Síguenos en redes sociales:

Athletic 0-1 Barcelona | La crónica

El Athletic tutea al líder y cae con honor

Un solitario gol de Lamine Yamal permite salvar la noche a un Barcelona que tuvo que sufrir de lo lindo para hacer frente al gran esfuerzo desplegado por los rojiblancos

Los jugadores del Barcelona celebran el gol de Lamine Yamal.Borja Guerrero

158

Un formidable remate de Lamine Yamal certificó la victoria del líder de la categoría en su visita al Athletic. Esta frase sintetiza sin duda lo nuclear de un partido donde se cumplió la previsión, pues los puntos volaron de San Mamés, pero nada más. No reflejaría cuanto dio de sí la noche y es obligado detenerse en ello. Siendo cierto que el desenlace encajó con lo esperado, en absoluto cabe decir lo mismo de la forma en que discurrieron los noventa minutos.

Era imposible que entrase en los cálculos de nadie que los rojiblancos, precisamente en esta oportunidad, sacasen a relucir algunas de las virtudes que les distinguieron como un gran conjunto en las dos últimas temporadas. Era impensable tras el fiasco copero que, sin apenas margen para descansar y frente a semejante adversario, el Athletic alcanzase unos niveles de seriedad, tesón y valentía que prácticamente ni han asomado en lo que va de curso. El esfuerzo no le valió para puntuar, pero acaso al equipo le sirva para reconciliarse consigo mismo, recobrar la autoestima y en lo que resta de calendario pueda dar una imagen similar a la de anoche.

Mira por dónde, acertó Hansi Flick cuando la víspera se dedicó a lanzar flores al Athletic. No se entendieron muy bien sus alabanzas porque no cuadraban con el rendimiento observado en la mayoría de los compromisos celebrados desde el verano, pero cualquiera diría que los hombres de Ernesto Valverde se conjuraron para dar la razón al germano. Y así, brindaron un derroche físico emocionante, conservaron el orden para protegerse, tácticamente estuvieron acertados y no renunciaron a proyectarse en ataque. Ese afán por ir de cara hizo que el Barcelona se viese más exigido de lo que está acostumbrado. De hecho, si bien en el tramo final el equipo acusaba el trajín, no cejó en su empeño por forzar su suerte y buscar el gol que al menos le evitase la derrota. La afición lo agradeció.

Más ritmo que juego

El primer tiempo fue menos vistoso, pero en el segundo para frenar el ímpetu local, el Barcelona tuvo que recurrir a sus estrellas, a las que Flick quiso ahorrar minutos de inicio. Pedri, y luego de una tacada, Raphinha, Fermín y Lewandoswki, saltaron del banquillo ante la evidencia de que el 0-0 reinante era una opción con visos de mantenerse, sin descartar algo peor para sus intereses. De esta operación de refresco nació el gol de Yamal, en su única acción relevante, gol que no aplacó el ánimo de un bloque que conservó la solidez y no quiso bajarse del burro. El Athletic había planteado un tuteo a su ilustre contendiente e insistió en prolongarlo con todas las consecuencias y hasta que el árbitro decretó la conclusión. Ver al Athletic trabajar con semejante entusiasmo y un coraje que redujo el catálogo de exquisiteces de los catalanes a muy poca cosa, no puede equipararse a un triunfo, pero en el actual contexto y dados los condicionantes que reunía esta cita, merece ser resaltado. Incluso celebrado.  

El Barcelona quizás pensó de entrada que en cuanto se adueñase del balón la noche iría rodada, como la seda y se equivocó de plano. Creyó que forzaría al Athletic a defender en su terreno y a base de combinar hallaría los resquicios suficientes para rentabilizar la iniciativa. Suele ser así, es habitual ver a los azulgranas dominar e ir generando situaciones de peligro, pero el guion de anoche fue distinto. Lo fue gracias al fenomenal trabajo colectivo que desarrollaron los locales. Asumieron que, en efecto, el rival marcaría el paso, pero no le permitieron que dotase de velocidad a sus interminables rondos y estos derivaron en una maniobra insulsa, exenta de filo, de profundidad.

Recuperó el Athletic la seriedad y la firmeza en tareas de contención frente al equipo que en teoría cuenta con el repertorio ofensivo más rico y eficaz. Claro que hubo algún susto en el área de Simón, pero tampoco faltaron en la de Joan García, que sin que se cumpliese el primer minuto vio cómo Cancelo al cortar un centro paralelo de Berenguer estampaba su despeje en el larguero. El portero catalán se empleó a fondo en un par de salidas, en especial la que le valió para abortar una internada de un Selton demasiado remiso. Hubo otros intentos y fue llamativo que en los minutos más próximos al descanso el Athletic enlazase hasta tres avances, todos anulados por fuera de juego, pero que acreditaban ambición y ganas de agradar.

Al filo del gol

Tras pasarse todo el primer tiempo corriendo, basculando bien coordinados, los hombres de Valverde habían conseguido desactivar por completo al oponente. No obstante, en dos o tres chispazos acarició el gol. Simón estuvo muy atento siempre, sacó un balón rebotado que se colaba tras tocar en Gorosabel, uno de los destacados, y salió del área con frecuencia ejerciendo de líbero. Pero fue Laporte quien evitó que Cancelo marcase a la media hora y la fortuna intervino para que un estético taconazo de Ferran no se convirtiese en el gol de la jornada al filo del descanso.

¿Has estado en San Mamés viendo el Athletic-Barcelona? Búscate en nuestra galeríaOskar González

36

Te puede interesar:

Resultó ilusionante ver la actitud del equipo a vuelta del intermedio. Pedri trató de meter otra marcha al lánguido fútbol de los suyos, pero enfrente no estaban por la labor de transigir. Así que tras una rosca de Rashford y un cabezazo de Cubarsí, vinieron las ocasiones de Sancet, dos, ambas con poco veneno. En mitad del toma y daca, fue cuando Pedri oteó el horizonte y sirvió a Lamine, libre de marca, para que este aportase algo de fundamento. Vaya que sí lo hizo.

La batalla prosiguió, con el Barcelona más preocupado de aguantar que de crear, más cerca de Joan García que de Simón. Y al Athletic no le llegó el combustible para percutir con una pizca de tino. Lo intentó, empujó, pero sin la claridad precisa. Navarro tuvo el último remate en el añadido, muy desviado, pero la prueba de que el Athletic no se rindió.