Examen final para Ruiz de Galarreta
Tras un largo y accidentado periplo por seis clubes, el medio quiere reivindicarse en el club que le formó
A expensas de que el Athletic pueda pescar en el mercado un refuerzo que merezca tal consideración, posibilidad que se antoja improbable y objetivamente resulta compleja, la plantilla que Ernesto Valverde dirigirá en el segundo año de su tercera etapa en el club no presentará grandes novedades. De momento, la única incorporación es Iñigo Ruiz de Galarreta, captado del Mallorca, donde el pasado junio concluyó contrato. La atención se centra en su persona casi de manera exclusiva. A falta de caras nuevas no puede extrañar que haya sido objeto de un seguimiento especial, sobre todo en los amistosos celebrados, en un intento por descifrar cuál será el papel que le adjudicará el entrenador.
En el grupo habrá otras incorporaciones, aunque se trata de futbolistas propios que la temporada anterior estaban cedidos. Sería el caso de Imanol García de Albéniz (Eibar), Peru Nolaskoain (Eibar) y Asier Villalibre (Alavés). El primero nunca ha competido en la máxima categoría, sí lo hizo el segundo, si bien fue algo pasajero; mientras que el delantero cuenta con cierto bagaje en dicho nivel, pero no ha conseguido asentarse. Cabe asimismo que haya hueco para Beñat Prados o Unai Gómez, opción extensible a Adu Ares. Dependerá del criterio de Valverde. No hay que olvidar que el Athletic mantiene el grueso del bloque de la campaña previa, hasta 18 hombres, pues únicamente se registran las salidas de Iñigo Martínez, Oier Zarraga, Ander Capa, Mikel Balenziaga y las previstas de Unai Vencedor y Jon Morcillo.
En su primera comparecencia, el técnico se mostró partidario de dirigir un plantel compuesto por 22 ó 23 elementos. Si a los que siguen en nómina se añaden los citados Galarreta, Nolaskoain, Imanol y Villalibre, las matemáticas dicen que el cupo queda cerrado o casi. Quizá entre un jugador más que saldría del trío Adu Ares, Prados y Unai Goméz. Con este panorama es normal que la menuda figura de Ruiz de Galarreta acapare foco. Confirmado su regreso al lugar donde se formó en categorías inferiores, el eibartarra que esta misma semana cumplirá 30 años, ha sido promocionado en virtud de su madurez. De chaval era un jugador muy bonito, de corte ofensivo, dotado de un amplio repertorio técnico y visión que solía actuar como interior o enlace con la delantera.
Nunca pudo demostrar sus cualidades en el primer equipo, donde su estancia fue efímera. Coincidió con Marcelo Bielsa, quien fiel a su personalidad no ahorró elogios hacia el chaval para quien, sin embargo, no halló hueco en su pizarra. Era la campaña 2012-13 y en la siguiente marchó cedido al Mirandés, iniciando un periplo interminable y aderezado por el infortunio, concretado en tres lesiones graves que sin duda mediatizaron su progresión. Zaragoza, Leganés, Numancia, Barcelona B y Las Palmas, fueron los destinos donde Galarreta prestó sus servicios, siempre en la categoría de plata. La última etapa, la más dilatada y fructífera, pues incluyó el ascenso al máximo escalón del fútbol estatal, tuvo lugar en el Mallorca. Fue partícipe del ascenso de la entidad isleña y, pese a sufrir su tercer incidente físico de importancia, logró darse a valer.
La llamada del Athletic meses atrás supuso un premio a su perseverancia que no dudó en atender, pues jamás ha ocultado la identidad del club de sus amores. Para Galarreta, cuyo regreso se había rumoreado varias veces cuando peleaba por abrirse paso en Segunda, vestir de rojiblanco viene a significar un éxito personal que se ha demorado una década. Se dice pronto. Desde esta perspectiva, es un fichaje interesante, al fin y al cabo el Athletic necesita como el respirar activos comprometidos con su causa. Al parecer, tenía una oferta para seguir en Mallorca y prefirió volver a casa. Para el club también es ventajoso adquirir un jugador experimentado sin abonar un euro en concepto de traspaso. Luego, está su valor en el plano deportivo, que deberá reivindicar en la competición.
Tiene pinta, por lo presenciado hasta la fecha, que Valverde de entrada le reserva una plaza en su once. La misma que hace un año pretendía adjudicar a Ander Herrera y fue imposible por el estado físico de este. Lo contrario se entendería mal, al menos entre quienes insisten en ponderar que Galarreta dispone de los argumentos necesarios para convertirse en el centrocampista que aporte equilibrio en la doble función de guardar el orden posicional sin balón y agilizar la distribución, gracias a su tacto y acompañamiento de la jugada. Esta descripción de su perfil habrá de ser corroborada, pues la exigencia del fútbol que propugna el Athletic, por ritmo e intensidad, no es fácil de asimilar para quienes ejercen en la zona ancha.
