A la afición del Athletic le quedará el consuelo de que el trayecto entre Bizkaia y Donostia no es excesivamente largo. Apenas una hora separa ambas capitales y ese fue uno de los recorridos que más se repitió este miércoles, pues diferentes grupos de aficionados rojiblancos organizaron autobuses entre Bilbao y la ciudad donostiarra, donde estos se fueron haciendo notar desde primera hora de la mañana y, cómo no, también en la tarde.

La parte vieja de Donostia y sus estrechas y pintorescas calles fueron el punto de encuentro de la afición del Athletic, que fue entrando en calor aprovechando la buena temperatura que acompañó durante toda la jornada.

Optimistas, como no podía ser de otra manera, los seguidores rojiblancos no quisieron perder el ánimo a pesar de que la semifinal estaba cuesta arriba después de que la Real Sociedad ganara en el partido de ida, celebrado tres semanas atrás en San Mamés. Es por ello que más de un millar de hinchas se acercaron hasta la capital gipuzcoana, pero se volvieron de ella de vacío.

No hubo el ansiado Anoetazo. Poco importó que los aficionados se acercaran al hotel de concentración del Athletic para darle su último aliento al equipo camino de Anoeta o que los 640 aficionados que vivieron el partido juntos en la zona destinada a los seguidores visitantes no cesaran en su empeño y se hicieran sentir en la práctica totalidad del encuentro.

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Solo se les apagó el ánimo cuando Mikel Oyarzabal sentenció la eliminatoria cuando marcó gol desde los once metros.

Como viene siendo costumbre, la afición fue lo más destacado de todo lo que rodeó este miércoles al Athletic. El equipo no respondió sobre el verde e Anoeta, donde estuvo en casi todo momento a merced de la Real Sociedad, y aunque la afición trató de que las cosas le fueran mejor al conjunto rojiblanco no hubo manera y todos se volvieron de vacío.