El primer asalto de las semifinales se celebra esta noche en San Mamés y el pronóstico más extendido, que hacen suyo los dos equipos, dice que no servirá para adjudicar el cartel de favorito de cara a la vuelta en Anoeta, el 4 de marzo. En realidad, ninguno quiere cargar con esa responsabilidad añadida hoy, al menos no abiertamente, aunque en su fuero interno el Athletic se aferre al peso del factor campo. Una plaza en la final y la rivalidad vecinal, como factor que todo lo iguala, son los potentes alicientes que ofrece un pulso que pilla más entonada a la Real, pero coincide asimismo con los mejores resultados en tiempo del Athletic. Las ausencias en las alineaciones asoman como otro asunto a considerar en los prolegómenos de un desenlace que se presume apretado.
Hace diez días que se vieron las caras en el mismo escenario y la cosa acabó en un empate facilitado por una errónea decisión arbitral. La Real fue superior en amplias fases, pero no supo liquidar a su anfitrión y este, como en tantas ocasiones, insistió y halló premio cerca de la conclusión. Un reparto de puntos que ni resolvió ni agravó la situación de Athletic y Real, aunque es fácil suponer que los rojiblancos se sintieron más reconfortados.
La importancia de cada gol se multiplica ahora, a pesar de que quede pendiente un segundo cruce y, por tanto, margen para reaccionar. Pase lo que pase, está garantizada una pelea de alto voltaje. Desde la óptica local, el torneo del K.O. se presenta como el resorte capaz de transformar el signo de un curso que discurre entre la decepción y la perplejidad. Todavía cabe escalar en la tabla liguera y aspirar a plaza europea, desde luego no será por escasez de jornadas, pero plantarse en una nueva final de Copa se antoja una meta más asequible porque se resuelve en un plazo mucho más breve de tiempo: basta responder en 180 minutos y eludir errores graves, claro. Y, seguramente, lograr el billete para La Cartuja contribuiría a enderezar el rumbo en el campeonato de la regularidad.
La Real no tendría inconveniente en hacer suyo este planteamiento, solo que su reacción en liga arrancó con el nuevo año. El influjo de Pellegrino Matarazzo ha desbordado cualquier previsión razonable. El americano no conoce la derrota y lleva ya ocho compromisos al timón. Dato que, por otra parte, permite afirmar que el primer revés txuriurdin se halla cada vez más próximo, aunque todavía puede retrasarse. Observación que se apoyaría en el repaso del modo en que el conjunto guipuzcoano sacó adelante sus rondas anteriores, a costa de Osasuna y Alavés y ambas en terreno ajeno. Tomando como referencia ese par de victorias es posible pensar que este año la Real está predestinada a pelear por el título. Salvó el pellejo de aquella manera en El Sadar y Mendizorrotza, Matarazzo no tuvo reparos en admitir que la fortuna sonrió a los suyos, pero estos éxitos han sido muy útiles para reforzar su jerarquía y la autoestima de la plantilla.
En el apartado de la disponibilidad de jugadores, Valverde adelantó que Yuri no llegaría y expresó sus serias dudas en torno a Vivian, con un problema muscular y afectado por un virus. La sanción de Paredes deja por tanto a Laporte como único central y a Iker Monreal, debutante en Mestalla, como mejor alternativa para convertirse en su pareja. En el resto de las líneas, apuntar que Berenguer prolonga su baja y tampoco logra el alta un Sancet con poco entrenamiento y solo quince días transcurridos desde su ingreso en la enfermería.