del derbi en la cumbre, imaginando un choque noble, duro, pero también apasionante dada la gran oportunidad que se presentaba de alzar un título y, a la hora de la verdad, lo único que sobrevoló el terreno de juego fue el miedo a perder. Un miedo atroz que sobre todo perjudicó al Athletic, que si por algo se distingue es por su férrea voluntad de ir en pos de la victoria.

La actitud y el desempeño de los futbolistas fueron muy grises. Isak y Williams ejercieron de islas y sus compañeros se olvidaron de darles un suministro decente. Mientras el marcador permaneció inamovible, destacaron los centrales, impecables en el despeje, el corte y el cierre. El resto se dedicó a correr, sobre todo para mantener las posiciones, nadie estaba por la labor de asumir una pizca de riesgo. En la ausencia total de noticias, es decir de acciones de peligro, Athletic y Real se sintieron cómodos o esa era la impresión. Uno controlando el espacio y el otro, el balón; uno con un enfoque claramente destructivo y el otro más dispuesto a la creación, pero sin exagerar. En fin, que todos con el freno de mano echado, aguardando a que sucediera algo que ninguno pretendió siquiera probar.

Con la gran mayoría de los futbolistas del Athletic lejos de su mejor versión, en un partido en el que solo ha rematado a puerta en dos ocasiones, ambos remates firmados por Iñigo Martínez, y en el que tampoco Marcelino García Toral ha sabido encontrar soluciones desde el banquillo, el conjunto rojiblanco ha hincado la rodilla.

La única intervención comprometida de un portero fue una estirada de Remiro para palmear a córner un derechazo lejano de Iñigo, con eso está todo dicho. Nada más reseñable en el primer acto. Durante una fase la Real acertó a mover la pelota con gracia. Fue pasajero, el Athletic le apretaba las clavijas, al principio con una presión alta y luego con un leve repliegue. Pero a eso, a impedir que cuajase el estilo elaborado que propugna Imanol se ciñó la tarea de los de Marcelino, incapaces a su vez de hilar tres pases. Los laterales, atentos a sus pares, no ganaban metros, el centro del campo tapaba y no hallaba socios; Berenguer y Muniain, desaparecidos y de esta guisa se fueron a la ducha, como Williams; Raúl García, en su habitual guerra de guerrillas y para de contar. Así las cosas, los minutos pasaron lánguidamente, por supuesto respetando el equilibrio previsto, dejando los deberes para luego, se supone que para la segunda parte o quizá tampoco entonces alguien osaría romper las tablas. Vamos, como los malos estudiantes, todo para el último día.

Sin cambios a la vuelta del descanso, en ningún sentido además. Hubo un primer sobresalto, por una mano de Iñigo que cortó un centro de Oyarzabal. Intervino el VAR por si era dentro del área. Y el fútbol continuó ausente, lo poco rescatable correspondía a la Real, empeñada en incrementar la posesión, asunto este que el Athletic obviaba y cuesta entender cuál era el motivo. Hasta que se produjo el lance clave de la final. El disgusto fue morrocotudo pues pese a todo no se intuía. Y menos mal que el VAR cambió la roja a Iñigo por una amarilla. Seguía habiendo final, pensarían muchos. Craso error.

A pesar de que Marcelino buscó una activación con sucesivos cambios, fue en balde. El Athletic no estaba para apelar a la heroica, baza que le ha conducido a las dos finales y que tanto temían en la Real. De hecho, el equipo no atravesó el centro del campo hasta pasado un cuarto de hora del 0-1. La Real elevó su índice de agresividad forzando el recurso del envío en largo, un caramelo para Le Normand, Merino y compañía. El balance ofensivo se redujo a un cabezazo picado de Iñigo en el añadido. Desde un rato antes el central se había agregado al ataque como un ariete más. En la banda, Marcelino no disimulaba su impotencia, reflejo preciso de la imagen del equipo, destrozado anímicamente, consciente de la debacle a la que se abocó desde el mismo arranque del encuentro, podría afirmarse. Si había un plan diseñado para la ocasión, cuesta creer que fuera el desplegado: un compendio de desatinos idóneo para provocar una depresión.


ATHLETIC: Simón; De Marcos, Yeray, Iñigo, Yuri (Min. 90, Capa); Berenguer (Min. 76, Villalibre), Vencedor (Min. 68, Unai López), Dani García (Min. 76, Vesga), Muniain; Raúl García y Williams.

REAL SOCIEDAD: Remiro; Gorosabel (Min. 90, Elustondo), Zubeldia, Le Normand, Monreal; Zubimendi, Merino, Silva (Min. 85, Guevara); Portu (Min. 89, Barrenetxea), Isak (Min. 89, Carlos Fernández) y Oyarzabal.

Gol: 0-1: Min. 63; Oyarzabal.

Árbitro: Estrada Fernández (Comité Catalán). Ha amonestado a Dani García e Iñigo Martínez, del Athletic; y a Merino, de la Real Sociedad.

Incidencias: Final de Copa de la temporada 2019-20 disputada en el estadio de La Cartuja de Sevilla a puerta vacía.