Un punto como mal menor. El Athletic volvió a ofrecer en el derbi ante una Real Sociedad que fue mejor un fútbol muy escaso para quedar al albur de la fortuna y de la inspiración puntual de algunas o algunas de sus referencias, un escenario que se parece más a jugar a la ruleta rusa que a lucir una gestión fiable que pueda producir un victoria que se le resiste a los leones durante las seis últimas jornadas de liga.
Lo mejor: El acierto de dos de las referencias rojiblancas que sumaron un punto celebrado
El Athletic continúa pegado a una crisis de juego y de identidad que no hacen más que erosionarle con el paso del tiempo. Anoche el conjunto rojiblanco salvó los muebles en un mal derbi con la Real Sociedad gracias a esos detalles que marcan los partidos, como fue, en primer lugar, la inspiración de Unai Simón, que gracias a sus intervenciones impidió que el conjunto txuri urdin se fuera al descanso con una renta más amplia a la que gozó con el tanto del portugués Guedes, un azote para los leones en los últimos tiempos –fue el autor del gol que dio el billete al Valencia a la final de Copa de 2022 y que también marcó en el derbi de la primera vuelta en Anoeta–, por lo que el de Murgia sostuvo las opciones de su equipo.
Cuando gran parte del público de San Mamés, y por ende la mayoría de sus masa social no presente en el estadio, ya se resignaba a una nueva derrota que podría tener consecuencias muy lesivas, emergió Guillermo Cuadra, uno de los peores colegiados de LaLiga, para salir en una especie de rescate del Athletic, al decretar como roja directa una caricia de Brais Méndez sobre Paredes, con lo que el balear, que se equivocó en otro gran número de decisiones, quiso compensar aquella otra polémica expulsión de Yeray, con penalti incluido, en el derbi de Anoeta en la campaña 2022-23. Pocos minutos después y en superioridad numérica, Iñigo Ruiz de Galarreta se sacó del sombreo una acción mágica para batir a Remiro y firmar su segundo gol en sus 113 partidos oficiales como león.
Lo peor: Las sensaciones de un fútbol ramplón y muy poco entusiasta
Las estadísticas suelen leerse como un muestrario del estado fútbolístico de un equipo. El del Athletic, ya fuera de la Champions y que el miércoles se juega en Mestalla el billete a las semifinales de la Copa, proyecta un momento muy pálido en su fútbol, que va de mal en peor con el paso de las jornadas. No gana en liga desde hace casi dos meses, cuando batió al Atlético de Madrid y desde entonces solo ha sido capaz de sumar dos puntos de 18 posibles, una inercia decadente que genera su punto de incredulidad cuando se presume en clave interna de ser un equipo hecho para repetir en Europa el próximo curso
Ernesto Valverde, que no da con la tecla idónea en las rotaciones que gestiona –varias de ellas obligadas ya sean por lesión o por sanción–, tampoco sacó rendimiento a su plan, con la presencia de inicio de Alejandro Rego como socio de Mikel Jauregizar en la medular, con Unai Gómez ubicado en la media punta y con la apuesta en la titularidad de Jesús Areso, que no acaba de dar ese salto de calidad que se pide a un futbolista que ha costado 12 millones de euros. El de Cascante, con 27 encuentros ya como rojiblanco, ha pasado de sobra el periodo de adaptación y pocas noticias hay de esa calidad que debió ofrecer en Osasuna, por lo que el navarro debe hacer autocrítica y el margen para ello se va reduciendo. Hubo, con todo, otros nombres propios que no rindieron a la altura que pedía el derbi y que explica las razones porque este Athletic sigue en liga en plena caída.