Unai López regresa a la rampa de entrada de Lezama
El fichaje interesa por los problemas detectados en la zona ancha, la madurez futbolística que ha alcanzado en el Rayo y que su precio se abarata gracias a la carta de libertad
Entre los rumores relativos a posibles refuerzos inmediatos del Athletic, a fecha de hoy Unai López asoma como la opción más evidente y viable. Todavía nadie suelta prenda, no oficialmente, sin embargo el silencio del futbolista sería significativo en sí mismo, máxime cuando su nombre ha sido asociado al Athletic por diferentes medios y, sobre todo, porque en el seno de la entidad con sede social en Ibaigane no falta quien ha dejado caer que el regreso del centrocampista guipuzcoano está encaminado. La operación tiene sentido si se analizan las características de Unai López y las carencias observadas en las demarcaciones del centro del campo a lo largo del ejercicio que acaba de concluir, alguna irreversible según avanza el tiempo.
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Unai López está a punto de ingresar en la treintena y acaba de cumplir su quinta temporada consecutiva en el Rayo Vallecano. Su figura resulta interesante por diversos motivos que no son extrapolables a otros centrocampistas que han salido a la palestra. Los argumentos que favorecerían la adquisición de Unai López abarcan tanto el aspecto económico como el deportivo. Así, se debe considerar el hecho de que finaliza ahora su compromiso con el club madrileño y se halla en plena madurez profesional, posee un estimable recorrido en la élite (362 partidos oficiales), a lo que se suma su perfecto conocimiento del Athletic, gracias a su estancia en Lezama desde juveniles.
Estar desprovisto de contrato sube el atractivo de Unai López. En general y de modo particular para un Athletic que, como es bien sabido, no puede picotear en el mercado como sus rivales. Ya se ha podido comprobar que la directiva actual tiene cierta inclinación por explotar esta modalidad de adquisición que insiste en denominar “a coste cero”, cuando en realidad sí acarrea un coste. Aunque no haya que abonar nada al club de procedencia del futbolista en cuestión, el Athletic se hace cargo de lo que se denomina prima de fichaje, un dinero consensuado con el jugador precisamente porque disponer de la carta de libertad abarata el cambio de aires.
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En fin, que se trata de una operación normalmente apalabrada con un margen de tiempo suficiente para asegurarse la captación del jugador deseado. Ese acuerdo evita que nada ni nadie se interponga y en cuanto concluye su vínculo con el equipo de origen, la jugada se hace pública. Fue la fórmula utilizada para hacerse con los servicios de Galarreta, Gorosabel o Navarro y que, con algún matiz, se empleó asimismo para contratar a Herrera.
Otros nombres
Se han sugerido otros centrocampistas como refuerzos del Athletic, pero son movimientos que entrañan más problemas. De entrada, un gasto mayor. Por ejemplo, reclutar a Urko González de Zarate del Espanyol, implica desembolsar una cifra en concepto de traspaso. Conviene recordar que la entidad catalana pagó cinco millones a la Real por quedarse con Urko, ojito derecho de Manolo González, que ya le sacó chispas como cedido. De venderlo, su precio subiría y mucho, habida cuenta de que el comprador se llama Athletic. Ah, un 20% de la tasación iría a parar a las arcas de la Real.
Iván Martín acaso sería más accesible a causa del descenso sufrido por el Girona, pero su contrato expira dentro de dos años y a pesar de que su cotización haya mermado, gratis no es. Y si el que llama la puerta es el Athletic, pues lo dicho. El jugador puede presionar para eludir competir en Segunda y el Girona querrá deshacerse de gente contrastada para amoldar su masa salarial a la categoría, pero de momento el hogar de Martín se llama Montilivi.
Hacerse con los servicios de Unai López se explicaría a partir de las deficiencias localizadas en la sala de máquinas durante la última campaña. Todas las líneas del equipo, salvo la portería, han suspendido y los problemas concretos del centro del campo nacieron básicamente de la ausencia permanente de Beñat Prados. Su rotura de rodilla en el arranque del calendario se reveló como una pega que nunca se llegó a subsanar. Ernesto Valverde tenía en mente alternar a Prados con Galarreta y Jauregizar, quedando Vesga y Rego, los otros medios específicos que barajaba, ejerciendo de complemento.
La realidad fue que Jauregizar se vio sometido a un intensivo desde agosto, estuvo jugándolo todo y para febrero estaba fundido. Era previsible, pero así fueron las cosas. A su lado, el más asiduo fue Galarreta, pero sin el peso requerido. Nunca ha destacado el eibartarra por el motor y lo que apuntó un año antes se confirmó en este, lo cual se tradujo en un montón de citas incompletas. Una limitación difícil de compaginar con el liderazgo que su rol reclama. Ello ha otorgado mayor protagonismo a Rego, quien ha acusado la inexperiencia propia de su estreno en la categoría para realizar una labor que requería más cuajo. De esto va sobrado Vesga, que permaneció infrautilizado. Total, que la inercia declinante en la media resultó patente, el equipo ha notado con frecuencia cómo era incapaz de dominar la zona ancha. Sufría para atacar y para defender. Un hándicap por la sensación de desequilibrio que transmitía la estructura.
Con la vuelta de Unai López, se aseguraría una nómina con cuatro elementos contrastados para afrontar una temporada más descongestionada de compromisos, al que se podrían añadir meritorios como Canales y Gerenabarrena, que se han ganado una oportunidad en condiciones.
