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Matarazzo protagoniza el relevo ideal en un banquillo

El técnico yanqui, con un pasado profesional discreto en Alemania como única referencia, logra una progresión radical en el juego y los resultados de la Real en un solo mes

Matarazzo protagoniza el relevo ideal en un banquilloRuben Plaza

Mañana viene a San Mamés una Real convertida en la antítesis de la Real que estuvo dando tumbos desde agosto hasta diciembre. En enero ha logrado diez puntos de doce posibles, cuando previamente solo pudo sumar diecisiete de los 51 que disputó. Números que reflejan dos realidades sin punto de comparación. La explicación para semejante cambio remite directamente a la estilizada figura de Pellegrino Matarazzo, Rino para los amigos que, pese al escaso tiempo transcurrido desde que apareciese por Zubieta, ya son legión en Gipuzkoa. Este tipo de guiños o tratamientos cariñosos son una parte más y no intrascendente del fútbol tal como se vive en la actualidad.

Bueno, la cuestión que interesa desde la óptica del Athletic gira en torno a la habilidad de este norteamericano de 48 años, natural de Nueva Jersey y con evidentes ancestros italianos, para llegar a Donostia en mitad de los ensayos de la tamborrada y besar el santo. No hay exageración al afirmar que el fichaje de Matarazzo representa el ideal al que cualquier club aspira cuando procede a un relevo en su banquillo a mitad de temporada. Hasta la fecha este reconocimiento resulta irrebatible.

Quienes dirigen la Real no aguantaron más la presión de unos resultados ciertamente flojos. La elección de Sergio Francisco, un hombre de la casa, exjugador modesto y curtido como técnico en las categorías inferiores, para tapar el hueco dejado por Imanol Alguacil, que poseía un perfil similar, no cuajó. Ante la ausencia de resultados, Jokin Aperribay se armó de paciencia o quizás no estuvo en condiciones de escenificar la destitución de Francisco porque no tenía amarrado al sustituto. De hecho, durante la presentación de Matarazzo trascendió que la Real estableció el primer contacto con él en octubre.

El camino de la Real se torció muy pronto: con dos puntos en cinco jornadas y el primer triunfo en la sexta, se palpaba la incomodidad. Ni siquiera ganar (3-2 gracias a un gol en el añadido) el derbi en Anoeta el 1 de noviembre trajo la tranquilidad. La tendencia negativa no varió en las siguientes semanas. Con 16 puntos a mediados de diciembre, Francisco fue destituido. Tomó las riendas Jon Ansotegi, responsable del filial, exclusivamente en el siguiente compromiso, saldado con empate en el campo del Levante. 24 horas después tuvo lugar la presentación de Matarazzo.

Pellegrino Matarazzo vivirá su primer derbi.

Coincidiendo con el parón navideño de la competición, la plantilla gozó de una semana entera de vacaciones. Detalle llamativo en medio de la crisis y a la vista del calendario inmediato. El nuevo jefe, que se había comprometido hasta 2027, se estrenó en Zubieta el 29 de diciembre. Al de una semana debutaba en el estadio del Atlético de Madrid con empate a uno. Bien. En su segundo examen, en el Coliseum, se anotaba la victoria con un gol en el 94. Luego, turno copero frente a Osasuna: rezagada 0-2, la Real forzaba la igualada y accedía a los cuartos de final al imponerse en la tanda de penaltis.

“Sé lo que hacer”

En la visita del Barcelona a Anoeta se comprobó que, al margen de novedades tácticas y de hombres o de su capacidad de sugestión, Matarazzo contaba con la bendición del santo. Hasta cinco remates fueron repelidos por la madera de la portería de Remiro, la estrella de la noche. Lo que sin exagerar pudo ser un 1-4 acabó en 2-1. La serie que le ha valido el galardón de mejor entrenador del mes se cerró con un 3-1 sobre el Celta, pese a estar medio partido en inferioridad. Sin duda, la Real va lanzada, parece imparable. Nada que ver aquel colectivo pusilánime y blandito que estuvo a solo dos puntos del descenso, peligro del hoy le separan seis puntos.

“El equipo no está acostumbrado a estar en esta situación, pero yo ya he estado ahí antes. Sé lo que hay que hacer”. Son palabras salidas de la boca de Matarazzo y no son mentira, ni son muy diferentes a las que habrán pronunciado tantos entrenadores contratados para reflotar una plantilla, pero en su caso son palabras refrendadas sobre la hierba.

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Ahora es imposible predecir cómo se sustanciará el proyecto revitalizador del sorprendente Rino y qué alcance tendrá en el tiempo. Por de pronto, el efecto Matarazzo es impecable, no se aprecia defecto alguno en su trabajo y, encima, este hombre hace gala de gran dominio de las situaciones, es ágil y agradable delante de los micrófonos o en sus paseos por las calles de la ciudad. Está enterado de los usos y costumbres de su nuevo destino y ya ha utilizado giros en euskera en sus comparecencias ante la prensa.

Es posible que estuviese destinado a encajar como un guante en la Real, por qué no, a veces estas cosas suceden sin una razón aparente, pero sus antecedentes profesionales en absoluto le definen como un triunfador. Como futbolista y técnico, Matarazzo hizo toda su carrera en Alemania. En la primera faceta no pasó de un nivel muy discreto y en los banquillos ejerció bastantes campañas en categorías inferiores o como ayudante, por ejemplo, del cotizado Julian Nagelsmann, actual seleccionador germano. Un ascenso a la élite con el Stuttgart y una plaza continental con el Hoffenheim son los mayores éxitos de alguien que acabó siendo despedido en ambos clubes. En Donostia están encantados con él.